«Las 4 claves de la derrota del Sporting y del aprobado a Ramírez»

Dani Souto

SPORTING 1905

Miguel Ángel Ramírez
Miguel Ángel Ramírez La Liga

Texto de análisis

10 jun 2024 . Actualizado a las 23:17 h.

Queda la más difícil todavía. El Real Sporting de Gijón ofreció una versión competitiva de sí mismo en un duelo de altura; toda una semifinal de Playoff de ascenso a Primera División ante un coloso de la categoría de plata, el RCD Espanyol. Finalmente, con un tardío gol, los de Miguel Ángel Ramírez terminaron hincando la rodilla en tierra, pero enganchando desde el fútbol a una afición confiada en sus posibilidades.

Un Sporting bueno ante un Espanyol que también lo fue. La diferencia, especialmente, radicó en el acierto. Analizamos en 4 claves algunos de los aspectos tácticos más destacados del encuentro:

Las áreas; la gran clave

Es una obviedad que está presente en cada partido, si bien no siempre tiene una relevancia tan marcada como en el día de ayer o simplemente se obvia por simplificar. Lo que sucede entre las áreas es de gran relevancia, pero resulta imposible que se sostenga si luego en ellas no se es resolutivo. El Sporting mostró dos versiones, una mucho más seria y confiable en área propia y otra desatinada en la contraria. Las primeras llegadas de Hassan prácticamente hasta un par de metros de la portería perica anticipaban los errores posteriores de Otero o Campuzano. Tirando de tópicos, el fútbol no deja de ser un juego de errores, siempre has de contar con ellos. En ese sentido, el Espanyol también los padeció, con ocasiones manifiestas de Puado y Braithwaite antes de que ambos protagonizaran la acción del único gol del encuentro. En ese juego de acierto y desacierto estuvo el desequilibrio en el marcador. El Sporting perdonó por encima de lo que se podía permitir y el Espanyol, que también pensó eso de sí mismo hasta el 87', sí acertó aunque fuera una vez.

Sin embargo, aunque los de Manolo González tuvieran el grueso de la posesión y mostraran inequívocamente su marcado músculo ofensivo, el Sporting, empezando por Yáñez y siguiendo por su línea defensiva, se mostró muy correoso cerca de su portería. Especialmente fueron destacados dos aspectos que se trabajan semana a semana: la defensa del primer palo ante centro lateral y las ayudas en transición a la espalda, especialmente por parte de Róber Pier, ante la movilidad ofensiva blanquiazul. En el primer aspecto destacaron ambos centrales. El Espanyol insistía con numerosas llegadas por fuera y centros con mucha inquina al área rojiblanca, pero Diego Sánchez y Pablo Insua no concedían opción alguna por su perfil. Sí se sufría algo más si el balón superaba esa altura, obligando a los más alejados (central o lateral) a intervenir. Como es normal. Pero esas también se solventaron. Y por si había algún inconveniente; Yáñez, con una seguridad pasmosa en cada intervención.

La salida por diestra y la importancia de las transiciones

Acudiendo a lo que sucedía entre las áreas, el Sporting tenía clara cuál era su mejor vía para tratar de hacerle daño al Espanyol. Con la asimetría habitual en ataque, con Hassan aportando muchísima amplitud por derecha y con Gaspar más liberado para abandonar el costado opuesto y aparecer por diferentes zonas del campo, los rojiblancos querían aprovechar cada robo y recuperación en una vertiginosa contra, buscando primero asegurar el primer pase hacia la amplitud del extremo franco-egipcio para que luego éste ganara la partida una y otra vez a un Pere Milla que saltaba a donde fuera a por él y que estuvo muy superado por el desequilibrio y velocidad del rojiblanco. Hassan estaba siendo capaz de llevar la jugada del Sporting al último tercio de campo con independencia de la altura a la que recibiera sobre el verde. Eso vale oro. No se aprovechó en el último gesto, pero los de Ramírez tenían claro que con esos espacios y siendo incisivos y verticales sumaban más posibilidades de acercarse al gol.

