Texto de análisis
15 oct 2024 . Actualizado a las 12:02 h.El desacierto casi da al traste con una victoria que el Real Sporting de Gijón trabajó y mereció en un vendaval de fútbol ofensivo, aunque «sufrió» más de la cuenta por su falta de acierto en la definición, que prolongó la posibilidad de remontar el marcador. Un partido que se presumía abierto ante un CD Castellón totalmente particular en la categoría y que no defraudó a la expectativa, si bien la falta de inspiración, en la definición en unos y en general en los otros, pudo hacer caer la balanza de cualquier lado. Sin embargo, la «lógica» de este partido se impuso por su discurrir y los 3 puntos se quedaron en casa. Analizamos en base a 4 claves tácticas rojiblancas lo más destacado de la victoria sportinguista:
Marcaje individual para presionar y evitar el juego interior del rival
Ante un Castellón que basa su juego en salir jugando desde atrás la gran mayoría de ocasiones y que tiene en el aspecto combinativo su mayor virtud, la presión alta del Sporting iba a resultar clave en el encuentro. Así fue. Su ejecución estuvo plagada de detalles, siguiendo una tónica ya habitual en este inicio de curso con un marcaje individual por dentro y un reparto de marcas por fuera entre el teórico extremo, el lateral y el central más próximo. Como sucedió en Eibar, donde hubo un desajuste que abrió el camino al gol armero, esta vez estas 3 figuras se coordinaron de forma magnífica para que los 3 hombres de arriba pudieran dar un paso adelante, repartiéndose todos a distintas alturas las marcas de forma individual. Salvo algún momento puntual que no tuvo mayor trascendencia -algo normal en el global de unos 90 minutos-, los movimientos por fuera en la presión fueron los adecuados para impedir la superioridad numérica que buscaban los de Dick Schreuder.
En relación a lo anterior, resultaba primordial para los locales evitar que conectaran su juego interior. Prácticamente cada pase de seguridad de los jugadores del Castellón, nada más recuperar, era hacia adelante, siempre con esa intención de verticalizar incluso cuando la jugada teóricamente demanda mayor pausa. Obviamente es inevitable que logren superar tu presión en más de una ocasión o que no consigas robar en campo rival la mayoría de las veces, pero el Sporting estuvo muy sólido a la hora de dar ese punto de agresividad a su línea defensiva para que saltara sobre el receptor de espaldas e impidiera el giro o dificultara la combinación de cara, con muchas coberturas cerca. En esos duelos para anticiparse, el papel de los centrales especialmente, Maras y Pier, con Olaetxea retrasando su posición y permitiendo ese salto, fue sobresaliente.
Un plan ofensivo desde la verticalidad y los duelos; Otero y Dubasin, claves
El plan de partido, algo más visible durante la primera media hora, o al menos hasta que llegó el 0-1, pasó por una idea clara: aprovechar los riesgos que asume el Castellón con la altura de su bloque para castigarlos bien a la espalda o buscando el duelo en el lado débil. En ese sentido, Otero y Dubasin, especialmente reseñable en el hispano-belga por ser menos habitual, quedaron muy descolgados en la mayoría de acciones defensivas, salvo cuando el equipo no tenía más remedio que replegar puntualmente en bloque bajo. Ambos conjugaban un par de movimientos; bien juntándose por el perfil izquierdo de la defensa orellut, donde habitualmente cerraba un Jetro Willems amonestado desde la primera jugada, siendo además el costado opuesto por dónde más discurría el juego y por donde trataba de salir el Sporting a través de Pier y Pablo García, o bien situándose más abiertos, a considerable distancia el uno del otro, para favorecer la ruptura de uno de ellos ante la peinada o la recepción o la aparición de algún hombre de segunda línea, como en varias ocasiones hizo Gelabert. Con esa idea, y sobre todo una gran capacidad de ambos en los duelos, el Sporting puso en problemas tal y como pretendía a la zaga castellonense en varias ocasiones durante ese tramo de partido.
