Artículo de análisis
10 ene 2026 . Actualizado a las 15:52 h.Segunda derrota consecutiva del Real Sporting de Gijón en un partido nuevamente marcado por el pobre nivel del conjunto rojiblanco en ambas áreas. Los de Borja Jiménez generaron más tiros que en cualquier otro partido de la temporada salvo el del Burgos (con el mismo marcador en contra) y ni el acierto individual permitió otro resultado ni el funcionamiento colectivo ayudó a compensar lo anterior. Analizamos en base a 4 claves tácticas destacadas el desempeño de los asturianos:
Una cuestionable elección de perfiles dinamitó la fase defensiva
Borja Jiménez apostó por una fórmula ya conocida desde su llegada al banquillo, adelantando a Álex Corredera y dando libertad a César Gelabert para que partiera desde fuera hacia posiciones interiores. En ofensiva no fue algo muy diferente a lo habitual, pero en fase defensiva fue una cuestión que penalizó mucho al equipo. Corredera volvió a ser el que acompañara a Otero en el 4-4-2 (más bien 4-2-4) del equipo a la hora de presionar alto. Algo ya de por sí poco natural. Una presión totalmente ineficiente y mal planteada, con facilidades para salir por parte de un Cádiz que, de hecho, no tenía reparo alguno en buscar el juego directo. Más bien todo lo contrario. Además, ese rol de Gelabert como falso extremo se tradujo fácil en una evidente falta de ayudas por el costado zurdo de los rojiblancos. Algo, que sumado al mal momento individual de Diego Sánchez, fue un caramelo demasiado goloso especialmente para un jugador del perfil de Brian Ocampo. Lógicamente, se pagó caro.Sorprende y mucho la elección de perfiles en este partido en concreto.
Vulnerables por dentro y en transiciones a partir de la excesiva separación de las líneas
Independientemente de la altura a la que decida defender el Sporting, la clave de todo sin balón siempre será la capacidad del bloque de estar junto. Vayas alto a presionar o decidas aguantar en tu campo o cerca de tu área, las distancias deben ser las menores posible, dentro de un equilibrio, para que las ayudas lleguen a tiempo y los rivales tengan más dificultades para encontrar espacios para avanzar. Ayer fue todo lo contrario. Las distancias entre la línea defensiva y los mediocampistas era excesiva. El Sporting se resquebrajaba con suma facilidad por dentro ante la mínima conducción de los locales, y peor aún era la fotografía a la hora de defender una transición rival, con el equipo partido a la mínima. El Cádiz encontró muchas facilidades para jugar a la contra o con su juego directo sin apenas capacidad de respuesta por parte de los rojiblancos. Alfombra roja.
Micro conceptos para ser anticompetitivo
El (des)acierto individual estuvo muy presente, y con un efecto muy negativo, en el desarrollo del partido para los rojiblancos. Yendo más allá de la inspiración particular de cada futbolista, en lo colectivo también se encuentran factores que empujaron a esas imprecisiones; desde las amplias distancias entre líneas que fomentaron una manifiesta debilidad en duelos clave, así como las pérdidas evitables que dieron opciones de transiciones al rival, hasta otra cuestión marcó diferencias, con una importante influencia colectiva: las acciones a balón parado. El Sporting mostró una fragilidad preocupante en la defensa de estas situaciones, especialmente desde el saque de esquina. Algo que en área contraria no logró revertir.
Ideas claras con balón, como único aspecto positivo
El Sporting tuvo largas fases de dominio de balón sobre su rival. Es cierto que el contexto fue contrario desde muy pronto, con el tempranero 1-0 apenas superado el minuto 10 de juego. Aun así, las premisas parecían claras: combinar en primera línea para tratar de progresar con pases verticales por dentro, aprovechando la acumulación de jugadores en el pasillo central, o en caso de no haber esa opción, buscar rápido la acción por banda para colgar centros al área -de ahí que muchos rechaces acabaran en córner a favor- o practicar un juego más directo en el que los desmarques de Otero o Gelabert pusieran en algún compromiso a la línea defensiva rival. En un partido que se genera tanto y por tantas vías, por más que el contexto sea el que sea, algo bien tuvo que hacerse en fase ofensiva. Aunque lo del acierto, puramente individual, ya fuese otro cantar. Y lo que mejor explicó el resultado final, por otro lado.
Los cambios
Queipo por Bernal. Cambio de perfiles y de sistema en definitiva con la introducción de un extremo más natural y retrasando la posición de Corredera para equilibrar el centro del campo. Queipo ayudó a dar mayor verticalidad al juego y más amplitud a la disposición del equipo.
Pablo, Manu, Amadou y Gaspar por Diego, Nacho, Corredera y Dubasin. Cuádruple cambio, a la desesperada, modificando el sistema a un 4-4-2 ofensivo, justo después de anotar el 3-1.
Nota a Borja Jiménez y el resto del cuerpo técnico
Insuficiente. El propio Borja lo reconocía; encajando 3 goles resulta imposible puntuar. A pesar de hacer un partido bueno con balón, o al menos siendo capaz de generar multitud de ocasiones, resulta imposible por mi parte aprobar un planteamiento en el que te ves tan superado defensivamente. El primer cimiento fue lo más inestable posible y eso condenó al equipo a la derrota junto a un desmedido desacierto en lo individual donde el cuerpo técnico tiene una menor influencia. Respecto a lo que sí dependía de la pizarra, la mala disposición colectiva, la errática elección de perfiles respecto al planteamiento y las muestras anticompetitivas que dejó el equipo en este partido hacen que resultado y valoración del mismo vayan de la mano. Resulta urgente corregir tantos déficits defensivos.