Pizarra: Las 4 claves de la derrota del Sporting

Artículo de opinión

Mariño
Mariño

Terminó la imbatibilidad en el templo gijonés. El Sporting no pudo superar a un Mirandés que llegaba mermado por los casos Covid detectados en el cuadro burgalés, un partido gris de los de David Gallego que se saldó con el peor desenlace posible en el marcador. Analizamos algunas de las claves de la primera derrota rojiblanca en El Molinón:

Dificultades en salida de balón

Alineaba un centro del campo diferente David Gallego ante los problemas físicos de su plantilla para dicha zona. Salvador formaba pareja con Javi Fuego, provocando un cambio de roles respecto al reparto habitual en el eje. El zamorano era quien bajaba a la altura de los centrales para generar superioridad numérica ante la presión rival en los primeros pases, mientras el poleso, habitual en esa función antes descrita, esperaba unos metros más arriba, detrás de los jugadores de vanguardia rivales. Este cambio de roles no pareció sentar bien al juego del equipo, con Fuego prácticamente desactivado, incapaz de dibujar líneas de pase claras para poder avanzar verticalmente con el balón. Sin esa salida aseada, el Sporting comenzó a acumular posesiones lentas y demasiado horizontales en zonas donde no podían incomodar al Mirandés. Solo a través de los laterales o con envíos directos, los de Gallego podían acercarse a dominar el balón en campo contrario.

Arreones efímeros desde la presión

Si la versión con balón no fue tan fluida y positiva como en otras citas, lo cierto es que las mejores ocasiones de los locales llegaron más tras un ejercicio defensivo, como una recuperación en campo contrario tras presionar la salida rival, que tras construcciones elaboradas desde la zona de dominio de Mariño. El problema es que esta citada discontinuidad en el juego desde el balón también se reprodujo con la presión. Tan solo en los minutos iniciales de ambas partes el Sporting logró poner en apuros a un Mirandés que trataría de salir asociándose con el esférico controlado. Recuperando el balón arriba y ahorrándose la tarea de llevar la iniciativa pudimos ver su versión más productiva en ataque, gozando de espacios y encontrando a Djuka cerca del área. El problema es que esto apenas lo logramos ver.

Imprecisiones en pases clave

No estaba siendo un escenario positivo en salida de balón, pero tampoco lo fue en pasos posteriores, en construcción de juego. Aun cuando el Sporting lograba encontrar a sus jugadores interiores (Fuego, Manu y en ocasiones Nacho), las imprecisiones se sucedieron en mayor medida de lo habitual. Se vio un equipo precipitado, buscando contrarrestar esas posesiones infructíferas con pases verticales que permitieran superar líneas con la clara intención de sumar velocidad y ritmo al juego, algo que evidentemente lleva aparejado mayor probabilidad de error. Vísteme despacio que tengo prisa, que se suele decir. Este tipo de combinaciones solían tener un desenlace común: la pérdida. A la presión intensa del rival cuando el balón llegaba a estos jugadores se le debe sumar un nivel de imprecisión no tan habitual. Con este caldo de cultivo, resulta difícil resaltar al equipo en sentido ofensivo esta tarde.

Errores y falta de contundencia

Si ver al equipo tan impreciso con balón no es algo habitual, más extraño resulta contabilizar errores defensivos. No fue un mal partido en ese sentido, con el equipo organizado como acostumbra, pero esos famosos “detalles”, esa toma de decisión en momentos puntuales pero igualmente calve, terminó marcando de forma clara el resultado final. La falta de contundencia en la acción del primer gol o el error en el despeje por la falta de comunicación entre portero y central del segundo son errores propios del juego, como dice Gallego, pero estos han costado tres puntos en esta ocasión. No son situaciones a entrenar, sino a decidir con mayor determinación en un pequeño gesto, en una acción aislada o en una jugada que se desarrolla a toda velocidad. Esta vez salió cruz, y el buen papel de jugadores como Cristo, Iván Martín o Moha, todos ellos muy participativos (también en el caso del marroquí a pesar de entrar como revulsivo), se saldó con el mejor premio posible para los intereses visitantes.

Los cambios

Gaspar por Aitor. Desdibujado el onubense en el partido, Gaspar tuvo la opción de dar continuidad a alguna jugada por banda combinando con Pablo y buscando asociación por dentro. Dio sensaciones de mejorar el rendimiento del costado izquierdo, aunque sin grandes situaciones para destacar en la dinámica general del equipo en el partido.

Pedro Díaz por Salvador. Quizás la baja que más se notó para el papel del equipo con balón. Aportó cierto control, pero no pudo cambiar la dinámica de precipitación en las posesiones rojiblancas. Adoptó el rol de Fuego y el equipo lo pudo notar, pero no fue suficiente.

Cumic, Saúl y Carmona por Nacho, Manu y Pablo García. Sustituciones para los últimos diez minutos de encuentro que apenas tuvieron oportunidad de aparecer de manera destacada.

Nota a David Gallego y el resto del cuerpo técnico:

Suspenso. No fue un buen partido con balón, por momentos espeso pero especialmente impreciso, no tanto por actuaciones individuales a destacar a mal sino por un rendimiento colectivo. En la presión tampoco se ofrecieron grandes prestaciones más allá de escasos minutos aislados, algo que ganaba en importancia ante un rival que quería la pelota. Partido gris, que no desastroso, pero que bien podría haber acabado con otro signo evitando los errores individuales en los momentos clave. No se vio la habitual cara competitiva de un equipo superado en el encuentro, algo que venía siendo su seña de identidad, pero que igualmente no debe dar pie al alarmismo. Llega una recta final en la que cada punto cuenta, y esta derrota debe servir más como piedra de toque que como una fecha marcada en rojo en el calendario.

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