Artículo de opinión
12 feb 2021 . Actualizado a las 12:59 h.Como buen periodista populista que soy, me veo en la obligación de instaurar el 'Galleguismo ilustrado' tras lograr ganar por 0-4 ante el Logroñés.
Ventajismos y bromas aparte, David Gallego recaló en el Real Sporting de Gijón con un perfil muy bajo para la afición sportinguista, que en muchas casos no conocía su trayectoria profesional o lo hacía de manera limitada. Una vez superada la primera vuelta, así como la crisis interna del Covid, parece buen momento para señalar que el entrenador se ha ganado el crédito suficiente para, como mínimo, cumplir su contrato por 2 temporadas.
Un entrenador con confianza en su cargo debería el escenario habitual, pero no lo es en El Molinón - Enrique Castro 'Quini', donde se suceden los inquilinos del banquillo desde el 2017. Primero salió Abelardo, después Rubi, más tarde Paco Herrera, posteriormente Rubén Baraja, luego José Alberto y por último Djukic. Seis entrenadores en cuatro años, siete con la llegada del catalán en verano del 2020. Unas entradas y salidas que también han ido acompañadas de sucesivos cambios en roles como el de preparador físico, con hasta ocho nombres diferentes.
Con 40 puntos, la permanencia en la categoría de plata se antoja como virtualmente lograda, dado que el Cartegena fija la línea roja con 24 puntos en 24 jornadas, lo que arroja una proyección de 42 para junio. Los rojiblancos ya tienen el cartel de favoritos para participar en la promoción de ascenso a Primera división y en caso de que la escuadra se descabalgue de la carrera por la zona alta, habría que tener paciencia, como se tuvo con Manolo Preciado tras su primera campaña, cuando pasó de rondar la zona de ascenso hasta finales de enero a caer hasta la decimosexta plaza -bendito gol salvador de Congo con la puntera para romper una racha de 1 triunfo en 12 encuentros, celebrado como algo más que una simple victoria-.
El club le dio continuidad a un proyecto bien exprimido e inmerso en restricciones, como ocurre en la actualidad, el resto ya es historia. El Sporting solo estuvo 7 jornadas de 42 fuera de los puestos de ascenso en una temporada mágica, con una mezcla de jugadores de la casa y de fichajes bien adaptados a la entidad en su mayoría.
Dejando a un lado los números, las sensaciones son muy positivas. No se tiran partidos; se ha llevado a una plantilla casi idéntica a cotas que el año pasado resultaban impensables; se ve un equipo reconocible, más allá de los retoques de cada cita; apostó por canteranos cuando tocaba; las ruedas de prensa son aburridas, pero sin charcos que propicien salirse del camino; y cuando ha tocado jugar con los menos habituales, se les ha visto comprometidos y dando un rendimiento satisfactorio.
No todo es maravilloso, ni pretendo hacerlo creer. El técnico tiene asignaturas pendientes, como recuperar el brillo que hemos visto de Manu García en la Selección Sub21 y, por momentos, en Gijón. No obstante, ¿quién es perfecto? dejemos trabajar al profesional al mando y a sus hombres de confianza, Toni Clavero, Gordillo, Jorge Sariego, Eduardo Domínguez, Marcos García, Rober y Carlos Hernández.
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