Gestión mejorable de las transiciones ofensivas y falta de atino en la finalización
Con el 0-1 las tornas cambiaron claramente. El Sporting consiguió desdibujar a un Castellón irreconocible con el balón en sus pies, aunque sin perder esa esencia atrevida que los caracteriza. Así, los de Albés siguieron teniendo opciones para transitar con espacios mientras su rival se mantenía inofensivo; un escenario perfecto para un equipo al que le gusta tanto verticalizar ya sea desde el pase o la conducción. Sin embargo, puede ser que fruto de la ansiedad que generaba el marcador en contra o por mero desacierto generalizado, los futbolistas de ataque rojiblancos no terminaron de gestionar bien muchos de estos contragolpes. Ya fuera en la toma de decisión, que fácilmente se vio mejorable, en la calidad en la entrega o ya directamente en la definición, los rojiblancos desaprovecharon multitud de ocasiones en el partido que más generaron de cara a puerta rival desde la visita el curso pasado a Santander (hace ya un año). Cabe señalar las facilidades que dio el Castellón para que se generase tal volumen de llegadas, algo de lo que el Sporting supo sacar tajada, pero de nada hubiera servido si no lo llegan a conseguir traducir en goles. Y a punto estuvieron.
Cal y arena a balón parado
Nuevamente, el balón parado fue fundamental en el desarrollo del encuentro, siendo protagonista en 2 de los 3 goles de la noche. Primero, en contra, con un saque de banda mal defendido, con un desvío infructuoso de Guille Rosas y un error individual de Nacho Méndez al perder de vista la referencia del esférico cuando su marca remató por primera vez. Posteriormente, a favor, con la entrada de José Ángel 'Cote' para que sirviera un centro pasado al segundo palo donde esperaba, como ocurrió en Tenerife -nada es casual-, Jonathan Dubasin, que puso el balón al corazón del área pequeña donde esperaban hasta dos futbolistas del Sporting libres de marca, siendo Diego Sánchez quien empujara el balón al fondo de la red con un golpeo de interior. Típica acción en la que se saca provecho de una segunda jugada para desajustar las marcas rivales. Poco a poco el balón parado va dando sus frutos, y también sus puntos. Aunque, como aquel día en el Heliodoro, también toca revisarlo en área propia.
Los cambios
Diego Sánchez y Queipo por Maras y Gaspar. El cambio en defensa lo explicó nítidamente Albés en rueda de prensa, con un perfil como el de Diego más adaptable a defender con espacios a la espalda y la línea muy alta, y especialmente ganando en salida de balón por ese perfil al ser zurdo. En el caso de Queipo, prácticamente asumió el mismo rol que Gaspar.
Nacho Martín y Caicedo por Gelabert y Otero. Incidencia a diferente altura en el centro del campo, liberando y adelantando a Nacho Méndez, y ganando un perfil más distribuidor con Martín. Arriba, un refresco en la referencia ofensiva para los constantes duelos y desmarques con los centrales, aunque Caicedo estuvo mucho más alejado del ritmo de partido que Otero.
Cote por Pablo García. Hombre por hombre en el lateral, aún con empate en el marcador, sabiendo de su posible incidencia a partir de su gran golpeo. Así terminó siendo.
Nota a Rubén Albés y el resto del cuerpo técnico
Notable. Más mérito a lo colectivo que a lo individual en un partido en el que el planteamiento fue el correcto, con una idea clara de por dónde debía pasar el encuentro para hacer daño a un rival que, eso sí, fue excesivamente endeble y arriesgado en su defensa, pero en el que la falta de acierto condicionó claramente el resultado, si bien eso, más allá de trabajarse durante la semana, no tiene especial carga en la mochila de los técnicos. Más allá de aprovechar las facilidades y fragilidades del Castellón para ser capaz de generar, lo más destacable a nivel colectivo fue el planteamiento y el trabajo defensivo para volver irreconocibles a los de Schreuder desactivando su juego interior, así como alguna intervención clave en el partido como la de Diego Sánchez, no por el gol, sino por permitir al equipo ganar consistencia con balón y altura sobre el campo. Las cosas salieron de cara a pesar del desacierto. Lo primero es importante que esté, lo segundo ya se corregirá.