«Aprobado para Borja. Buen control de partido de un Sporting al que podemos exigir más, tiene potencial de mejora»

Dani Souto

SPORTING 1905

Borja Jiménez
Borja Jiménez LaLiga

Texto de análisis

14 dic 2025 . Actualizado a las 21:09 h.

La plantilla del Real Sporting de Gijón puso el trabajo sobre el césped para conseguir llevarse los 3 puntos en el duelo ante un competitivo Granada CF. Un gol a la contra de César Gelabert decidió un encuentro que en cuanto al marcador pudo acabar con cualquier signo, pero acabó con el mejor de los posibles para los rojiblancos. Un duelo de alternativas y riqueza táctica que analizamos en clave sportinguista a partir de 4 claves destacadas:

Un plan de inicio que congestionó el juego interior

Aunque a priori el dibujo pueda parecer el habitual, en forma de 1-4-2-3-1, el perfil de los supuestos extremos, Gaspar y Gelabert, más la presencia adelantada de Corredera, derivó en una disposición final en ataque que hacía que la acumulación de futbolistas del Sporting se diese por dentro. Esta vez, el rol de Otero fue más de receptor, bregando con los centrales, que dando esa movilidad y caída a banda de otras citas. El plan, como explicó Borja, era dar recorrido a los laterales para ser esa amenaza por fuera y que diesen superioridades numéricas por los flancos juntándose a los extremos y un móvil Corredera. Algo que no salió del todo.

Al entrenador se le vio pidiendo ese pase adelante por fuera a los centrales en varias ocasiones, pero habitualmente el balón pasaba más por dentro que por fuera. El técnico aludió a la toma de decisiones, pero lo cierto es que tanto por acumulación de piernas como por disposición rival parecía un contexto más propicio para encontrar dentro y girar el juego con Corredera (como en la ocasión de Gaspar en el primer minuto) que jugar al pie con Guille Rosas o Diego Sánchez a los que no les puedes demandar el desequilibrio de un extremo.

Bloque asentado en campo rival, pero falto de desequilibrio

Ese último punto de la clave anterior fue algo que explicó muy bien el atasco del Sporting en los ataques posicionales. El equipo circuló mucho el balón en campo rival buscando que se generasen los espacios propicios para avanzar, aunque no tenía desborde individual para atacar última línea, más la dificultad evidente por la colocación del rival para poder buscar la espalda de la línea defensiva con desmarques. Todo ello se tradujo en una evidente dificultad para generar situaciones de área por esta vía -más adelante analizaremos otra-, pero al menos tuvo un lado bueno, y fue la capacidad del equipo de recuperar rápido y evitar largos repliegues.

Cada vez que el Sporting se topaba con la muralla defensiva del Granada, los rojiblancos consiguieron en muchas ocasiones recuperar con rapidez para reiniciar sus ataques. Algo sustentado sobre todo en la presión tras pérdida desde un punto de vista colectivo, pero también por la agresividad al defender adelante y la anticipación de un futbolista como Eric Curbelo. No fue una constante, en un partido con muchas interrupciones y un Granada también dominador por fases, pero cuando el Sporting pudo marcar esa diferencia recuperando rápido se notó y mucho en su juego.

Las transiciones como principal argumento ofensivo

Si en campo rival hubo atasco, en las transiciones ofensivas el Sporting volvió a encontrar su mejor aliado. Fue con diferentes contras, especialmente, como los de Borja Jiménez lograron encontrar sus situaciones de mayor peligro durante el partido al margen del balón parado. En la segunda parte, Dani Queipo estuvo cerca del gol finalizando dentro del área un buen ataque vertical de los rojiblancos. Más tarde llegaría la jugada que decidiría el marcador con una contra de manual en la que Otero puso en carrera a Gelabert, acompañado por Dubasin, y con una excelente finalización. Acciones muy contadas y muy al final, porque el partido discurrió por otros derroteros. Pero sea como fuere, volvió a evidenciar que es el mejor arma en ataque de los rojiblancos.

Diferentes fases defensivas con luces y sombras

Más difícil de valorar en un sentido aislado resulta el balance defensivo del equipo. Al margen de la agresividad en la defensa hacia adelante comentada anteriormente, el Sporting tuvo que afrontar fases de todo tipo, tanto de presión alta, con diferentes resultados, como en la defensa posicional. Algunas acciones fueron bien defendidas, si bien en otras la movilidad de Alemañ generó dificultades para frenar la progresión nazarí por fuera -especialmente por el costado izquierdo de su ataque- al generar superioridad cuando lateralizaba su posición. Con el equipo ordenado lograron contener bien sobre todo la parcela central, con un trabajo muy sacrificado del doble pivote, Nacho Martín y Bernal, siendo el maño el que tuvo más responsabilidades defensivas en las ayudas a sus compañeros de la línea defensiva, tanto fuera (Guille Rosas) como dentro (Curbelo), tratando de tapar sobre todo los movimientos de ruptura de un siempre incómodo Arnaiz.

En la defensa del área, sin sobresalir, alguna acción a balón parado pudo tener peor desenlace -sin ir más lejos la del gol anulado tras superar a Diego en el uno para uno-, sumando la gran ocasión visitante del partido en botas de Arnaiz al ganar la espalda de la zaga con suma facilidad para encontrar situación de finalización. Bien en líneas generales, pero con muchos aspectos 'micro' a vigilar.

Los cambios

Dubasin y Queipo por Gaspar y Bernal. Mantuvo el sistema, pero devolvió a Gelabert y Corredera a sus posiciones naturales. Y se notó sobre todo en la acción del gol. En lo individual, Queipo tuvo algo más de chispa y generó cierto desequilibrio que tanto se había echado en falta en los minutos previos, al igual que un Dubasin siempre con malas intenciones. Sumaron para que el Sporting diese un paso adelante de cara a los minutos finales.

Manu Rodríguez por Gelabert. Piernas frescas para reforzar el medio con un perfil de mayor trabajo en un contexto de partido que requería eso, siendo el tiempo añadido ya sin mayor posibilidad para incidir en el juego desde el plano individual.

Nota a Borja Jiménez y el resto del cuerpo técnico.

Bien. El equipo tuvo un buen control del partido tanto con balón como sin él, teniendo delante un rival que perfectamente pudo compartir esa misma sensación. Un duelo igualado, marcado a favor por el detalle de ser tan dañinos a la contra, y con tantas cosas buenas a rescatar como malas a corregir. Un partido más de trabajo que de lucimiento personal o colectivo, pero correcto en líneas generales en la mayoría de facetas. Resultado al margen, se le puede pedir más a este equipo, pero no menos que ofrecer una versión competitiva en los días que más toca remangarse. Esta vez cumplió con ello.