«Suspenso a Borja, fue de las peores versiones del Sporting y desaprovecha otra oportunidad de Playoff»

Dani Souto

SPORTING 1905

Borja Jiménez
Borja Jiménez LaLiga

Texto de análisis

23 feb 2026 . Actualizado a las 15:38 h.

El Real Sporting de Gijón consiguió rescatar un empate en el tramo final en su duelo frente al Real Valladolid en un partido marcado sobre todo por la doble cara mostrada por los rojiblancos en el transcurso de la primera mitad. De una versión controladora y dominadora a una totalmente frágil y vulnerable que puso cuesta arriba la segunda mitad, exponiendo varios de los problemas del equipo. Analizamos el rendimiento de los de Borja Jiménez a partir de 4 claves tácticas destacadas:

La claves de un inicio dominador

El Sporting firmó uno de los mejores inicios de la temporada a nivel propositivo con el bloque asentado a gran altura. Algo que los rojiblancos lograron a partir de varias claves, como el ritmo rápido de circulación, triangulando siempre con apoyos cercanos, los mismos que permitían apretar la pérdida para impedir una salida rápida de los vallisoletanos, o una presión coordinada para impedir una salida en corto que los visitantes tampoco trataban de construir. Los envíos directos, tanto en el duelo como especialmente en las segundas jugadas -referencia de nuevo a la importancia de las vigilancias y de estar cerca-, no fueron un especial problema en el inicio del partido, restando total continuidad a la propuesta del Valladolid, que también estuvo altamente impreciso. Un contexto que se mantuvo, aproximadamente, hasta el minuto 20 de encuentro, cuando todo se desmorona.

Desajustes con y sin balón cambiaron las tornas

Prácticamente todas las claves destacadas en el párrafo anterior se desvanecieron. Con balón, el Sporting perdió el control de la posesión al ser incapaz de conquistar la espalda del doble pivote pucelano, que había sido una de las claves para poder girar el juego y verticalizar las acciones. Los rojiblancos solían generar una superioridad en primera línea con Justin sumándose a los dos centrales ante la primera línea de presión de dos puntas rival. Justo a su espalda, Manu solía tener un acompañante a esa altura, muchas veces Gelabert, que jugaba por el otro perfil, lo que hacía ganar metros por el otro lado a Corredera en una posición clave como objetivo para que el balón pasara por él y así poder verticalizar. Ese posicionamiento entre líneas se perdió, el Valladolid no tenía esa amenaza y podía defender mejor hacia adelante y el Sporting se diluyó absolutamente con balón cayendo en una precipitación hacia el juego directo -demasiado frecuente en estos partidos- tan infructuoso como perjudicial a la hora de restar toda continuidad en el juego, y además sumó una serie de pérdidas que les condenaron.

Sin el cuero, la clave pasó sobre todo por la defensa del juego directo desde la presión. Latasa seguía en inferioridad ante los centrales, que además contaba con esas ayudas de los defensores cercanos. Sin embargo, el Valladolid sumó algo más de pausa en sus primeros pases, combinando más en su primera línea esperando que las marcas individuales del Sporting dieran el paso adelante y saltasen prácticamente hasta el área rival. Esto fue clave, y perseguía un doble objetivo claro: estirar al equipo para que esas vigilancias ya no pudieran estar tan próximas en las segundas jugadas y poder poner de cara a sus jugadores de segunda línea, y también conseguir salir en combinación con frecuencia. De golpe, los rojiblancos se vieron sin el control de balón y con dificultades para salir de su propio campo. 

Problemas en la defensa a balón parado

Ante un Valladolid que se mostró superior en lo individual en muchas acciones de duelos sobre todo por alto, el Sporting mostró algunos problemas también a nivel colectivo en la defensa del área en el reparto de marcas y especialmente la defensa de segundas jugadas, siempre complicadas. Tan solo Yáñez mantuvo un nivel individual a destacar al dominar su zona de influencia, pero fue justo un desajuste colectivo en las marcas lo que allanó el camino hacia el 1-1, consiguiendo alterar el marcador a partir de un tipo de jugada en el que los rojiblancos se estaban mostrando inferiores.

Dificultades para atacar un bloque bajo

El segundo tiempo, tras la remontada visitante en el tramo más inconsistente de los rojiblancos, pasó inevitablemente por un mayor control de balón local y un paso atrás del Valladolid, que buscaba proteger su renta y tratar de dañar en algún contragolpe. Una opción tuvo, y muy clara, para poner un 1-3 que podía haber supuesto la derrota. Le faltó algún número en la bota derecha a Peter para ello. En el caso del Sporting, el atasco fue evidente. El ritmo de circulación no fue óptimo y, sobre todo, no hubo la precisión deseada por dentro, incapaces de poner a los jugadores del último tercio mirando a portería, siempre recibiendo de espaldas y teniendo que buscar salidas alejadas que no terminaban de crear ventajas. Ese contexto se tradujo muchas veces en centros al área desde posiciones cómodas para la defensa en las que el Sporting no terminaba de imponerse. Faltaron recursos en ese último tercio -más allá de la inspiración individual- para conseguir desajustar a la defensa pucelana.

Los cambios

Gaspar por Justin. Sustitución al descanso para modificar la disposición tanto en salida como especialmente en último tercio, con Gaspar aportando mayor amplitud y prescindiendo de esa superioridad en primera línea no tan necesaria ya en ese contexto. A nivel conceptual, tuvo sentido.

Pablo García y Queipo por Oliván y Manu. Cambio de hombre por hombre en el lateral, condicionado por la amarilla y buscando una mejor versión individual, mientras que la entrada de Queipo pasó el sistema a un definitivo 4-4-2 con mayor amplitud en los extremos para tratar de abrir el repliegue rival.

Ferrari por Otero. Cambio que no alteró el sistema y que se produjo por los problemas físicos del colombiano.

Nota a Borja Jiménez y el resto del cuerpo técnico

Suspenso. Tan positivo fue el comienzo del partido como dolorosa la caída del equipo en diversos factores que no tuvieron corrección alguna. El descanso, esta vez, llegó muy tarde para la teórica mejora. El Sporting fue presa de la voluntad del Valladolid una vez fue perdiendo el control del juego, se vio especialmente superado sin balón y precipitado, una vez más, con él. Una de las peores versiones colectivas de los rojiblancos en la presente temporada hasta que ocurrió lo inevitable. En el segundo tiempo, cuesta arriba, el contexto no ayudaba, pero los asturianos tampoco encontraron herramientas suficientes para sobreponerse a ello, por más que lograra al menos sacar un empate final. Los de Borja Jiménez siguen desaprovechando oportunidades para demostrar ser un firme candidato que hasta ahora no pasa de aspirante.