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21 jun 2026 . Actualizado a las 20:00 h.LaLiga y la Federación Española siguen permitiendo un año más la llegada de filiales a Segunda división. En este caso es el turno del Celta B, que eliminó a la Ponferradina, lo que en cierto modo supone una adulteración de la competición por todas las implicaciones que conlleva a nivel de convocatorias, pero también porque se suma al filial de la Real Sociedad, por lo que 2 de los 22 conjuntos de la categoría de plata no pueden optar ni a las 4 plazas del Playoff, ni a las 2 del ascenso directo. Matemáticamente da opciones extra de ascenso al Real Sporting de Gijón frente a una liga con 21 'primeros equipos' como adversarios.
Esto ya ocurrió en su día con el Córdoba, que logró el ascenso a Primera división después de quedar como séptimo clasificado en la liga regular, el equipo se benefició de que el Barcelona B no podía ascender y pudo disputar el Playoff de ascenso.
Además de que matemáticamente garantiza más opciones de ascenso para el Real Sporting de Gijón al tener menos rivales para lograr su objetivo, también supone evitar a un club que posiblemente tenga un mayor potencial de competir por la zona alta. El Leganés pasó en tres años de competir en Segunda B a Primera, el Eibar en dos años y el Mallorca en otros dos años, sin olvidar el caso más reciente del Deportivo, que a la segunda ascendió.
A su vez, el recién ascendido Ceuta clavó este año los 61 puntos sportinguistas y el Andorra se quedó a solo 3 unidades de distancia. El Tenerife, el Eldense y el Sabadell son los otros equipos que ascienden desde Primera RFEF.
Listado completo de la nueva Segunda división: RCD Mallorca, Girona FC, Real Oviedo, UD Almería, UD Las Palmas, CD Castellón, Burgos CF, SD Eibar, Córdoba CF, AD Ceuta, Albacete BP, FC Andorra, Granada CF, Real Sociedad B, CD Leganés, Cádiz CF, CD Tenerife, CD Eldense, CE Sabadell, RC Celta Fortuna y Real Valladolid.
El eterno debate de la liga de filiales
Pocas cuestiones generan tanta división entre los aficionados al fútbol español como la presencia de los equipos filiales en las competiciones ligueras. Cada vez que un filial logra un ascenso o pelea por una plaza de promoción, como sucedió en su día con el Sporting B, vuelve a surgir la misma pregunta: ¿Deberían seguir compitiendo en las mismas categorías que los primeros equipos o sería mejor adoptar un modelo similar al inglés, con una liga específica para equipos de cantera?
Los defensores de los filiales argumentan que forman una parte esencial del desarrollo de los jóvenes futbolistas. Competir contra equipos profesionales, en estadios exigentes y ante rivales que se juegan ascensos, permanencias o títulos, proporciona una formación mucho más valiosa que disputar encuentros exclusivamente entre equipos de jóvenes promesas. Sin embargo, los críticos consideran que la presencia de filiales desvirtúa la competición. Un equipo dependiente de otro club nunca compite en igualdad de condiciones con una entidad independiente. Puede reforzarse con jugadores del primer equipo, no tiene la misma presión económica y deportiva y, además, nunca puede ascender a la categoría donde milita su club matriz. Esto provoca situaciones peculiares.
Los detractores también señalan que los filiales ocupan plazas que podrían corresponder a clubes históricos con una fuerte implantación social. Para muchos aficionados resulta difícil aceptar que un equipo seguido por unos pocos cientos de espectadores pueda impedir el ascenso de entidades que representan a ciudades enteras y movilizan a miles de personas cada fin de semana. Por ello, cada cierto tiempo surge la propuesta de copiar el modelo inglés. En Inglaterra los equipos filiales no participan en la pirámide profesional. Los grandes clubes cuentan con competiciones específicas de cantera y torneos de desarrollo donde los jóvenes acumulan minutos antes de dar el salto al primer equipo o salir cedidos a otros clubes. Los partidarios de este sistema creen que permitiría proteger la integridad competitiva de las ligas y garantizar que todos los participantes persiguen exactamente los mismos objetivos.
No obstante, el modelo inglés tampoco está exento de críticas. Muchos entrenadores consideran que el nivel competitivo de las ligas de cantera es inferior al de las categorías profesionales. Además, Inglaterra ha tenido que recurrir masivamente a las cesiones para completar la formación de sus jóvenes talentos, mientras que en España numerosos futbolistas han podido crecer dentro de la estructura de su propio club sin abandonar la entidad. La cuestión de fondo es qué debe priorizar el fútbol español: el desarrollo de los jugadores o la pureza competitiva de las ligas.