La importancia de la presión y el ajuste al descanso

En el guion de partido estaba previsto que el Espanyol quisiera ser protagonista desde el control de balón; un equipo al que le gusta vivir en campo contrario, salir en combinación y construir con paciencia hasta poder llegar al último tercio, donde acumula su mayor talento individual. Impedir eso en la medida de lo posible era un objetivo vital del Sporting ayer. Quizás no puedes arrancar el problema de raíz y ser tú quien tenga el grueso del control del esférico, pero sí minimizar el impacto del mismo o incordiar para que no les resulte sencillo. En buena parte del partido ese objetivo no se logró. Especialmente en la primera parte, el cuadro perico pudo desplegar el fútbol que pretendía ante un Sporting que no estaba siendo efectivo en la presión. Tampoco tras pérdida, pues los visitantes conseguían recuperar rápido el balón. No se iba con todo sobre la salida rival; en el duelo de primera contra última línea siempre se acudía en inferioridad, a lo sumo tratando de apretar y arrinconar a los zagueros blanquiazules cuando el balón llegaba a un lateral, una idea con el objetivo de proteger lo que sucedía a la espalda. Es entendible, una de cal por otra de arena. El problema es que el Espanyol, sin especial dificultad, conseguía avanzar igualmente.

Tras el descanso hubo un matiz relevante. El Sporting adelantó su línea de presión y el equipo no se partió. Los catalanes tuvieron que sudar algo más para poder superar al bloque rojiblanco, estando más incómodo y sumando más pérdidas que restaron parte de la continuidad en el juego que habían logrado en la primera mitad. Sin un cambio de sistema táctico en esa fase del juego, sí hubo un ajuste clave en la altura de los centrocampistas, como describía el propio Ramírez en la rueda de prensa posterior al encuentro. Así, el bloque se mantuvo ciertamente compacto a la hora de apretar y ante el envío más vertical muchos duelos caían del lado sportinguista. Eso permitió crecer al Sporting en el segundo tiempo.

Pérdidas de relevancia en zonas sensibles

El paso al frente del Sporting en el partido se tradujo también en mayor presencia en campo rival. En el segundo tiempo pudo tener algunas posesiones más largas que no había trenzado en la primera parte. Un escenario distinto que abría otras posibilidades a favor y en contra. Los locales tuvieron sus acercamientos, con un par de ocasiones especialmente claras, pero a su vez también ganaba en exposición. Una pérdida podía coger al equipo desajustado, más abierto y vulnerable, tal y como ocurrió. Al error en la toma de decisiones, siempre presente, le acompaña una posible mala ejecución. Un síntoma ya repetido a lo largo de la temporada y que, en su justa medida, también es trabajable el minimizar al menos en impacto. Se avisó primero con un mal primer pase de Roque Mesa que derivó en una ocasión clara del Espanyol. La segunda de gran relevancia, tras una pérdida evitable de Fran Villalba en la medular, se tradujo en el castigo más severo. Una acción cuyo punto de partida supone su mayor error, pero que tampoco se defendió adecuadamente. Ingredientes más que suficientes para que los atacantes del nivel que había enfrente lo terminen aprovechando.

Los cambios

Rivera por Pier. En un contexto de mayor cuota de protagonismo para la presión y la posesión, el perfil de Rivera encajaba más que el de un Róber Pier muy exigido en lo físico por su despliegue defensivo. Un cambio que aportó en la modificada tendencia del partido.

Villalba y Campuzano por Mario y Gaspar. En el sentido del cambio anterior, mayor dinamismo y fútbol control en el equipo. Por desgracia, en lo individual Villalba terminó saliendo en la foto del gol rival, mientras que Campu no supo aprovechar su gran oportunidad de cara a puerta.

Nacho Méndez y Varane por Roque y Hassan. Cambios de cara al tramo final para sumar más despliegue y energía por dentro. Sin mayor incidencia en el juego.

Nota a Miguel Ángel Ramírez y el resto del cuerpo técnico

Bien. Un partido con aspectos mejorables, especialmente desde el plano defensivo en la primera mitad (presión alta) aunque con un posterior acierto táctico al respecto desde el banquillo al descanso, pero a su vez con varias virtudes a resaltar tanto en la defensa colectiva en el último tercio así como en el plan trazado para hacer daño en ataque al rival con las transiciones ofensivas.

El acierto individual terminó marcando el resultado final, pero en lo colectivo, al margen del luminoso, el equipo dejó una buena imagen en competitividad en un encuentro con ocasiones suficientes para que la cosa, en cualquier dirección, hubiera podido tener otro desenlace. Queda un partido en 4 días para que termine por salir realmente bien.