«Las 4 claves de la victoria de Playoff del Sporting y el suspenso a Ramírez»

Dani Souto

SPORTING 1905

Miguel Ángel Ramírez
Miguel Ángel Ramírez La Liga

Texto de análisis

03 jun 2024 . Actualizado a las 23:11 h.

Objetivo cumplido. El Real Sporting de Gijón dependía de la obligación de ganar su partido y esperar al menos un resultado favorable en los encuentros de Racing de Santander y Real Oviedo. Al final se dieron todos los condicionantes, lo que permitió a los rojiblancos finalizar el campeonato en quinta posición.

En un plano puramente resultadista no cabe reproche alguno. Yendo al análisis del partido ante el CD Eldense sí hay diversas conclusiones que sacar de un partido en el que se ganó, sí, pero que presentó diversas deficiencias en ataque y defensa. Una cosa no va reñida con la otra, es parte del encanto del fútbol. Hay días mejores en los que no ganas y días peores en los que sí. Pero a la postre eso que lo marca todo, el resultado, sí fue favorable. Analizamos en 4 claves los aspectos destacados de la victoria rojiblanca:

Amplias distancias entre líneas para dinamitar la posesión

El Sporting comenzó bien la primera parte -cosa que reprodujo también en los minutos iniciales de la segunda-, caracterizado sobre todo por la intensidad en la presión y la acumulación de apoyos cercanos para poder llegar combinando a campo contrario con dinamismo. La idea parecía bien trenzada y precisa, pero se diluyó cual azucarillo en un café aún humeante. El equipo no tardó en partirse, acumulando muchos futbolistas en la última línea de ataque sin que la posesión hubiera logrado tan siquiera romper la primera línea de presión del rival, organizado y con las ideas claras sin balón. Esto restó opciones de avanzar a campo rival desde la combinación en una disposición sobre el terreno de juego que invitaba más al juego directo, buscando duelos, prolongaciones y/o segundas jugadas. No había concordancia.

La idea no pasaba por ahí, de hecho, ya desde la elección en el once inicial la propuesta parecía la contraria, con muchos jugadores de recibir al pie y juntando perfiles con los que asociarse por dentro. La distancia entre la primera y la última línea era desmesurada sin que tampoco lograra aparecer ningún compañero de rojiblanco en zonas intermedias para poder hacer de nexo. Esto mermó la capacidad ofensiva de los asturianos.

Roque como solución acertada en busca de un nexo con dinamismo

Ese nexo fue la primera corrección que buscó Ramírez desde los cambios. Al descanso introdujo a Roque Mesa -que firmó un gran partido en lo individual- en lugar de Nacho Martín buscando precisamente eso; un mayor dinamismo con un perfil como el del canario con la capacidad y jerarquía para tratar de llevar las jugadas al frente de ataque por sí mismo. Funcionó. Tanto esto como la propia intención colectiva de estar más próximos unos a otros. Así, el Sporting encontró mayores facilidades para llegar a campo contrario y poco a poco ir reduciendo la altura del bloque de un Eldense muy atrevido hasta entonces. Esto, sin embargo, duró lo que tardó el propio Mesa en conseguir el gol. A partir de ahí el guion del encuentro volvió a cambiar.

Paso a un plan reactivo con lunares en la defensa del área

La renta, sin ser ostentosa, era suficiente. Y conseguir mantenerla valía más de medio billete para el Playoff. Eso hizo que el Sporting cambiara rápidamente el chip con el 0-1, adoptó un plan más reactivo, cedió la posesión al rival y también desde los propios ajustes de Ramírez desde el banquillo con los cambios todo esto se acentuó. Estaba justificado, quizás en otro contexto se hubiera temporizado de otra forma, pero no esta vez. Esa victoria era tan importante como para tratar de llevar de golpe los riesgos a cero en lugar de ir minimizándolos progresivamente.

Lo cierto es que el Sporting pasó a defender más junto, primando las ayudas sobre todo por los costados y tratando de hacerse fuerte en su área, a la vez que intentaba dormir el partido cada vez que recuperaba y tenía la posibilidad de hilvanar posesiones relativamente largas. Por momentos lo logró, pero también tuvo sus lunares sobre todo a escasos metros de la portería de Yáñez, con alguna ocasión rival lo suficientemente clara como para haberlo tirado todo por la borda.

Sin profundidad ni el juego directo como alternativa

Una deficiencia recurrente del Sporting ayer estuvo en la falta de profundidad en su juego, algo que se repitió en los diferentes contextos por los que atravesó el partido. En un inicio, con el equipo partido como ya analizamos anteriormente, el juego directo y los desmarques de ruptura a la espalda de la defensa rival parecían la mejor alternativa ante las dificultades lógicas tratando de avanzar en combinación. Esta solución apenas se buscó, y no fue tanto por la falta de intención desde el pase sino por la ausencia general de desmarques. Sólo algunos intentos aislados de Juan Otero, al que se buscó con ese tipo de pase, fueron los únicos conatos en busca de la profundidad.

Similar caso, aunque menos relevante, cuando en el segundo tiempo el Sporting tuvo sus fases tanto de ataques posicionales en campo rival como a la hora de intentar un contragolpe cuando el Eldense permanecía acampado en la mitad de campo rojiblanca. Esta vez los de Ramírez no tuvieron esa amenaza en transición tan característica esta temporada.

Los cambios

Roque Mesa por Nacho Martín. Cambio al descanso que aportó al equipo el dinamismo que necesitaba con balón en sus primeros pases. Más allá del gol, su incidencia colectiva fue muy elevada tanto en ataque como en defensa.

Mario y Rivera por Djuka y Gaspar. Cambios que llegaron en momentos diferentes pero que sumaban piernas sobre todo por dentro, con un efectivo más en la medular en el caso de Rivera y un activo más de refresco en la presión con Mario. No fue un partido en el que pudieran lucir más allá del trabajo sucio en un contexto de partido ya favorable desde su entrada y en el que tocaba aguantar.

Campuzano y Pablo García por Pier y Villalba. Nuevo cambio de sistema con la misma intención que las sustituciones anteriores, aunque ahora dando más pulmones y piernas para defender los costados.

Nota a Miguel Ángel Ramírez y el resto del cuerpo técnico

Insuficiente. El objetivo se cumplió, pero en lo colectivo muchos aspectos quedaron a deber. El primer tiempo el posicionamiento de las piezas sobre el césped no se correspondía con la intención de juego, dejando la mayor parte de los 45 minutos iniciales con una preocupante inoperancia ofensiva. Se acertó con el ajuste al descanso introduciendo a un perfil diferente que se ajustaba a lo que se demandaba. Su entrada fue determinante, pero el equipo seguía mostrando esa falta de profundidad en ataque y, cuando tocó proteger la renta, defensivamente tampoco se ofreció toda la solidez necesaria por más que se consiguiera dejar la portería a cero. Igualmente, tampoco hubo especial amenaza con espacios en ese plan más reactivo.

Un partido, en definitiva, cuyo resultado se explica desde la efectividad, con oficio y control emocional para saber sufrir cuando tocaba -quizás hasta se sufrió en exceso-, pero con bastantes dificultades en el juego a nivel colectivo. Eso sí, ya nadie puede quitarle a la afición la ilusión del Playoff. Con un Molinón que vuelva a vibrar la cosa puede ser muy diferente a lo de Elda. Y ningún rival será invencible si corresponden a la grada. Este equipo ya lo demostró.