Texto de análisis
22 sep 2024 . Actualizado a las 23:03 h.No rescató más que un punto el Real Sporting de Gijón de su visita a Tenerife en un partido de cuya lectura pocas conclusiones positivas se pueden extraer, reproduciendo muchos de los problemas que ya empiezan a repetirse en este inicio de liga. Quizás también porque por el ritmo de juego y por la generación de uno y otro equipo deje el sabor amargo de que se dejó escapar una victoria que se tuvo en el bolsillo durante muchos minutos. Analizamos en 4 claves tácticas destacadas el empate de los de Rubén Albés:
Desajustes en la presión y la defensa interior
El primer tramo del encuentro no tuvo influencia directa en el marcador y quizás pasa desapercibido con el global de lo sucedido en el global del partido, pero el Sporting dejó en su puesta en escena un par de detalles defensivos que urge corregir. Por un lado, en la presión, lo cual sí se consiguió ajustar con el paso de los minutos. El equipo de Pepe Mel juntaba tres jugadores en primera línea para tener superioridad en salida de balón y buscaba acumular gente por fuera con la intención de fijar muy bajo a los laterales rojiblancos. Así, con el teórico extremo -Dubasin y Queipo- muy arriba, a caballo en una posición intermedia entre el central de su lado y el carrilero, algo que ya había hecho con anterioridad este Sporting, priorizando tapar el pase por dentro, al Tenerife no le costaba circular de lado a lado y acabar encontrando a su lateral con espacio a la espalda del extremo rojiblanco, obligado a realizar grandes recorridos para recuperar esos metros de desventaja. Liberar al extremo de esa carga adelantando al lateral para que fuese más atrevido a la hora de saltar sobre el homólogo rival, con su correspondiente ajuste por detrás en la cobertura de los centrales, fue clave para frenar esa sangría ante un Tenerife con un bajo ritmo en sus combinaciones como para generar tales ventajas.
El otro punto, que también se repite respecto a jornadas recientes, fue la defensa interior. Los de Mel tampoco lograron sacarle tajada, pero nuevamente al equipo le faltó ese punto de cohesión y entendimiento para subsanar los problemas que se generaban al respecto. Con Lander Olaetxea incrustado entre centrales la mayor parte de la fase defensiva rojiblanca, la espalda de los interiores rojiblancos -Nacho Méndez y Gelabert- se convertía en un espacio muy goloso de conquistar para los tinerfeños. Cuando encontraban a un jugador libre en esa zona, la línea de 3 por dentro del Sporting no respondía adecuadamente, sin tener del todo claro quién debe saltar a la recepción del rival para evitar el giro o interponerse en el camino al área. Más de una vez algún futbolista del Tenerife pudo recibir en esa zona tan vulnerable poniéndose mirando de cara a portería, lo cual, ante un rival con algo más de acierto en los últimos metros, supone un riesgo demasiado elevado y a pagar muy caro.
Precipitación en la construcción del juego
Clave que se repite respecto a Santander y que en este caso no es atribuible al estado del césped. Es conocida la voluntad del Sporting de Albés de intercalar jugadas más elaboradas con otras de juego directo, buscando el espacio o la disputa con envíos desde su centrales a los delanteros. Algo que sobre el papel otorga imprevisibilidad y variantes, pero que en estas alturas de temporada es otro punto más que evidencia el margen de mejora que tiene el equipo colectivamente. Ante un Tenerife con una tímida presión, que incluso era vulnerable a la hora de cerrar pases interiores, habiendo opción en muchas ocasiones de encontrar a los centrocampistas rojiblancos por dentro, el Sporting pudo tener un control mayor del que ejerció. Hubo triangulaciones interesantes que demostraron que esa faceta se va trabajando, escalonándose y sabiéndose la teoría posicional para ejecutar esas combinaciones -otra cosa ya es el acierto-, pero fueron escasas para las posibilidades que había. Los de Albés volvieron a pecar de precipitación en muchas jugadas en las que se demandaba más pausa, y en las que de hecho el equipo estaba más situado para jugar en corto que en largo, en un juego directo que volvió a ser ineficaz.
