Texto de análisis
03 abr 2023 . Actualizado a las 19:01 h.Victoria trabajada, sufrida y salvadora la que consiguió en la tarde de ayer el Real Sporting de Gijón ante uno de los equipos más fuertes del campeonato de Segunda División como es el Granada. El conjunto nazarí apretó en una segunda parte que requirió de un gran ejercicio defensivo de los locales, sustentados por el apoyo de un Molinón que ofreció su mejor versión. Un rendimiento que los de Miguel Ángel Ramírez también exponenciaron en la primera media hora de encuentro y que fue motivo suficiente para dar una ventaja que no perderían al término del choque. Analizamos a partir de 4 claves destacadas el triunfo de los rojiblancos:
Plan perfecto desde la presión
Ramírez diseñó una presión con la clara intención de evitar el juego interior de los de Paco López. Varane siempre era quien cerraba por delante de la línea defensiva, mientras que bien Pedro Díaz o Jordan Carrillo saltaban sobre la recepción del lateral nazarí cuando los andaluces trataban de salir por su lado al no tener opciones dentro. A partir de entonces el equipo ajustaba, el francés basculaba hacia esa zona y el otro interior se ponía a su altura para formar un doble pivote. Esta era la única vía posible en corto para los de Paco López, ya que tanto Otero como Jeraldino, ambos unos metros por delante, formaban una última línea de 2 hombres que evitaba el pase sobre Bodiger, el pivote rival. Ambos solían dejar que los centrales tuvieran el balón, asumiendo que no había riesgo alguno mientras el resto de líneas de pase interiores estuvieran selladas. Si el Granada lo intentaba por dentro tenía las de perder, mientras que si iba hacia fuera, como quería Ramírez, el equipo ajustaba y comenzaba esa presión hacia adelante, ya sí activando a Otero y Jeraldino achicando los espacios para robar o forzar el error. Así el Sporting recuperó varios balones en campo contrario al inicio del duelo y taponó la salida rival.
Peligrosos en transición
A pesar de desarrollarse dos contextos de partido bien diferenciados, tras una primera parte -sobre todo la primera media hora- de mayor presencia ofensiva de los rojiblancos y un segundo tiempo marcado por el esfuerzo defensivo, el Sporting mantuvo una misma fuente de peligro a lo largo de todo el encuentro: la verticalidad de sus transiciones ofensivas. Diferentes fórmulas de ejecución, eso sí; en un inicio marcado por las conducciones de Pedro y, sobre todo, Jordan Carrillo, junto a los desmarques de ruptura de Juan Otero para aprovechar su velocidad punta. Más adelante, a partir de envíos más profundos, siendo verticales desde el pase y no tanto de la conducción, gastando cada gota de la gasolina del colombiano o ya en el segundo tiempo a través de las incorporaciones de Pol Valentín y Aitor García por los costados. Cada uno de los actores interpretó a la perfección su papel, lo cual permitió que estos contragolpes fueran la principal vía de ataque de los locales. Sólo le faltó, eso sí, una pizca de acierto en su definición.
Intensidad tras pérdida y al corte
Otra de las cuestiones que sirvió para explicar el buen inicio del Sporting estuvo en su presión tras pérdida. Una vez la posesión de balón rojiblanca se asentaba en campo rival, los asturianos hicieron gala de solidaridad e intensidad para presionar sobre el jugador del Granada que recuperaba el cuero, estando muy activos en unas acciones que otrora representó una de las mayores virtudes de este equipo. Una actitud e intensidad que se trasladó también al resto de situaciones sin el balón. El Sporting igualó en esto al Granada, algo que forma parte de esa 'cara B' del fútbol, lo cual le permitió resistir en ese largo tramo del segundo tiempo en el que los de Paco López comprometieron en mayor medida los dominios de Iván Cuéllar. Algo necesario para recuperar esa competitividad perdida.
Ajuste para un nuevo contexto
La segunda parte del partido recogió el guante de la primera y dio continuidad a una versión más ofensiva del Granada y, por ende, más defensiva del Sporting, que quería proteger su renta. Ante ese cambio de contexto, Miguel Ángel Ramírez no tardó en ajustar sus piezas. Sin esa importancia de la presión antes citada, con el juego desarrollándose en menos metros y en la mitad de campo rojiblanca, los asturianos pasaron a ordenarse en un definido 1-5-4-1 que les permitió estar más juntos, ofreciendo menos espacios entre líneas, algo muy importante ante la necesidad ahora de defender más desmarques de ruptura y movimientos de los delanteros andaluces que en el contexto anterior. Esto le dio más firmeza a la zaga sportinguista, que contuvo a la ofensiva nazarí desde los primeros minutos del segundo acto. Sí, tuvieron ocasiones claras para cambiar el signo del marcador, pero sigue siendo destacable el trabajo defensivo del Sporting en el área de Cuéllar.
Los cambios
Pol por Guille. Cambio obligado al descanso por las molestias del ayer carrilero diestro. Pol aportó más piernas en ataque en un contexto que le benefició y al que supo sacar provecho con su potencia y velocidad. Dio más opciones en ofensiva manteniendo el buen trabajo atrás que había realizado Rosas.
Aitor y Campuzano por Jordan y Jeraldino. Se pronunció más ese cambio de sistema y se buscó la verticalidad de Aitor al espacio en lugar de la de Jordan al pie, que ya había tenido más dificultades con el paso de los minutos. Campuzano también aportó más energía al reemplazar a un agotado Jeraldino, manteniendo un rol muy similar al del chileno en ese momento y sirviendo de apoyo en los contragolpes.
Rivera por Varane. Hombre por hombre, también para sumar piernas renovadas en la medular. Un cambio necesario en tiempo y forma con ovación incluida para el francés.
Cristo por Otero. Fundido el colombiano, Cristo entró para sumar en ataque, estuvo listo en algunas acciones que demandaban de picardía, pero no estuvo acertado con la ocasión más clara del choque para sentenciar el partido.
Nota a Miguel Ángel Ramírez y el cuerpo técnico:
Notable. Planteamiento de partido prácticamente intachable, con un inicio muy potente de los rojiblancos y una presión diseñada desde la pizarra que impidió el avance del Granada con balón, incapaz de construir sus ataques. Superada la media hora, y especialmente en el segundo tiempo, al Sporting le faltaron fuerzas para mantener el bloque arriba y una vez perdió esos metros decidió reajustar, cambió de sistema a uno más propicio y realizó un importante esfuerzo defensivo en su área. No logró impedir que los andaluces sumaran suficientes ocasiones claras como para cambiar el signo del encuentro, marcado por la ineficacia rival. Una solidez en los últimos metros a la que le faltó un punto extra para redondear la actuación de los rojiblancos. Todo pasaba por recuperar el gen competitivo en un escenario donde lo primordial era sumar. Este Sporting lo ha conseguido, y El Molinón así se lo agradeció.