«El suspenso a Larcamón y las 4 claves de la derrota de un Sporting incapaz de generar fútbol»

Dani Souto

SPORTING 1905

Nicolás Larcamón
Nicolás Larcamón Instagram

Segunda derrota consecutiva del Real Sporting de Gijón y de nuevo en casa. Un escenario, El Molinón - Enrique Castro 'Quini' que, con idéntico resultado, cambió los aplausos por pitos en cuestión de una semana. Reflejo fiel de lo que se vio este domingo sobre el césped del municipal gijonés. Analizamos en 4 claves tácticas destacadas el rendimiento de los de Nicolás Larcamón:

Inconexión con el juego interior

El Sporting no renunció en su planteamiento a su idea base de salir jugando desde atrás. Sin embargo, se vio obligado a muchos más desplazamientos en largo de los que habría deseado. La superioridad en primera línea con los centrales ofrecía la posibilidad de un juego horizontal que impedía el avance. Cuando el balón llegaba a la pareja de mediocentros, la mayoría de las ocasiones era para recibir de espaldas sin opción de giro o ya a una altura próxima a los centrales que no generaba ninguna ventaja por sí misma. La alternativa, como recurso, se planteó con la idea de atraer al rival para que saltara en la presión y buscar la espalda de su defensa con un envío largo principalmente al desmarque de un Otero exigido. A todas luces no resultó. Un factor que se combinó con una falta de atrevimiento que penalizó al equipo cuando vivió sus mejores minutos en el partido. Las situaciones en las que esa línea de pase sí se dibujaba hacia los espacios entre líneas por donde aparecía Gelabert tampoco se aprovecharon. Si se generan pocas posibilidades y las que hay no se aprovechan, el resultado es el que vimos.

Vulnerabilidad dentro y a la espalda

Uno viendo el partido desde fuera y con altura detectaba pronto que el Eldense parecía jugar un mismo deporte, pero de forma muy diferente. El plan del rival pasó por, ante los 3 centrales y el doble pivote rojiblanco, acumular jugadores en el pasillo interior. La movilidad era permanente, los extremos combinaban posicionamiento dentro para fijar al tercer central con desmarques de apoyo para generar dudas y cambios de marca en la zaga rojiblanca, lo que hacía que siempre llegasen tarde. Permutas constantes que permitían a los de Josep Ferrando tener un hombre libre con línea de pase abierta en la circulación del equipo. El Sporting perseguía sombras para no terminar de desordenarse. Aunque el remedio no parecía especialmente mejor que la enfermedad. Con los azulgranas asentados con balón, especialmente en largos tramos del primer tiempo, su idea además incorporó la que apunta a ser la mayor debilidad de los asturianos: la defensa del espacio a la espalda de la zaga. En esas combinaciones y movimientos antes comentados del Eldense, siempre había un jugador que hacía la trayectoria contraria, coordinados para, cuando recibía un lanzador de cara a la jugada, atacar la espalda de fuera hacia dentro, hacia la zona del tercer central -Cuenca por un perfil, Duñabeitia por el otro- eliminando ya al carrilero, y obligar al Sporting a defender corriendo hacia su propia portería. Algo nada deseable.

Falta de ritmo con balón y de intensidad sin él

Más allá de la imposibilidad de explicar el rendimiento del equipo en la franja horaria de las 14:00 de la tarde, algo que se ha dado con plantillas de lo más variopintas y todo tipo de entrenadores, el equipo pasó de ofrecer una versión intensa y aguerrida a ser, en apenas una semana, un equipo indolente y con desidia que apenas vagaba sobre el campo en líneas generales. Posesiones lentas, pases sin la tensión suficiente, una falta de activación impropia sin balón... Cuestiones relacionadas con la actitud de los jugadores, que mermaron sus aptitudes. Si ya de por sí competir y ganar en esta categoría es siempre una dificultad importante, si se plantea de esa forma resulta imposible hacerlo. Su solución no estará relacionada con la pizarra, pero también la afecta; su presión tras pérdida, su generación de espacios desde la combinación, su ocupación adecuada de los espacios... Como dijo Larcamón, es una derrota que el equipo no se puede permitir. No por el resultado sino por las formas.

Cambio de sistema para ganar presencia exterior

Con la segunda ventana de cambios y la entrada de un lateral en lugar de uno de los centrales, además de un perfil más de área en la delantera, Larcamón ajustó el sistema en busca del gol que les diera la victoria pasando a un 4-2-3-1 más definido. La idea base pasaba por la simplificación; ante la imposibilidad antes comentada de generar una circulación fluida a partir del juego interior, con esta nueva disposición pasaba a sumar un efectivo más en cada costado, con una banda ocupada por un Konrad de refresco y la otra contando con caídas de Otero o de Gelabert, mientras un '9' referencia representado por Antonio Casas se encargaba de ocupar área. Los centros laterales tomaron mayor cuota de protagonismo, pero ni la calidad de los envíos ni la acumulación de opciones de remate -en muchas ocasiones siendo Casas la única opción- convirtieron esta idea en papel mojado. Parecía que el Sporting podía pasar horas intentando atacar el área del Eldense sin que ocurriese gran cosa vista esa media hora final, especialmente atendiendo a cómo se intentaban finalizar -o no- cada acercamiento. Solo en la reacción inmediatamente posterior al paso por vestuarios fue lo mínimamente rescatable por parte de los rojiblancos en un partido que debe servir de acicate y no de punto de no retorno.

Los cambios

Loum por Nacho Martín. Mismo sistema, pero diferente perfil, con el objetivo de sumar un grado de intensidad que se hacía muy necesario precisamente en esa zona del campo que no estaba sumando con balón más allá de pérdidas recurrentes, y algunas peligrosas.

Pablo García, Konrad y Casas por Cuenca, Iosifov y Sarco. Cambio de sistema y de intenciones desarrollado previamente en una de las claves que no funcionó ni en lo individual ni en lo colectivo.

Bruno por Corredera. Perfil más ofensivo, en este caso sí en desventaja, para tratar de sumar un elemento de mayor peligro en el entorno del área rival en un momento que el equipo estaría más volcado.

Nota a Nicolás Larcamón y el resto del cuerpo técnico

Insuficiente. El planteamiento del partido no funcionó, sin capacidad de generar el fútbol que quería ni de defender adecuadamente la propuesta rival, y los ajustes del segundo tiempo tampoco lograron su efecto deseado. El Sporting se vio superado tácticamente y dio muestra de sus debilidades. Aspectos colectivos y de pizarra a los que sumar la falta de tensión competitiva requerida como un mínimo para cualquier partido de esta categoría. Algo quizás más individual, pero que el entrenador tampoco puede permitirse el lujo de ver en sus jugadores. Algo tantas veces visto en esto del fútbol como incomprensible en un deporte colectivo. Todos podemos tener un mal día en el trabajo, pero que la apatía se contagie de esta forma y en un mismo día no es de recibo. Tras el partido, cuatro mensajes prefabricados y la vida sigue.