«Orlegi debe convertir sus sueños de meter al Sporting en Europa en más hechos y menos palabras»

Dani Souto

SPORTING 1905

Nombramiento de Pepe Riestra
Nombramiento de Pepe Riestra Real Sporting

Artículo de opinión

02 oct 2026 . Actualizado a las 00:22 h.

Tan comprensible fue el recibimiento al más puro estilo 'Bienvenido, Mr. Marshall' en el verano del 22 como lo es hoy el hastío que provoca cada intervención pública de la ya no tan nueva propiedad del Real Sporting de Gijón. Los resultados siempre condicionan la mirada, y más aún cuando el que pesa es el de un derbi, pero esta vez los tiempos tampoco jugaron a favor de José Riestra: dos extensas entrevistas publicadas apenas unas horas después de la dura derrota en el Carlos Tartiere, una grabada antes del partido y otra después. A cada cual más alejada de la realidad.

Con ese escenario, el sportinguismo no podía permanecer indiferente a las palabras del presidente ejecutivo, y las examinó con una lupa aún más exigente de lo habitual. Aunque, a decir verdad, no hacía falta afinar demasiado la vista para detectar las pasadas de frenada del ejecutivo. Lejos de ofrecer un perfil bajo y prudente, el mexicano hizo justo lo contrario, fiel a una política comunicativa que ya es seña de identidad de Orlegi en estos años. Ni a base de bofetones se aprende.

Riestra habló de Europa. «Acabamos de entregar un plan a cinco años, hasta 2031, para ver dónde debería estar el Sporting», explicó, antes de dibujar un club «entre los diez primeros más importantes de España y peleando por puestos europeos». Lo hizo con el equipo vagando sin pena ni gloria por Segunda División, y lo dijo muy en serio, sin medio titubeo ni mueca. Un discurso que no hace tanto provocaba la mofa en Gijón cuando salía de boca de Jesús Martínez, paisano de Riestra y hombre fuerte de Grupo Pachuca en el eterno rival, y que ahora se escucha en casa. Como tantas otras cosas que ya se llevó el viento en este tiempo, son solo (desacertadas) palabras.

Comparto la importancia de la unión de todos los que conforman el sportinguismo, lo positivo de mostrar confianza en lo que uno hace y la necesidad de ser ambicioso en los objetivos. Es un mensaje que se reforzó con la llegada de Riestra al cargo, allá por enero. Sin embargo, la línea que separa la ilusión del delirio y la confianza de la soberbia es muy fina. El convencimiento es importante, pero no suficiente. Uno puede llegar a convencerse de muchas cosas, algunas incluso irreales, y no por ello se vuelven factibles. De hecho, el choque posterior con la realidad es todavía más duro y la caída, más pronunciada. Un arma de doble filo que al Sporting, desde que tengo memoria, casi siempre le ha estallado en las manos.

Palabras que cansan. Como sportinguista quiero hechos. No necesito un ascenso ni ver al equipo entre los diez mejores de España para valorar su trabajo, pero sí realidades más palpables a día de hoy. Están muy bien las sucesivas ampliaciones de capital y el saneamiento de las cuentas del club. Es de agradecer, de paso, que cada verano no haya que temer por la supervivencia de la entidad ni pensar qué cuadros venderán para cuadrar los números. Pero esa solidez se está traduciendo en proyectos deportivos de máxima convicción interna que, para el sportinguismo, están siendo poco más que actos de fe. Una fe que solo tuvo recompensa en la 23/24, con el quinto puesto y el Playoff de la mano de Miguel Ángel Ramírez. Y ya vamos por la quinta temporada.

Con todo, más allá de ensoñaciones a las que prefiero no hacer demasiado caso, lo que más me preocupó fue escuchar a Riestra verbalizar su propia gestión. Ya le habíamos escuchado en más de una ocasión aquello de «los objetivos no se cumplieron porque dejamos cosas sin hacer». Lo que no esperaba es que un club que presume de serio y profesional, y que se infla el pecho para alabar su propia gestión, admita que «perdimos el foco» con el césped de El Molinón, al que no se prestó la atención que requería la inversión realizada, porque estaban «centrados en la construcción de un Sports Bar en Mareo» y en terminar las obras de la ciudad deportiva. Un ejemplo que funciona casi como metáfora de todo lo que pretenden abarcar y del criterio con el que deciden qué va primero. La propia naturalidad con la que confiesa esto, como si fuera un mero detalle sin importancia, sorprende y entristece a partes iguales. Definitorio.

Peores gestiones se han visto en el fútbol con mejores resultados, incluso en este mismo club, y ahí están sus dos últimos ascensos a Primera para recordarlo. Quizá por eso el sportinguismo sigue esperando que, de alguna forma y aunque nadie sepa muy bien cómo, llegue por fin algo que llevarse a la boca. Pues de palabras ya va servido.

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