Maxi Rodríguez: «Hay que tener paciencia con los guajes y apostar por Mareo»

David Herrero García

SPORTING 1905

Entrevista al autor del libro «Lear o el deporte rey»

18 feb 2021 . Actualizado a las 20:44 h.

Maxi Rodríguez (Mieres, 1965) es actor, guionista de cine y televisión, dramaturgo y sportinguista hasta las últimas consecuencias. Esto último le ha llevado a publicar Lear o el deporte rey, que se incluye dentro de la colección Hooligans Ilustrados: el fútbol hecho literatura (ed. Libros del K.O.). A través de numerosas anécdotas y vivencias personales describe el sentir general de los aficionados del club asturiano. Maxi lleva al Sporting siempre en su maleta, «viajas, sin saberlo, con tu campo de fútbol puesto».

¿Cómo surge el libro? 

A mí me contacta en primera instancia Carlos Marañón (hijo del histórico delantero Rafael Marañón) y me dice que me van a llamar de la editorial para hacerme el ofrecimiento. Me hizo mucha ilusión y a la vez me dio una cierta responsabilidad porque me gusta mucho la colección y me pareció un reto muy chulo.

A lo largo de los distintos capítulos reivindicas el derecho al humor. ¿Nos tomamos el fútbol demasiado en serio?

No solo el fútbol, en la sociedad ahora mismo hay un nivel muy alto de crispación y muy poco sentido de la autoironía. Cuando se habla desde el hooliganismo se pierde la capacidad de reírse de uno mismo y de relativizar a través del humor. No solo pasa en el fútbol, sino en muchos ámbitos de la cosa ciudadana.

Como hilo conductor del libro usas la dicotomía a la que te has visto abocado al vivir entre dos mundos muchas veces antagónicos: el teatro y el fútbol ¿El Óscar a la película de José Luis Garci Volver a empezar, donde el Sporting y El Molinón son claros protagonistas, no te ha servido para suavizar las críticas de tus colegas de escenario?

Esa es una referencia que no he incluido en el libro, como muchas otras. Una vez que pones el punto y final te das cuenta de que siempre te quedan cosas en el tintero. Todo lo que he seleccionado ha sido a través de mi experiencia personal. Estar haciendo teatro desde crío y jugando al fútbol al mismo tiempo era una situación que a mí me sirvió para reflexionar también de manera humorística. Yo jugaba al fútbol y hacía teatro, pero para cada uno de esos ámbitos el otro era el enemigo. Programabas una función de teatro y la gente no iba porque se quedaba en casa viendo el fútbol.

Cuando Valdano me hizo el prólogo de ¡Oé, oé oé!, que fue la primera obra teatral que se hizo sobre el fútbol, los compañeros me decían que me estaba pasando al enemigo. Yo me divertía un poco con todo aquello. Afortunadamente, con Valdano compartía esa cierta analogía que hay entre el fútbol y el teatro. Si lo miras desde un punto de vista humorístico te puedes divertir y, al mismo tiempo, puedes ver el drama que supone ser de un equipo que tiene ambición y que a veces pierde, como todos los equipos, y te ayuda a desdramatizarlo.

¿Qué significaba ser del Sporting en las Cuencas Mineras durante los años ochenta?

A nosotros nos tocó la época buena. La de Morán, Quini, Ferrero y el EuroSporting. Allí convivíamos con una cierta armonía los del Sporting y los del Oviedo. Los ochenta los recuerdo con un pique sano. Nosotros jugábamos a fútbol y nos decían que iban a venir a vernos ojeadores. Si venía uno del Oviedo ibas para el Oviedo, si venía uno del Sporting ibas para el Sporting. Al final nunca iba nadie (risas). Lo vivíamos con una deportividad bastante sana, puteándonos todo el tiempo pero sin que llegara la sangre al río.

Uno de los males de los que adolecemos los sportinguistas es «el cainismo asturiano que tan mal casa con el espíritu de club de cantera».

Es algo que veo en El Molinón siempre, se le da más caña a los de aquí que a los de fuera. ¿Cuántos años llevamos buscando un lateral derecho? Y llega Guille Rosas y se sale. Lo que hay que hacer es tener paciencia con los guajes y apostar realmente por Mareo, no solo de boquilla. Somos muy impacientes, es algo bastante general, en otras aficiones también pasa. A mí me tocó ver que se pitaba a Joaquín, se dio muchísima caña a gente de la casa. Hay que ser pacientes con la nueva remesa de guajes. A veces damos más margen de confianza a gente que viene de fuera. Cuando Torrecilla trajo a toda aquella cuadrilla se decía que tenían clase, que tenían que adaptarse.

