«Las 4 claves de la mala imagen del Sporting y del insuficiente a Ramírez»

Dani Souto

SPORTING 1905

Ramírez y Pablo García
Ramírez y Pablo García LaLiga

Texto de análisis

12 ago 2023 . Actualizado a las 14:28 h.

Las costumbres no se pierden. Anoche el Real Sporting de Gijón dio inicio a una nueva temporada y hoy estrenamos de nuevo el análisis de los encuentros rojiblancos a partir de 4 claves destacadas. Un inicio amargo, pues los de Miguel Ángel Ramírez cayeron de forma merecida ante el Real Valladolid en un encuentro del que apenas cabe sacar conclusiones positivas.

Superados desde la presión alta

La primera cuestión que comenzó a desequilibrar la balanza en favor de los locales fue meramente táctica. El Valladolid comenzó pronto a modificar su disposición con balón sobre el verde y formó con una línea de 3 atrás que generó superioridad en los primeros metros con la presencia de su lateral diestro ofreciendo opciones fuera y así fijando a Gaspar, y sumando un efectivo más por dentro con la incorporación de su lateral zurdo, Escudero. Esto generó un desajuste en la presión rojiblanca evidente, que de inicio acudía sobre los centrales con dos hombres, Djuka y Nacho Méndez, también pendiente del pivote rival.

Un aspecto sumado a cómo por disponer de una marca en un caso y por no atreverse a salir de su zona en otro, los dos pivotes del Sporting vivían muy alejados de su primera línea de presión, aculados sobre la línea defensiva. Esto facilitó que el Valladolid lograra encontrar espacios por dentro y girar el juego, buscando especialmente balones diagonales hacia el sector diestro de su ataque, el defendido por Pablo García.

Vulnerabilidad a espalda de los laterales y equipo demasiado hundido

Esos balones a la espalda de los laterales, especialmente por el costado defendido por Pablo García, fueron una constante. El Valladolid encontró por esa vía una facilidad para generar situaciones de uno contra uno en el último tercio. Se plantaban rápido, fácil y bien cerca del área de Yáñez en disposición para encarar a una defensa también mermada ante la falta de ayudas. Las incorporaciones del lateral por ese lado, además de las llegadas del homónimo del costado opuesto entrando por dentro hicieron el resto.

Empujaron a un Sporting que en fase defensiva, cuando tocaba replegar cerca de su área, ya se hundía -en exceso- con suma facilidad. Lo cual allanó todavía más el terreno para que los locales generaran peligro y vieran puerta. Dos concesiones, en una evidente muestra de endeblez defensiva colectiva e individual, hicieron el resto para poner una ventaja en el marcador imposible de remontar ni en mil vidas.

Imprecisiones y un deplorable nivel técnico

Analizando únicamente aquellos conatos de ataques elaborados desde la combinación en primera línea, que no fueron muchos, hubo un denominador común en todos ellos que fue insalvable: la gran cantidad de imprecisiones tanto en la entrega como en los controles. La única manera en la que el Sporting parecía capaz de atisbar algo en campo rival era a través del juego combinativo, pues los intentos de jugar directo a todas luces no funcionaron. Ya fuera con pases cortos en un inicio para buscar un envío intermedio, algo que se vio trabajado al menos en el primer tramo del encuentro, o con mera circulación de balón, el error terminaba llegando. Pases por dentro errados, controles que se iban largos, dejadas de cara imprecisas... El paupérrimo nivel técnico individual de los que anoche vestían de azul marino impidieron toda continuidad en el juego. Así es imposible. Sólo había que echar un ojo a la precisión y fluidez en las entregas de los que tenían enfrente. La diferencia fue apabullante.

Desequilibrio desde una individualidad sin remate

Más allá de un gol de Djuka anulado por el incomprensible remate del balcánico con las manos en lugar de utilizar la cabeza, allá por el minuto 5 partido, el Sporting no consiguió acercarse al área de Masip hasta que Haissem Hassan entró en el terreno de juego. El franco-egipcio hizo gala de su desborde y capacidad de regate para percutir una y otra vez y encerrar a un Valladolid que igualmente ya estaba cómodo con su renta de dos goles cuando Hassan comezó a despuntar. Generó todo el desequilibrio y dio toda la profundidad que al Sporting le había faltado en todo el primer tiempo. La clave de todo esto es que fue un acto de pura individualidad, no se generó a raíz de un contexto colectivo que le propiciara las herramientas para lucirse. Algo que, para colmo, el equipo tampoco supo aprovechar. A Hassan le podrá faltar ese último toque, como ya se comentó a su llegada, pero más allá de ello, si lo que hay alrededor no acompaña para finalizar lo que genera, él tampoco puede hacer más.

Los cambios

Hassan por Rivera. Su entrada le dio un dinamismo y un desequilibrio que el Sporting venía necesitando como el comer. Ramírez modificó levemente el dibujo formando una doble punta al adelantar a Otero, retrasando a Nacho Méndez al doble pivote. Rivera no estuvo especialmente acertado, como tampoco destacó en su desempeño defensivo. Un cambio a mejor, pero por mera incidencia individual.

Cote y Esteban Lozano por Gaspar y Djuka. Ni los sustituidos conseguían entrar lo suficiente en juego, ni los suplentes lograron cambiar la situación. Lozano apenas logró participar en el cuarto de hora del que dispuso y Cote, al que sí se le vio más, estuvo impreciso en alguno de los centros que tuvo y se le notó el no jugar en su posición natural al no aparecer en zonas de remate en jugadas construidas por el otro costado. Su papel como extremo no fue para recordar, aunque eso no es culpa suya.

Álex Lozano por Pablo García. Cambio testimonial para ocupar la banda con un extremo en su puesto natural retrasando a Cote al lateral. Sin tiempo para prácticamente nada, lo más destacable es el debut de un nuevo chaval con el primer equipo. Aún en edad juvenil.

Nota a Miguel Ángel Ramírez y al resto del cuerpo técnico

Insuficiente. Sí, hubo notas individuales como varios errores defensivos, pérdidas de balón o acciones a nivel técnico que fueron fatales para el Sporting anoche, pero en el funcionamiento colectivo la cosa tampoco fue mejor. Al equipo se le vieron las costuras defensivas, algo que el rival supo aprovechar. Tácticamente también estuvo superado desde la propuesta de salida desde atrás adversaria, sin encontrar una solución durante el encuentro. Y lo peor de todo es que al Sporting no se le reconoció un plan definido y consistente, derrumbado al primer bofetón de realidad que recibió.

Los fantasmas de la pretemporada se han terminado trasladando al primer partido oficial, y ahora se vienen 9 días muy largos para tratar de alejarlos y que no se repita algo semejante en el estreno en casa frente al Mirandés. Todo por hacer.