Artículo de opinión
13 oct 2022 . Actualizado a las 15:26 h.Por diferentes condicionantes claves, el Granada es un claro candidato a pelear con todas las posibilidades del mundo por el ascenso a Primera División. Dicho estatus no quita que, dentro de un mundo donde te llames como te llames se exige un rendimiento inmediato, el club nazarí esté inmerso en pleno proceso de adaptación a la categoría y de acoplamiento por parte de los muy numerosos cambios acaecidos en el proyecto.
Una profunda remodelación llevada a cabo en la plantilla y en las oficinas, con la llegada de dos ex ejecutivos rojiblancos como García Amado y Nico Rodríguez a la dirección general y dirección deportiva respectivamente. Quien continúa con respecto al final de la pasada temporada es el entrenador vitoriano Aitor Karanka, que mantiene al equipo andaluz en la novena posición con 14 puntos y que como locales suman tres victorias y un empate sin goles.
Podemos decir que el Granada se maneja de inicio en un 1-4-3-3 con un doble pivote con suma mentalidad defensiva que escolta a un Melendo, diferencial en la categoría y por quien gravita la construcción ofensiva nazarí, que parte desde una superior altura del campo. Los de Aitor Karanka combinan en la salida de balón el juego asociativo desde atrás con el juego largo hacia la disputa aérea directa en terreno contrario. En el segundo de los casos, el punta Jorge Molina, ganador en dichas situaciones y en la protección de la posesión de espaldas a portería rival, va al duelo en el perfil izquierdo del ataque y el colectivo se agrupa en un 1-3-3-1-3 con las líneas muy cercanas al delantero alicantino.
En caso de salir en corto desde el portero, el objetivo del Granada es el de avanzar por dentro para poder extraer más liberados y profundos por fuera. Para ello, inicialmente se colocan en un 1-3-4-3 con uno de los mediocentros incrustándose entre los centrales, y los laterales sin ganar demasiada altura. A partir de ahí el enlace de conexión casi siempre va a recaer en la figura de Melendo, que se mueve por distintas zonas en función de las necesidades. El ex del Espanyol puede mantenerse fuera del campo de visión de los mediocentros rivales en esos espacios entre líneas y entre zonas, aparecer de cara en apoyo cercano a la primera línea de tres e incluso caer a banda derecha para recibir liberado en la amplitud. En esta última disyuntiva, el lateral derecho Ricard se une a los centrales en la salida de balón y el extremo Puertas gana metros buscando fijar al lateral zurdo rival.
El Granada suele volcar sus ataques hacia el costado derecho con las interrelaciones cercanas que se forman entre Melendo, Ricard y un Puertas, con piernas para atacar la profundidad por carriles intermedios, que interioriza su posición para dejar mucho vuelo a un lateral catalán con gran capacidad en el regate. Rápidamente buscan situación de centro para un Molina experimentado en la ocupación de zonas de remate. Y si Puertas es quien aparece y estira por dentro para no dificultar la puesta en escena del talento de sus compañeros más próximos, por la banda izquierda es el lateral Quini, que actúa a pierna cambiada, el que rompe por caminos interiores en diagonal para generar tiempo y espacio al desequilibrante José Callejón. Por calidad de sus futbolistas ofensivos deberían llevar más goles a favor en su cuenta, pero realmente les está costando encontrar fluidez, ser precisos en estos penúltimos y últimos pases, y quizás alternar más de pasillos y no centrar tanto el juego en una única zona.
Se complique o no la progresión de la posesión, los centrales y pivotes son asiduos a mirar lejos en busca de los espacios profundos y de que el rival dé un paso atrás en su presión. Tras varios pases cortos y de seguridad en primera línea, el poseedor del balón explora la posibilidad de conectar con la espalda de la línea defensiva contraria o realizar un cambio de orientación hacia el compañero más abierto y alejado en el lado contrario. Dentro de esa persecución de cierta imprevisibilidad en el juego, Jorge Molina baja en apoyo para generar una situación de tercer hombre por dentro o espacios a sus espaldas que son atacados por las diagonales interiores de Callejón y Puertas entre lateral y central cercano rival.
Cambiando a la esfera defensiva, el Real Sporting de Gijón se va a encontrar este jueves con el equipo de la categoría que más alto sitúa su bloque y uno de los conjuntos que más recuperaciones acumula en campo contrario. El Granada se expone con una línea defensiva adelantada que deja 40-50 metros a sus espaldas. Asumen dicho riesgo con el objetivo de, poseyendo o no la pelota, tener controlado el partido y que el mismo transcurra el máximo tiempo posible en terreno rival. Una defensa presionante que se estructura desde un 1-4-4-2 en el que Melendo se coloca a la altura de Jorge Molina encimando al poseedor del balón, extremos en intermedias y Bodiger con un marcaje individualizado sobre el mediocentro que desciende.
Los de Aitor Karanka tienen interiorizado el pensamiento de provocar el error en el rival y recuperar la pelota lo más rápido posible. Ya en fase ofensiva el Granada va juntando jugadores cerca de la jugada y por dentro con Petrovic, Bodiger, Melendo, Puertas y Quini, para realizar esa presión inmediata sobre el balón. Los centrales y mediocentros cambian de rol instintivamente pasando de ocupar espacios equilibrados a activarse con muchas veces tomando la decisión de defender hacia adelante y no tanto de temporizar. Roban y ‘molestan’ bastante en campo contrario, pero cuando los pivotes se ven superados el contrincante suele finalizar sus transiciones en ocasión clara a su favor. Igualmente, en transición ofensiva los nazarís suelen llevar a cabo un contraataque rápido o un ataque organizado, pero desde esa misma altura en la que retomaron la posesión.
En el balón parado defensivo habitúan a meter a todos sus hombres en el área con un marcaje colectivo combinado, dejando a dos jugadores ocupados de cada palo y a otros dos en zonas centrales del punto de penalti. Mientras que en las jugadas de estrategia ofensiva intentan jugar en corto para propiciar un centro que se vaya cerrando desde la altura del pico del área, manteniendo inicialmente a cinco futbolistas en el área rival estructurados en una especie de 2-2-1 desde el balón hasta el palo largo. Por último, hay que destacar que, pese a las bajas, Karanka cuenta en el banquillo con diversos recursos como el desequilibrio en situaciones de 1vs1 a pierna natural de Bryan (diestro), la capacidad goleadora de un Uzuni que se introduce en el área partiendo desde banda izquierda y que ya suma 6 goles en la temporada, la excelsa calidad técnica de la zurda de Rochina y la organización con balón de Víctor Meseguer.