Artículo de opinión
16 mar 2021 . Actualizado a las 16:26 h.Un año desde que se decretó el primer estado de alarma. Un año desde el comienzo del confinamiento domiciliario. Un año desde que el virus cambiara por completo nuestras vidas. Un año después, me levanto de la cama, pongo el café a hervir y mientras se hace observo la calle a través de la ventana. Un año después, veo a una señora paseando al perro y, por un instante, breve pero más que suficiente para darme cuenta de que no tengo remedio, me sorprende que lleve mascarilla.
Es curiosa nuestra resistencia a asumir como estándar lo que nos empeñamos en vivir como extraordinario. Durante las primeras semanas de confinamiento nos lanzamos a consumir todo tipo de productos audiovisuales que tuvieran que ver con virus, zombis, invasiones alienígenas, etc. Sin embargo, un año después todavía evitamos filmar películas o series en las que los protagonistas lleven mascarilla.
En el fútbol, como no podía ser de otro modo, ocurre más de lo mismo. Los operadores de televisión siguen empeñados en pintar las gradas de una forma dantesca, al tiempo que resuenan cánticos pregrabados que tratan de emular el empuje de la hinchada local. Quizá la máxima expresión de nuestra ingenuidad sea el Athletic - Real Sociedad de final de Copa que ambos conjuntos decidieron posponer la pasada temporada, renunciando el Athletic a una posible clasificación para la Europa League, con la intención de disputar el partido cuando el público pudiese volver a los estadios.
Casi un año después, la final se va a jugar en Sevilla con las gradas vacías, o pintadas con la última tecnología, y los aficionados de ambos equipos escuchando a través del televisor los cánticos pregrabados que les recordarán por qué siguen siendo tan necesarios.
Derrotar al líder
De mi estancia en Mallorca hace ya unos cuantos veranos recuerdo las recenas a altas horas de la madrugada, la piscina del hotel donde podías flotar tranquilamente entre vasos de cerveza y cócteles varios y una pequeña barca a pedales que casi nos cuesta un naufragio. Aquellos días lejos de la familia, derrochábamos la libertad del momento en bebidas exóticas, caras quemadas por el sol y flirteos que rara vez llegaban a buen puerto; pero ya en aquel momento intuíamos que la libertad no era solo eso, que tenía que haber algo más. Eso mismo debió de pensar la plantilla del Mallorca cuando, tras una gran primera mitad de los hombres de Gallego, se hicieron con la pelota y convirtieron los segundos cuarenta y cinco minutos del encuentro en un dominio estéril de balón que apenas inquietó a Diego Mariño.
La defensa rojiblanca y un incansable Javi Fuego secaron a los atacantes bermellones. Djuka, ayudado durante buena parte del choque por un habilidoso Campuzano, hizo de Djuka, el de esta temporada, y no perdonó los dos fallos cometidos por el Mallorca: primero un penalti torpe sobre Javi Fuego y después un mal despeje que el ahora montenegrino aprovechó a las mil maravillas.
El Sporting derrotó al líder y sigue imbatido en El Molinón. Luís García dijo en rueda de prensa que el partido se había decidido por los detalles. Cuando volvimos de Mallorca y el resto de amigos nos preguntaron qué tal había ido el viaje, también respondimos lo mismo: «las noches se habían decidido por detalles».
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