Repliegue del bloque sin respuesta con balón
Mismamente, la propuesta con balón fue uno de los aspectos que condenó al Sporting una vez obtuvo ventaja en el marcador. A pesar de poder caer en un ritmo demasiado anodino en el juego, la cosa no hubiera diferido demasiado de lo que se terminó viendo. Los de Albés renunciaron al balón como arma para atacar, pero también como vía para defenderse, en el grueso de la segunda mitad. El equipo dio unos pasos hacia atrás y retrasó al bloque hacia su portería. El cansancio, palpable, no ayudaba a realizar una presión intensa, pero aun así el ritmo de juego del Tenerife tampoco empujó de manera inevitable a los rojiblancos contra la meta de Yáñez. Fue más una cuestión de voluntad. Algo que se tradujo en un doble error en la gestión de la ventaja en el marcador, empezando por la falta de control y pausa con el balón y siguiendo con la intención de defenderse ante un equipo de Mel que evidenció su poca mordiente y amenaza y el por qué están donde están en este inicio de competición. Como punto positivo cabe señalar el peligro que demostró tener el Sporting en transición ofensiva, generando situaciones lo suficientemente claras como para haber sentenciado el partido con otro resultado, lo cual no cambia el análisis del desarrollo del juego.
Incidencia de la estrategia a balón parado
A pesar de la escasa amenaza del Tenerife en el juego dinámico, las acciones a balón parado suelen igualarlo todo, prácticamente yendo al margen de lo que sucede cuando el cuero circula por el terreno de juego. Por esa vía llegaron ambos goles en el encuentro. Un aspecto en el que Rubén Albés incidía al inicio de temporada que tenían que mejorar, especialmente en lo ofensivo, para sacar rédito a estas acciones. El gol de Róber Pier, el primero que anota como futbolista rojiblanco, fue fruto de una bonita y muy bien ejecutada jugada de estrategia; buscando juego en corto para sacar al rival de su zona y generar distracciones en las marcas, un centro al segundo palo que buscaba claramente la prolongación hacia el hombre libre en el corazón del área. Poco que decir. Más problemático es, evidentemente, el córner que supuso el empate, con un error individual en la marca y una falta de contundencia en el área que debe ser revisada.
Los cambios
Bernal y Otero por Nacho Méndez y Caicedo. Mantuvo el dibujo y aportó piernas frescas con este doble cambio en un contexto ya defensivo y de contragolpe. Sobre todo se notó algo más en ataque desde lo individual por el trabajo de un Otero que venía tocado durante la semana.
Nacho Martín por Gelabert. Diferente perfil en la medular para buscar algo más de control del esférico que tanta falta estaba haciendo. Igualmente, no bastó sólo con este cambio, que no logró su cometido en ese sentido.
Kevin y Campuzano por Queipo y Dubasin. Ajuste más defensivo, sobre todo por la entrada del lateral, que adelantó unos metros a un Guille Rosas con síntomas de cansancio lógicos. No fue una solución que contribuyera a mejorar defensivamente a un Sporting con el bloque ya muy hundido. Campuzano, más allá de su lucha particular, no pudo entrar mucho en juego aunque tuviera un buen contexto para contragolpear. Eso sí, casi besa el santo nada más entrar al césped con su don de la oportunidad.
Nota a Rubén Albés y al resto del cuerpo técnico:
Insuficiente. Un partido sin grandes claros ni en ataque ni, especialmente, en defensa. De los desajustes iniciales que ya vienen siendo tendencia se pasó a una propuesta que no benefició colectivamente al equipo en el desarrollo del partido. De la misma manera, si bien el Sporting pudo haber marcado más goles y obtener otro resultado bien distinto aprovechando alguna de sus transiciones, el juego no hubiera sido diferente, con grandes carencias colectivas a la hora de hacerse con el control del balón y construir sus jugadas. Un Sporting que claramente vuelve a dejar varias cosas a deber en defensa y en ataque, propias de estas alturas de temporada, pero que impiden al equipo competir y rendir debidamente como para obtener mayores recompensas. Una nota consecuencia del juego, con independencia del resultado que refleje el nivel de acierto. Paradójicamente, esta vez sí, se lleva una buena calificación la estrategia a balón parado.