Has llegado a sobornar a un camarero colombiano para que te dejara ver un Ponferradina -Sporting en pleno Malasaña.

Yo llevo el Sporting a donde quiera que voy y muchas veces, por vía inconsciente, doy la turra a todo el mundo, independientemente de que esté ensayando una obra teatro o de que esté en un rodaje. Sabiendo que juega el Sporting estoy pendiente de cómo quedó y si hay una posibilidad de verlo remuevo Roma con Santiago. El sportinguismo es una cosa que uno lleva dentro y no se es consciente de hasta qué punto está dándole la turra a gente que está a su lado.

¿La distancia relativiza la rivalidad entre Sporting y Oviedo?

Sí. A mí me sale un sentimiento muy asturiano. Trabajando fuera tuve que padecer que me dieran la brasa con el fútbol vasco, el fútbol catalán o el madrileño y a veces me vuelvo un poco asturzale futbolero. Soy del Sporting a muerte, pero si gana otro equipo asturiano también me presta.

En el libro mencionas a un espécimen muy concreto que no sé si entenderá fuera de Asturias. «El sporchigrista que ni siquiera es futbolero. Ni ve otros partidos, ni le interesa el fútbol. Pero cuando televisan al Sporting encuentra en la retransmisión una fuente inagotable de posibilidades para la gresca sidrera y el puteo vecinal».

Aquí hay gente que es polemista de chigre, que nunca fue al campo ni va a ir. El fútbol es su pretexto para putear a los que lo vivimos.

En las tardes de fútbol distraído levantas la vista del césped y echas mano del retrovisor. Cuando en «ese pequeño espejo colocado en alguna parte de nuestro cerebro» aparecen Quini, Ferrero, Joaquín o, más recientemente, jugadores como Luis Enrique o Juanele, ¿es complicado disfrutar con el Sporting actual?

Disfruté muchísimo con el Sporting de los guajes, me pareció un subidón que hacía años que no veíamos. Era un sentimiento de pertenencia con gente de la casa. En el libro cuento que salíamos extenuados del campo, como si hubiésemos corrido nosotros la banda, y eso fue un subidón brutal. También hay que decir que cuando pongo el retrovisor no me acuerdo solo de los futbolistas que había en aquella época, sino de la gente querida que estaba conmigo. Para mí hay una conexión con mi tío, que me llevaba al campo. Recuerdo llamar a mi madre desde Madrid para preguntarle cómo habíamos quedado. El retrovisor también funciona como una conexión sentimental.

¿Crees que el VAR desvirtúa el fútbol, despojándolo de espontaneidad?

Como director de escena, cuando estás viendo un espectáculo es muy importante el ritmo. Me acuerdo de un partido en El Molinón que se paró casi doce minutos esperando a ver qué decía el VAR. Te saca del partido y tampoco está tan claro que se equivoquen menos.

Prefieres el teatro pobre a los directores deportivos que sobreactúan.

Sí, es una referencia al show que se montó Torrecilla y que me pareció un insulto como sportinguista. Que venga un tipo de fuera a explicar lo que es el sportinguismo a los que llevamos aquí toda la vida… Estás teatralizando eso, sobreactuándolo, besando el escudo y la camiseta como quien besa el logotipo de la empresa. Entiendo que es tu curro, pero no pongas música de ambiente ni te montes un show para explicarnos lo que es ser sportinguista y sentir los colores. En ese capítulo digo que hago la crítica como director de escena y a partir de ahí lo echaría, no solo por regular director deportivo, sino por mal actor.

¿Con qué figura histórica y con qué figura actual del Sporting te identificas más?

Está claro que tiene que ser Quini, no solo por sus goles y los momentos futbolísticos que nos regaló, sino por su bonhomía. Tampoco puedo dejar de resaltar a Preciado, porque me pareció que fue una luz que irrumpió en una época baja del Sporting y que con su carisma y valores humanos nos volvió a enchufar. En la actualidad me quedo con los guajes que están ahí. A todos los críos que están hay que apoyarlos. Guille, Pedro, Gragera, Manu… son la ilusión y esperemos que no se pierdan.

Lugar de El Molinón del que mejor recuerdo guardas.

Soy un poco supersticioso y siempre que vamos a El Molinón, mi compañero de asiento y yo seguimos el mismo ritual. Sobre todo si va bien; si perdemos hay que cambiar, comprar las pipas en otro puesto y tomar la birra en otro lado.

El gol que más has celebrado.

El gol del Lugo.

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