«Suspenso para Jiménez al no dar soluciones a un Sporting espeso; empate y gracias»

Dani Souto

SPORTING 1905

Borja Jiménez
Borja Jiménez LaLiga

Texto de análisis

17 nov 2025 . Actualizado a las 23:14 h.

El Real Sporting de Gijón consiguió sacar un empate en el tramo final ante la SD Eibar en un partido en el que estuvo el grueso de los minutos por debajo en el marcador, teniendo el control del balón pero nula amenaza con él. Analizamos a partir de 4 claves tácticas destacadas el rendimiento de los rojiblancos:

Vulnerables en transición defensiva

Fue el único argumento que encontró el Eibar para dañar, llegando por esta vía el tempranero gol a su favor y como sumó acciones de peligro especialmente al inicio de la segunda parte. Los de Beñat San José lograron salir con facilidad a partir de combinaciones verticales, cogiendo al Sporting mal parado en este tipo de situaciones. Las correcciones de Corredera lograron impedir algún avance más a último tercio, pero con el equipo muy escalonado y la presencia de dos puntas en el conjunto armero facilitaron que encontraran sobre todo la espalda de los laterales -más en el caso de Rosas- para progresar con verticalidad y sacar de su zona a los centrales. Alguna que otra imprecisión final entre Bautista y Martón impidió que lograsen sacar más tajada de situaciones con mucho peligro potencial.

Control de balón sin conquistar la profundidad

El tempranero 0-1 tuvo como consecuencia un plan reactivo del Eibar y muy propositivo por la parte rojiblanca. El Sporting se adueñó de la posesión de balón y en el primer tiempo estuvo muy presente en la mitad de campo rival. Ante un Eibar junto y ordenado, que se defendía con 5 atrás, a los de Borja Jiménez no les quedaba otra alternativa que circular el cuero para poder encontrar opciones de avance al mover de lado a lado al bloque rival. Sin embargo, en un juego tan al pie, la última línea habitualmente recibía orientada hacia dentro desde la zona de tres cuartos. Apenas se lograba pisar área, las incorporaciones de los laterales daban amplitud, pero rara vez superaban esa misma altura. El Sporting no conquistaba el último tercio y la defensa del Eibar estaba cómoda plantada en la frontal de su área. Sólo algún tiro lejano, como los que protagonizaron Gaspar o Gelabert en la primera parte, fue el único argumento con el que amenazar, sin ningún tipo de alternativa.

Una falta de profundidad que se convirtió en falta de verticalidad

Por planteamiento rival y resultado, tal y como apuntó el propio Borja en la rueda de prensa posterior, era un partido de maduración larga. El Sporting tenía que mantener la paciencia con balón para conseguir abrir espacios en la defensa rival; un ejercicio que también corre el riesgo de caer en la parsimonia, en encadenar pases sencillos y horizontales a bajo ritmo en algo cíclico e improductivo. El Sporting se iba acercando a eso con el avance de los minutos, pasando finalmente en el segundo tiempo a otra fase muy habitual en estos casos: la imprecisión fruto del nerviosismo. Los rojiblancos quisieron avanzar con balón para inquietar de alguna forma al bloque defensivo armero, siendo la alternativa de las conducciones de ambos centrales la mejor forma de generar algún tipo de desajuste y duda en los vascos. Una solución de corto alcance, pues una vez soltaban el balón hacia adelante, esa ligera ventaja normalmente se volvía a esfumar, aunque al menos permitía al equipo establecerse en la mitad de campo rival. Un punto al que sumar varios intentos de juego directo que no tuvieron resultado en una segunda parte más imprecisa con balón.

Correcta activación sin balón

En todo partido en el que te muestras tan dominador con balón suelen darse en mayor o menor medida dos situaciones que se retroalimentan; además de la propuesta reactiva del rival, que te cede la iniciativa, tú también tienes que poner de tu parte y dificultar que el rival pueda construir largas posesiones para así llevar el partido a un ritmo de juego que no te conviene yendo por detrás en el marcador, asumiendo pocos riesgos. Ahí tu activación sin balón cobra mucha importancia. Impedir que el rival salga fácil y que te haga recular es clave para que puedas recuperar rápido y reiniciar tus ataques. No fue un partido de una marcada presión alta, de hecho el Sporting solía enfrentar la primera línea del Eibar en inferioridad numérica, pero el equipo sí mostró la suficiente predisposición para defender hacia adelante y forzar a los vascos a un juego más directo y de más imprecisiones en general. Así, con un siempre activo e inteligente Dubasin, el equipo logró sacar tajada probablemente del único error claro de los visitantes con balón controlado. Robo, penalti y gol. Un día en el que si no se daba así, prácticamente parecía que el gol se iba a resistir.

Los cambios

Nico y Caicedo por Gaspar y Amadou. Diferente perfil para la banda, buscando más verticalidad -aunque Nico por izquierda gusta también de ir hacia dentro- y manteniendo sistema y perfil en la punta. A nivel individual no hubo un paso adelante.

Smith por Nacho Martín. Una elección de perfil inicial esperando un partido de mucho juego posicional y posesiones largas. Como así fue. El cambio tardó minutos en darse con el canadiense esperando que se detuviera el juego en el tramo final y apenas dio para salir para ser un atacante más en un córner. Sin incidencia.

Nota a Borja Jiménez y el resto del cuerpo técnico

Insuficiente. Partido en el que tocaba ser dominador con balón y a partir de él generar situaciones de peligro en área rival. Tuvo sus fases positivas, pero en líneas generales no hubo argumentos colectivos en ataque para acabar creando ocasiones. Un equipo sin amenaza, por momentos muy espeso, que desde la pizarra no terminó de encontrar soluciones. Aparte, pero no menos relevante, la vulnerabilidad manifiesta para defender el único argumento ofensivo rival, las transiciones. Hubo varias situaciones de este tipo que no se defendieron bien, dejando como nota final un Sporting con una marcada debilidad defensiva y desesperantes problemas en la creación del juego, sin soluciones marcadas esta vez desde el intervencionismo del banquillo. Lo positivo fue sumar algo, lo cual en otras ocasiones muy seguramente ni se habría dado. Un empate que prácticamente se valora como un premio y gracias.