Texto de análisis
18 feb 2024 . Actualizado a las 14:01 h.Empate positivo en su valoración dado el contexto, por potencial del rival y por el elevado número de bajas en la plantilla, pero que dejó numerosas cosas a analizar. El Real Sporting de Gijón consiguió igualar un marcador que se le puso en contra frente al Real Valladolid en un encuentro con fases alternas en cuanto a dominio y sensaciones. Analizamos en base a 4 claves los aspectos más destacados del empate rojiblanco:
Inferioridad numérica por dentro
Un aspecto clave que marcó el encuentro salió directamente de la pizarra. La disposición de uno y otro equipo sobre el campo marcaba una diferencia posicional en favor del Valladolid en el centro del campo. Un Sporting ordenado en el 1-4-4-2 habitual en fase defensiva posicional, no podía igualar los 3 centrocampistas de los pucelanos, lo que facilitó a los de Pezzolano adueñarse de la zona ancha. En aquellas situaciones en las que lograron aprovechar esa ventaja, los visitantes conseguían llevar el juego hacia los costados, donde, formando triángulos con la caída del interior de ese lado, generaban también situaciones de igualdad o superioridad numérica (2vs3). Algo que los blanquivioletas trataron de exprimir sobre todo por su banda derecha, donde se encontraba un inspirado Amath poniendo en dificultades a Cote y a un Villalba generoso en las ayudas. Pero no era suficiente.
Fruto de esa inferioridad numérica por dentro, tampoco se conseguía que llegara alguno de los pivotes a la cobertura. Fue la principal fuga de agua del equipo anoche, todo ello a partir de los sistemas de uno y otro equipo.
Buscando la debilidad del rival desde los desmarques de ruptura
Conocida esa debilidad por dentro, ¿Por qué no se corrigió? Fundamentalmente porque la propuesta ofensiva de Ramírez pasaba por formar con dos delanteros. La principal debilidad detectada en la estructura rival estaba en la espalda de sus línea defensiva.
Ante un Valladolid que da altura a su bloque y una pareja de centrales que sufría especialmente a la espalda, la consigna era clara: trazar muchos desmarques de ruptura a su espalda y buscar envíos directos a esa zona, sobre todo hacia un Otero muy activo en los duelos. Para ir a esa disputa, Ramírez dio preferencia a igualar el número de delanteros con el de centrales, para no tener a uno de ellos liberado y que pudiera servir de cobertura al que fuese al duelo. Se entendía que esta contraprestación compensaba el hecho de ser uno menos en la medular respecto al rival. Por ejecución, no terminó de estar del todo claro.
Dificultades en fase de inicio
A la inferioridad numérica por dentro se sumó la presión por pares del Valladolid, que fue a buscar arriba a un Sporting que inició la mayoría de sus ataques en corto. Sin embargo, rara vez se logró superar la primera línea de presión desde el pase. Sólo en alguna ocasión se consiguió avanzar por los costados, especialmente por el sector diestro, donde Róber Pier se cerraba unos pocos metros y Queipo aparecía prácticamente como un carrilero.
No fue una vía especialmente aprovechada. Juntando lo explicado en las dos claves anteriores, el Sporting pecó de buscar en exceso el envío directo, en ocasiones de forma precipitada sin tomar riesgos en salida. Todo ello alimentó la falta de control del esférico, sin posesiones largas que cortaran el dominio del Valladolid en diversas fases del encuentro.
Sólida defensa del área
Hubo cambio de cromos, pero no de sistema ni de rendimiento. La apuesta por un central como "teórico" lateral diestro sobre el papel da una consistencia clave a la zaga rojiblanca. Esta vez, con la baja de Izquierdoz, Ramírez decidió apostar por Diego Sánchez junto a Pablo Insua en el eje, desplazando a Róber Pier a la derecha en el rol habitual de Pascanu.
Salvo en alguna acción puntual ya desequilibrada en el último tercio por el sector izquierdo, la defensa del área volvió a ser de un nivel muy alto, impidiendo que el Valladolid consiguiera finalizar las numerosas situaciones de centro lateral que generaron, así como mostrando solidez en la anticipación. Una de las señas de identidad del equipo que desde lo colectivo y lo individual se mantiene y sostiene defensivamente al equipo. Por más que le generen mucho, en palabras del técnico rival.
Los cambios
Varane y Hassan por Mesa y Queipo. Piernas frescas muy necesarias en la medular, con un perfil más físico a la hora de abarcar campo. La entrada de Hassan sumó desequilibrio y amenaza, renqueante por la lesión sufrida en Zaragoza. Tuvo varias intervenciones de valor, aunque no logró marcar diferencias finalmente.
Esteban Lozano por Djuka. Refresco en la delantera buscando a su vez un recurso más en el área para posibles centros. Apenas consiguió intervenir.
Nacho Martín y Pablo García por Nacho Méndez y Villalba. Revulsivos en dos posiciones que venían pidiendo un cambio durante bastante tiempo fruto del desgaste. Sin minutos suficientes para tener incidencia.
Nota a Miguel Ángel Ramírez y el resto del cuerpo técnico
Suficiente. Si bien desde la puesta en escena el Sporting tuvo una desventaja por dentro clave, el propósito era aprovecharlo en la última línea con los dos delanteros. La amenaza fue real, aunque su ejecución no fuera la deseada. El equipo volvió a mostrar una cara competitiva y equilibrada en un contexto altamente complejo. Haber apostado por igualar desde el sistema quizás podría haber supuesto que ocurrieran menos cosas y que el dominio estuviera más repartido.
Un Sporting al que le faltó ese punto más con balón, especialmente en cuanto a opciones y atrevimiento en salida y finura en últimos metros, aunque el vaso puede verse medio lleno o medio vacío. Eso depende de la voluntad de cada uno.