«Suspenso a Borja, el Sporting es un desierto de fútbol en el que no cree ni su entrenador»
SPORTING 1905
Texto de análisis
10 may 2026 . Actualizado a las 17:57 h.El pasado viernes saltó la bomba con el anuncio de la no continuidad de Borja Jiménez. Apenas 36 horas después, la vida siguió igual. El Real Sporting de Gijón volvió a caer fuera de casa, lo hizo siendo otra vez remontado y en los minutos finales, y además dejando por enésima vez una mala imagen en general. La pizarra tampoco se salva. Analizamos en 4 claves tácticas destacadas el desempeño de los rojiblancos:
Cambio de sistema para un plan demasiado reactivo
Una de las cuestiones más llamativas -cambios aparte- en lo táctico fue el cambio de apuesta por parte de Borja en la elección del sistema inicial. Sobran dedos de una mano para contabilizar las veces que apostó por comenzar un partido formando con una defensa de 5 efectivos, algo seguramente coherente de partida ante un rival con acumulación de juego interior, mucha movilidad y amenaza con varios perfiles, pero especialmente si consideramos que tu plan desde el primer momento pasó por plantarte en un bloque medio-bajo, prácticamente siempre en tu mitad de campo, renunciando al balón y a la presión alta y priorizando el orden en las basculaciones y las ayudas. Un plan totalmente reactivo que derivó en un Sporting sin posesión, sin capacidad de robo al no lograr defender hacia adelante y que en definitiva ayudó a destapar varias de las carencias defensivas que persiguen este año al equipo.
Equipo estirado en la defensa posicional
Esta fue una de las más evidentes. El partido, que mutó de deporte para ser uno de balonmano, quedó totalmente bajo el control del Málaga, que inteligentemente circulaba el balón lado a lado, con mucha paciencia, eso sí, para obligar al bloque rojiblanco a moverse. La amplitud de sus extremos estiró a la defensa, algo habitual ante este tipo de planteamientos. Y a partir de esa distribución de espacios, a la zaga del Sporting le ganaron la partida de diferentes maneras; ya fuera conquistando la espalda de los laterales -especialmente por el lado de Diego-, algo más puntual por la escasez de espacio a la espalda de la defensa al estar tan baja, o bien situando receptores en zonas intermedias, ya fuera para recibir y girarse entre líneas o bien atacar el intervalo entre central y lateral para tratar de generar algunos desajustes. Funcionó, pues por una cosa o la otra, el Málaga gozó de numerosas situaciones de área, muchas de ellas con finalización, unas veces desacertada y otras bloqueada por pura acumulación, propia y rival. El juego se desarrollaba en pocos metros a lo largo, y la defensa de área rojiblanca aguantó lo que aguantó. Del pecado de estar demasiado estirado llegaron los dos goles, aunque el segundo, eso sí, tiene su justificación al surgir de una pérdida en salida.
Zaga demasiado hundida en la defensa de la frontal
Otro aspecto clave de la manifiesta fragilidad defensiva rojiblanca fue la facilidad con la que el bloque se hundía en exceso. El doble pivote, formado por Smith y Corredera, perseguía a sus marcas por dentro llegando incluso a incrustarse entre la zaga, saturando especialmente el carril central. Esto hacía que muchas veces se generase un espacio demasiado amplio en los repliegues a la hora de ocupar la zona de la frontal. Un lugar liberado que obligaba a repetir esfuerzos, sobre todo al canadiense, para salir de atrás y tratar de tapar esa vía de entrada. Un lugar de influencia especialmente delicado, pues daba origen a situaciones de disparo desde media distancia, faltas peligrosas en la frontal o la oportunidad de pases filtrados a un buen desmarque o una incorporación por fuera. Este comportamiento no hacía más que embarullar y empujar a la línea defensiva contra su propia portería. Un Sporting que se retroalimentaba en su hundimiento y que facilitaba al Málaga vivir cómodamente en último tercio de campo.
Sin capacidad para salir ni adelantar el bloque con balón
En relación a lo anterior, pero también a la disposición del equipo una vez se queda con 10, el Sporting mostró muchísimas dificultades para salir de ese asedio de área local. Fuese a través de una contra en combinación, algo muy complejo por la amplia distancia incluso hasta campo rival -eso sí, salió una y acabó en expulsión-, o sobre todo con un envío largo y un receptor de espaldas que permitiera oxigenar el juego, algo que no existió y que prácticamente no se intentó hasta la entrada de Otero, los rojiblancos no tenían capacidad de reacción. Estaban encerrados y así iba a seguir siendo. En algún tramo aislado, ya 10 contra 10, se consiguió trenzar alguna posesión, muy pasiva, pero al menos segura para conseguir avanzar algo y separar el bloque de su propio área con la posesión de balón. Fue algo más bien aislado, pues la tónica general pasó por el repliegue, el despeje no orientado y la vuelta al repliegue. Con un equipo, además, tendente a hundirse. Exasperante.
Los cambios
Otero por Gaspar. Cambio de perfil con la intención de ganar más una referencia ofensiva para poder salir o en su defecto atacar los espacios y poder adelantar el bloque. No fue hasta un cuarto de hora después, con otro sistema, cuando quedó más definido como '9'.
Kevin y Manu por Cuenca y Diego. Cambio de sistema a una línea de 4 atrás, con la sorprendente elección de Kevin a pie cambiado como lateral, justificado por el técnico por el perfil interior del extremo que había incorporado el Málaga por ese lado.
Pablo García y Conde por Rosas y Corredera. Ajuste en los laterales, deshaciendo la decisión anterior, optando por un perfil más ofensivo y también más presencia arriba pasando a una especie de 1-4-3-2, aunque sin minutos para tener incidencia alguna.
Nota a Borja Jiménez y el resto del cuerpo técnico
Insuficiente. Débil versión en defensa e inexistente en ataque. Un chispazo de inspiración colectiva (el 0-1) fue el único oasis en un desierto de fútbol en el que ya ni el propio entrenador cree. Con todo el circo que se ha montado en las últimas horas, ya solo queda esperar que pase lo más rápido posible un final de temporada que vuelve a ser excesivo castigo a una afición a prueba de límites. Un día más, un día menos.