Texto de análisis
19 ago 2024 . Actualizado a las 14:07 h.Amargo estreno del Real Sporting de Gijón en el primer partido del curso 24/25. Una derrota frente al Levante UD sustentada principalmente en la alta efectividad rival, los detalles en contra desde un inicio y la falta de cohesión colectiva fruto de la altura de temporada que nos encontramos en el nuevo proyecto de Rubén Albés. Analizamos, como es habitual, a partir de 4 claves tácticas, los motivos de la derrota rojiblanca:
Inicio de gran intensidad basado en la presión alta
Los primeros minutos de partido llevaron el sello de lo que Albés quiere de su equipo aprovechando la energía y frescura inicial, algo que resultaba cotidiano en su Albacete. El Sporting salió a presionar arriba la salida de su rival, emparejando individualmente a sus jugadores e interpretando bien cuándo saltar y a quién apretar. El mejor ejemplo, apenas en unos segundos, acabó en gol. Presión colectiva, marcas individuales y robo de Bernal sobre el receptor rival de espaldas, interpretando a la perfección el momento, y a partir de ahí verticalidad para en pocos toques llegar a área y tener situación de finalización mano a mano con el portero. Sólo un fuera de juego milimétrico impidió la validez de una jugada muy paradigmática. Una idea que cobra sentido en cuanto a intensidad en esos primeros compases de partido y que con el paso de los minutos y el desgaste resulta más difícil de ejecutar. Aun así, la idea mayormente se mantuvo en el grueso del duelo, indicando esa intención del 'nuevo Sporting' de Albés de presionar alto a sus rivales.
Desajustes en el sistema defensivo
Sin embargo, toda idea tiene, además del lado positivo, un contrapunto negativo. En el caso de la presión alta se asume el riesgo de tener muy adelantada la línea defensiva, lo cual abre un doble escenario que vigilar; los espacios a la espalda de la misma y las transiciones en caso de que el rival consiga superar línea de presión. En ambos puntos el partido del Sporting salió a deber, no tanto en la defensa al espacio, al no verse especialmente exigido en ese aspecto, como sí en los duelos directos con los puntas levantinistas. La línea de zagueros echó en falta un punto más de contundencia para impedir que los de Calero salieran vencedores en más de una situación a través de envíos directos a sus puntas.
Del mismo modo, las transiciones también fueron un arma para el rival. Es algo entendible a estas alturas de proyecto que existan desajustes colectivos en este tipo de jugadas, con la necesidad de ir corrigiendo con el tiempo tanto los retornos y el reparto de zonas a defender como también el sistema de ayudas, que generó varios desajustes por fuera -acción del primer gol- que se tradujeron a su vez en desequilibrios por dentro. Poco a poco el equipo tiene que ir engrasándose en estos conceptos.
Diferentes ritmos con balón y el objetivo de llegar fuera
Centrados en el aspecto con balón, el equipo mostró dos caras diferenciadas en sus posesiones, coincidiendo mayormente con el desarrollo de los primeros 45 minutos y los segundos. El primer tiempo fue más plano, con posesiones a un bajo ritmo que se trataban de complementar con envíos directos en muchos casos imprecisos e incluso no forzados. El equipo fue encontrando mayor claridad con la alternativa de envíos diagonales, buscando la aparición en amplitud y profundidad de los laterales, llamados a tener ese rol protagonista en el sistema ofensivo de Albés. En el segundo tiempo, con el bloque más alto en promedio y un Levante decidido a replegar, el Sporting necesitó de mayor intervención de su medio del campo y de dar más ritmo a la circulación en busca de generar espacios. Unos muy difíciles de conquistar por dentro, pero que buscando esa vía para tratar de acabar por fuera en buenas situaciones para el centro lateral fue como los rojiblancos encontraron su mejor arma ofensiva en la segunda mitad.
Falta de claridad en el último tercio
Fuese de una manera o de otra, al Sporting le costó encontrar caminos a la poblada área levantinista. La oposición rival lo dificultó, y los rojiblancos apenas gozaron de situaciones francas y ventajosas en la finalización. Tampoco el equipo estuvo especialmente atinado cuando tocaba acabar en portería. Salvo aquella primera jugada del gol anulado a Dubasin, de gran precisión, no se vio la misma lucidez en el resto de acciones por lo general. El atasco en último tercio fue considerable, también influenciados por la respuesta granota a su ventaja en el marcador, pero faltó ese punto de desequilibrio y/o de último pase para que el Sporting lograse traducir sus largas posesiones en situaciones propicias para la definición. Al igual que ocurre en fase defensiva, estos automatismos en ataque deberán ir cogiéndose y puliéndose con el paso de las jornadas.
Los cambios
Nacho Martín por Nacho Méndez. Cambio obligado por la lesión del luanquín, siendo el único perfil similar en el banquillo para suplirle.
Queipo por Bernal. Solución ofensiva que dio mayor dinamismo al ataque sumando más presencia en última línea en un sistema con mayor amplitud y extremos más definidos.
Campuzano por Dubasin. Refresco en la delantera con un perfil similar en cuanto a movilidad, manteniendo el sistema del tramo final.
Pablo García por Cote. Cambio pensado con anterioridad por la amarilla del lateral, pero que se aplazó por su incidencia en el gol local. Hombre por hombre sin apenas tiempo para incidir de forma relevante.
Nota a Rubén Albés y el resto del cuerpo técnico
Insuficiente. En este primer partido el equipo mostró algunos de los rasgos identitarios que el nuevo cuerpo técnico quiere ver reflejados en su equipo. Aun así, no deja de ser eso, un primer partido, lo que se tradujo en una falta de cohesión grupal entendible a estas alturas. Los desajustes defensivos se pagaron muy caro, mientras que en ataque se vieron las dificultades para superar un bloque bajo, sin capacidad -y escasez de recursos- para darle la vuelta a las deficiencias en un día que ya suponía un duro desafío en lo mental por los reveses afrontados en los primeros minutos. Mucho por pulir y por seguir trabajando para que el funcionamiento colectivo, con y sin balón, vaya poco a poco engrasándose, aunque manteniendo la exigencia semanal de obtener resultados en paralelo. Algo que en este caso concreto supuso quizás un excesivo castigo.