«Así transformó Larcamón al Sporting para ganar al Burgos, 4 claves tácticas para convertir las críticas en un aprobado»

Dani Souto

SPORTING 1905

Nicolás Larcamón en el banquillo del Real Sporting de Gijón
Nicolás Larcamón en el banquillo del Real Sporting de Gijón LaLiga

Una versión muy diferente del Real Sporting de Gijón en apenas 6 días permitió a los de Nicolás Larcamón celebrar su primera victoria de la temporada. El técnico argentino introdujo matices en su propuesta táctica que beneficiaron al equipo ante la propuesta de un Burgos que tuvo serios problemas para generar peligro. Analizamos a partir de 4 claves tácticas destacadas el desempeño de los rojiblancos:

Matices desde el sistema y el rol clave de Cuenca

A pesar de que las piezas elegidas para el once podían encajar en el mismo dibujo que viene trabajando el nuevo cuerpo técnico durante todo el verano, los comportamientos fueron muy diferentes en varias fases del encuentro, especialmente por el perfil izquierdo. Nikita Iosifov tenía la consigna de mantenerse alto sobre todo ante la salida de balón de un Burgos que quería combinar desde su primera línea. Una intención de ir hacia adelante en defensa que también condicionó la altura del central de ese lado; un Andrés Cuenca que se estrenaba de nuevo como rojiblanco y que en esta fase sin balón hacía las veces de un lateral, saltando sobre el extremo rival y ahogando en esa presión ante cualquier potencial recepción de espaldas. Y sin embargo, cuando el equipo estaba atacando en campo rival, el andaluz era el tercer central que cerraba y daba equilibrio.

Con balón, de hecho, se vio fácil esa dualidad como central-lateral; más como tercera pieza para dar superioridad en salida de balón y combinar en primera línea, y con libertad para incorporarse a posiciones más ofensivas cuando el bloque alcanzaba ya la divisoria, en ocasiones para arrastrar a su marca, hundiéndola, para abrir una línea de pase en amplitud -a Nikita- y otras para recibir y llevar adelante el juego del equipo. Así, con una conducción y una fantástica clarividencia para el pase, llegó el único gol del partido explotando esa conexión con Otero que ya dio otro gol en la segunda vuelta del curso pasado. Un rol clave en el partido.

El otro matiz más relevante tuvo que ver con el reparto de espacios en la última línea. La entrada de Konrad para actuar en esa doble mediapunta aportó un comportamiento muy diferente. El estadounidense no participaba tanto de la circulación de balón del equipo, sino que se enfocaba en ser una amenaza al espacio, con constantes movimientos circulares de dentro a fuera que buscaban dar una salida a la jugada por el costado diestro, demasiado aislado en la figura de Guille Rosas en la jornada del debut ante el Sabadell. Esto liberó a su vez el carril central para Gelabert, que se aprovechó de la movilidad de su socio entre líneas para ser receptor a una altura superior que en el estreno liguero. Un factor que el cuerpo técnico -y los jugadores- había detectado como necesario de mejorar. Así, en diferentes fases se llegaba a dibujar de partida un 4-2-3-1 muy diferente al de la última propuesta.

La importancia de la presión alta y la activación tras pérdida

Ante un Burgos que pretendía salir jugando desde atrás y que no renunciaba a esa idea, la presión alta tomaba una importancia capital. El Sporting planteó una presión alta en inferioridad que buscaba orientar el juego rival hacia los costados y, una vez ahí, emparejar por pares para evitar un pase de avance por dentro, obligando a volver a jugar en corto con el guardameta o el jugador más cercano, que también estaría encimado. El Sporting puso en dificultades al Burgos, y sobre todo fue ajustando las posiciones de su doble pivote (Manu - Corredera) para evitar esa progresión en salida que sí habían conseguido en alguna ocasión los de Sergio Francisco al comienzo del partido. Una vez balanceado por dentro, la única alternativa de los burgaleses pasaba por cambios de orientación muy largos hacia, ese sí, el jugador libre que había en el costado opuesto. Una circunstancia que, mientras el físico lo permitiera, facilitaba reordenarse con una correcta basculación en bloque medio. De igual manera, la intensidad en la presión tras pérdida resultaba clave, y ahí el Sporting también ofreció una versión mejorada respecto al debut, ganando varias segundas jugadas que permitían cortar la transición rival y por momentos de partido asentarse en campo ajeno.

Fases de bloque medio-bajo con necesidad de balón

Más allá de unos minutos finales de puro empuje del rival y defensa férrea propia en el entorno del área en un contexto lógico por momento y resultado, el peor tramo del Sporting se vivió entre el gol y el paso por vestuarios. El Burgos tomó el control de la posesión y poco a poco se fue asentando en torno a la divisoria. Los rojiblancos se veían obligados a recular al no conseguir robar o forzar el error con su presión alta y poco a poco el bloque se fue hundiendo en su propio campo. El equipo estaba ordenado, incluso con algún pase dentro a la espalda del doble pivote que entrañaba peligro era mitigado por la labor de los tres centrales, en una disposición que favorece esos saltos. Una labor defensiva que fue correcta en líneas generales, tanto en bloque medio-bajo como en este tramo, como en los minutos finales que tocó defender área, con algunas situaciones límite que se solventaron bien. Sin embargo, lo que más se echó en falta fueron fases de mayor tenencia del balón, aunque fuera en una vertiente defensiva. Despojarle al Burgos de la posesión para restar continuidad a su juego y que el Sporting pudiera coger algo de aire y a su vez adelantar su bloque. Fue una de las consignas al descanso para ver más intención en este sentido al inicio de la segunda mitad.

Los cambios

Nacho y Pablo García por Manu y Konrad. Refresco en la medular para dar un plus en el control del balón que tanto se estaba echando en falta en el primer tiempo, y un ajuste por izquierda, con Pablo más próximo para dar ayudas, pero a su vez muy activo con y sin balón, desplazando a Nikita al carril central como punto de partida, pero con comportamientos muy similares a los que tenía Konrad.

Gaspar por Gelabert. Posicionamiento similar, con presencia entre líneas, y en su caso algo más de amenaza en la frontal a la hora de intentar buscar portería. Le faltó un punto más de finura en el plano asociativo.

Sarco y Ferreres por Otero y Nikita. Refresco en la última línea necesario de cara a los minutos finales. Ambos salieron con ganas de demostrar, lo que se veía en cada intervención con y sin balón. El argentino dispuso incluso de algunas opciones interesantes a la contra, aunque su mejor contexto queda claro que es otro.

Nota a Nicolás Larcamón y al resto del cuerpo técnico

Bien. El plan de inicio marcó las posibilidades de un Sporting que leyó bien lo que resultaba más importante en este encuentro en concreto, desde la salida de balón hasta la presión alta, y cuya interpretación por parte del cuerpo técnico cimentó la primera piedra hacia la victoria. Aun así, hubo momentos del partido donde se echó en falta algo más de control de la situación, especialmente en el primer tiempo, y quedó patente la sensación de necesitar algo más a la hora de generar situaciones de peligro en área rival, donde el equipo aún tiene que ir dando pasos hacia adelante. Algo comprensible en este punto de la temporada y del proyecto. Más allá de aciertos tácticos, la evolución colectiva tiene que seguir mostrándose semana a semana para seguir puntuando. Con 3 puntos más se trabaja más tranquilo.