Las claves de una reforma de El Molinón 'a lo Sadar': Coste, bajos comerciales y financiación

Dani Souto

SPORTING 1905

Interior del Estadio de El Sadar
Interior del Estadio de El Sadar CA Osasuna

Así fue la reforma del feudo de Osasuna

10 abr 2026 . Actualizado a las 01:07 h.

La afición del Real Sporting de Gijón mira a Pamplona. La Asociación Anselmo López, UNIPES y la Grada de Animación han reclamado este jueves al Ayuntamiento de Gijón que tome como modelo la reforma integral de El Sadar para abordar la renovación de El Molinón - Enrique Castro 'Quini', en respuesta a la propuesta del consistorio de destinar 2 millones de euros a la cubierta de la grada oeste como primera fase de una intervención por determinar que afectaría al resto de gradas. El ejemplo navarro ofrece diferentes cuestiones similares a las del feudo gijonés, pero también importantes cuestiones que los distancian.

La gran diferencia operativa: el nudo de los bajos

En El Sadar no había, antes de la reforma, ninguna concesión de los bajos comerciales a un tercero que condicionara la intervención. El estadio contaba con un par de espacios de hostelería de gestión sencilla, sin contratos de larga duración con empresas externas. La reforma mantuvo la naturaleza de esos negocios y los integró en el nuevo diseño. En El Molinón, la situación es radicalmente distinta: los bajos están cedidos a Molinón Espacio Urbano S.L. mediante una concesión administrativa que el Ayuntamiento adjudicó en 2006 por un periodo de hasta 60 años. Eso convierte cualquier reforma integral del estadio en una negociación de tres partes -club, consistorio y concesionaria- con intereses y plazos que no siempre apuntan en la misma dirección. No es un detalle menor: es el principal obstáculo estructural que distingue El Molinón de prácticamente cualquier referente al que se quiera mirar.

Lo compartido: un estadio de titularidad pública

Para entender cómo se articuló la reforma en Pamplona hay que conocer antes la situación de partida. Osasuna atravesó a principios de la década de 2010 una crisis financiera de extrema gravedad, con una deuda acumulada con la Hacienda Foral de Navarra que el club era incapaz de afrontar. La solución llegó en 2014 a través de una ley foral aprobada por el Parlamento de Navarra: Osasuna saldaría su deuda tributaria transfiriendo la propiedad del estadio y las instalaciones de Tajonar al Gobierno de Navarra. A cambio, la Comunidad Foral le cedía el uso del estadio durante 30 años, con una renta anual de 75.000 euros mientras el club estuviera en Segunda División y de 150.000 si ascendía a Primera.

La situación resultante en 2019, cuando se plantea la reforma, es por tanto similar en lo esencial a la de El Molinón: el estadio es de una administración pública y el club es mero cesionario. La diferencia no está en la propiedad, sino en la actitud de esa administración. Cuando Osasuna presentó el proyecto, el Gobierno de Navarra no solo dio luz verde sino que avaló la operación con hasta 23 millones de euros para garantizar los préstamos necesarios, con el respaldo de 41 de los 50 parlamentarios navarros. En Gijón, en cambio, las actuaciones no están planeándose de manera conjunta ni en financiación ni ejecución. Algo parecido a lo que ya sucedió en el germen del proyecto para ser sede del Mundial 2030. Reuniones y hasta firmas de compromisos -en aquella ocasión- que no llevaron a ningún punto.

Otro punto discordante: los socios eligieron el estadio que querían

La reforma de El Sadar arrancó formalmente en julio de 2018, cuando el presidente Luis Sabalza anunció un proceso participativo sin precedentes en el fútbol profesional español: los socios decidirían, mediante votación, qué estadio querían. Punto relevante el hecho de ser uno de los pocos clubes profesionales que no están configurados como una SAD. Se convocó un concurso de arquitectura entre cinco propuestas, con la condición de que los proyectos fueran llave en mano, avalados por una constructora, y con un tope de 16 millones de euros. En febrero de 2019, con 8.409 socios participantes, el 90,37% votó a favor de la reforma integral. El proyecto ganador, con el 45% de los votos, fue el denominado «Muro Rojo», de OFS Arquitectos y la constructora VDR. Un mes después, la asamblea aprobó la financiación y en junio de 2019 comenzaron las obras. Todo ello, como punto de partida, por la necesidad de instalar una nueva iluminación por normativa de LaLiga que obligaba al club a construir una nueva cubierta ya que la antigua no podía soportar su peso. Sólo esa obra ya estaba presupuestada en 8,5 millones de euros, con lo que la directiva se planteó una reforma más ambiciosa.

Qué se hizo y en qué orden

La intervención respetó la estructura original de 1967 y la ampliación de 1989, pero transformó prácticamente todo lo demás. La primera fase, durante el verano de 2019, se concentró en la tribuna de Preferencia: vaciado completo de la planta baja, renovación íntegra de vestuarios, oficinas, accesos y escaleras. A partir del otoño de ese año arrancó la segunda fase, con la construcción por el exterior de las nuevas estructuras en las gradas de Sur, Lateral y Norte. En el verano de 2020 se acometió el interior de esas tres gradas y la sustitución de todos los asientos del estadio. El resultado fue un nuevo anillo superior de gradas que elevó el aforo de 18.375 a 23.576 localidades, con la altura del recinto aumentada de 15 a 24 metros y una cubierta única que por primera vez cerraba todo el perímetro del estadio.

Se renovaron también todos los baños y servicios de restauración, se instalaron cuatro nuevos ascensores en las esquinas del edificio, se habilitaron más de 70 plazas para personas con movilidad reducida, se ampliaron las zonas VIP con 16 nuevos palcos de empresa y se creó la Sala 1920, un espacio multiusos de más de 400 metros cuadrados con vistas al campo. La planta baja, liberada de usos anteriores, se transformó en siete locales comerciales con salida directa a la calle, concebidos para tener actividad los siete días de la semana y no solo los días de partido. Las obras concluyeron en diciembre de 2020, año y medio después de comenzar.

El sobrecoste del proyecto y cómo se pagó

El presupuesto licitado era de 16 millones de euros. El coste final ascendió a 23.306.258 euros. Los 7,3 millones de diferencia se explican por mejoras que se decidió incorporar una vez iniciadas las obras -algunas de ellas ya comentadas anteriormente- y que no estaban en el proyecto original: la remodelación completa de los vestuarios por petición expresa del cuerpo técnico, el cambio de la totalidad de los asientos del estadio, la apuesta por una cubierta única para todo el recinto y la ampliación de los espacios comerciales de la planta baja. Osasuna publicó un informe de 259 páginas con todas las facturas de la obra y lo distribuyó entre sus socios compromisarios, un ejercicio de transparencia poco habitual en este tipo de procesos.

La financiación se articuló en dos tramos. Los 16 millones iniciales se cubrieron con un préstamo bancario avalado por el Gobierno de Navarra y autorizado por la asamblea de socios. Los 7,3 millones adicionales se financiaron en parte con fondos propios del club -alrededor de 5 millones- y los 2,3 millones restantes mediante un acuerdo de patrocinio a 10 años con las empresas Gabyl y Enhol, que participaron de la obra. El 100% del coste lo asumió el club, sin aportación directa de dinero público, aunque con el aval institucional del Gobierno foral como palanca para acceder al crédito. El coste por asiento resultante fue de 990 euros, uno de los más bajos de Europa para una reforma de esta envergadura. En marzo de 2022, el portal especializado StadiumDB eligió El Sadar como el mejor estadio del mundo construido o reformado en 2021.