Texto de análisis
23 oct 2023 . Actualizado a las 21:39 h.Victoria del Real Sporting de Gijón en su visita al Carlos Belmonte cimentada desde la efectividad en las dos áreas, algo que rara vez podemos destacar en favor de los rojiblancos. Los de Miguel Ángel Ramírez estuvieron especialmente acertados en la finalización, sacando el máximo rédito posible a sus llegadas, y fue sólido cerca de su portería en un encuentro en el que tuvo que saber sufrir para mantener su renta.
Un trabajo defensivo al que sumar las intervenciones de su guardameta, Rubén Yáñez, que también cuentan en ese buen hacer. Una victoria de trabajo y no de gran brillo -más allá de los golazos- pero que tiene el mismo valor. Analizamos en base a 4 claves destacadas el triunfo de los asturianos.
Más luces que sombras en la defensa del área
No fue el plan de inicio, pero sí al que se recurrió durante más tiempo. El Sporting mostró esta vez una versión predominantemente defensiva con un bloque cada vez más replegado según pasaban los minutos. Varios factores explicaron esto; desde el empuje del rival, que empezó el partido revolucionado, hasta el propio resultado favorable, que invitaba al Albacete a arriesgar más y al Sporting a ser cauto y proteger su renta.
Los de Ramírez mostraron una cara mejorada en defensa respecto a días anteriores, minimizando sus errores y concediendo situaciones lo menos claras posibles, lo cual muestra el trabajo colectivo en este sentido. Sin embargo, también hubo algún que otro aspecto a pulir, como despejes que se quedaron cortos o la defensa de las incorporaciones desde segunda línea (pase atrás) una vez el rival ganaba línea de fondo al atacar los espacios a la espalda de los laterales -especialmente por izquierda, una vez más-. Ahí erigió la figura de Rubén Yáñez, que al igual que el acierto o desacierto de los delanteros, el portero también puede ser igualmente decisivo. Esta vez lo fue y para bien.
Duelos, imprecisiones y pérdidas
El comienzo del partido estuvo de nuevo marcado por la falta de continuidad con balón de los rojiblancos, especialmente con algunas pérdidas en el entorno del área asturiana y en su propia mitad de campo. Pérdidas que ya habían castigado severamente al equipo en jornadas recientes. Esta vez no fueron tan determinantes, pero volvieron a hacer acto de presencia, siendo algo a corregir. El Sporting empezó más dubitativo el encuentro, mostrándose débil en los duelos individuales, saliendo perdedor en las segundas jugadas y balones divididos y sumando esas pérdidas antes citadas.
Un cóctel que apresuraba la necesidad de igualar primero la contienda por ahí para poder equilibrar las fuerzas. El equipo lo logró, fue poco a poco creciendo en ese sentido y salió vivo de unos minutos iniciales de acoso local con una intensa presión alta del Albacete. Tal fue la diferencia con el paso de los minutos que el primer gol vino precisamente así, imponiéndose en un duelo (Djuka) y llevándose la segunda jugada ganando la acción en un balón dividido (Campuzano). Se repitieron males pasados, pero al menos el equipo se recuperó a tiempo.
Sin soluciones ante la presión alta
Comentó Ramírez tras el partido que la balanza se equilibró tras los primeros minutos para el local una vez el Sporting logró firmar posesiones más largas. Compartiendo dicho análisis y sumándole ese factor de intensidad en los duelos, lo cierto es que el cuadro rojiblanco se mostró una vez más voluntarioso en sus primeros pases, dando circulación a la pelota para abrir o encontrar espacios, y buscando como alternativa el envío en largo hacia los puntas, de ahí la importancia de jugar con 2 arriba. Esto, ante una presión alta del Albacete marca de la casa, con emparejamiento individual por todo el campo, supuso un gran desafío que no se solventó de la manera más eficiente posible.
El Sporting fue incapaz de avanzar por dentro más allá de un par de ocasiones, sin encontrar línea de pase despejada con los pivotes (Mesa - Méndez). Cuando lo hacía por fuera, Queipo bajaba unos metros para recibir en amplitud, pero una vez recibía este, no había opción en paralelo o por delante para continuar la jugada. Ahí la bombilla se apagaba. Por el otro costado, con un comportamiento diferente de Gaspar al irse por dentro -como siempre-, tampoco había posibilidad de conectar con el gijonés y Cote se encontraba con el mismo muro que le cortaba el paso. Al menos el acierto en área rival permitió al Sporting hacer «más corto» el partido pudiendo renunciar pronto a llevar la iniciativa del mismo.
Efectivos en área contraria
Cuatro remates a portería, tres goles. Ojalá el ratio siempre fuera similar. Una pegada y un nivel de acierto en la definición que fueron condicionando el partido, pues a partir del resultado el Sporting se volvió más defensivo y menos generador en campo rival que en otras ocasiones. Incluso los cambios desde el banquillo así lo certificaron. Esta vez los rojiblancos no necesitaron de generar muchas situaciones de remate, pues fue efectivo cuando tuvo que serlo, además también por los momentos, adelantándose a 10 minutos del descanso y ampliando la ventaja a los 5' tras el paso por vestuarios. No fue un partido vistoso en llegadas o de gran caudal ofensivo, pero la bella factura de los goles lo compensó con creces. Hacía falta sumar gol y efectividad en área contraria y esta vez se consiguió.
Los cambios
Rosas y Varane por Méndez y Queipo. Refuerzo defensivo tanto en la medular como en la banda diestra. El Sporting ya tenía renta de dos goles y ambas sustituciones llegaron con el objetivo de protegerla. Lograron aportar a la causa.
Hassan por Djuka. En un contexto de repliegue y ante un rival volcado se abría un contexto propicio para el extremo. Aun así, el golazo se lo saca de la manga haciendo parecer fácil aquello al alcance de muy pocos. Fue un gran revulsivo.
Izquierdoz y Pablo por Pascanu y Campuzano. Más madera para la defensa del área en los últimos minutos ante un Albacete que estaba buscando muchos centros al área.
Nota a Miguel Ángel Ramírez y el resto del cuerpo técnico
Suficiente. Partido de los trabados, feos, de mucho oficio y sacrificados. Se le puede poner todos los adjetivos que queramos, pero fue el clásico partido que el Sporting tantas veces sufrió en contra cayendo derrotado. Esta vez tocó ser resolutivo en área rival y práctico en la propia. El equipo mostró trazas de estar trabajado en ese bloque bajo, aunque también pasó algún apuro y repitió problemas de un pasado reciente, como la espalda por su lado izquierdo, la defensa de las llegadas de segunda línea y las pérdidas en campo propio durante un tramo del encuentro. Al equipo le faltó capacidad de control con balón, aunque puso voluntad, pero esta vez tocó ser pragmático y se sacó adelante.
Un partido deslucido si no fuera por los golazos a favor. Un nivel de acierto no tan atribuible de forma directa al plan de partido de los técnicos, pero que a su vez alimentó un contexto en el que el equipo hizo lo suficiente para ganar. Se acertó cuando hubo que acertar. Ojalá siempre fuera así, pues es lo que más te acerca a competir.
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