Travesía a bordo del galeón «Punta Pragueira»: «No se conoce bien una ciudad hasta que se ve desde el mar»

María Salgado
María Salgado REDACCIÓN / LA VOZ

SUPLEMENTOS

«Punta Pragueira», el galeón de la ría, con las velas desplegadas.
«Punta Pragueira», el galeón de la ría, con las velas desplegadas. GONZALO BARRAL

Dos horas de navegación en una embarcación tradicional gallega siguiendo los restos de la muralla de A Coruña permiten redescubrir la belleza y la historia de la urbe herculina

27 ago 2025 . Actualizado a las 05:00 h.

Soñaba nuestro rey poeta, nuestro rey astrónomo, nuestro rey criado en Allariz, con huir de todos los males terrenales a bordo de un galeón. Reconocía Alfonso X, el sabio, en una de sus más íntimas y evocadoras Cantigas de Santa María escritas en gallegoportugués en torno al año 1270, que volver a sentirse marinero era la mejor medicina: «Nada me agrada tanto, nin o canto das aves nin o amor nin as armas, como un bo galeón que axiña me leve lonxe deste demo da campiña onde están os alacráns, cuxa espiña xa sentín no meu corazón».

La pasión por el mar cambia destinos, el rumbo de muchas vidas, como la de Carlos Suero (León, 1970), que primero descubrió la vela, y luego, el patrimonio marítimo gallego. «Me quedé prendado», rememora quien hoy patronea el Punta Pragueira, un galeón de mediados del siglo XX que pertenece a la asociación Amigos das Embarcacións Tradicionais de A Coruña.

Una travesía recién estrenada

Después de que un temporal lo encallara y lo dejara casi herido de muerte hace más de una década, sus ocho metros de eslora por dos y medio de manga surcan desde julio la ría para mostrar a vecinos y turistas la historia y el rostro más bello de la urbe herculina. El runrún de su motor recién reparado o el silencio sedante de sus tres velas —cangreja, foque y trinquete— acompañan a quienes se aventuran a esta didáctica travesía de dos horas de navegación.

«Intento que la tripulación conecte emocional y cognitivamente con el mar, que no solo lo disfruten en el momento, sino que lo recuerden durante el resto de su vida y se lleven el conocimiento adquirido durante esta experiencia», asegura Suero, que abandonó el mundo de la publicidad por el timón tras el largo período de reflexión que supuso la pandemia del covid. «Me replanteé mi vida y mi profesión, y las reorienté al mar. Me saqué los títulos de capitán de yate, patrón portuario y patrón pesquero polivalente. Y ahora, estudio también el ciclo superior de Transporte Marítimo y Pesca de Altura», explica mientras prepara la nave, atracada en un pantalán de Marina Coruña, bajo la emblemática torre de control del dique de abrigo.

«ME QUEDÉ PRENDADO DEL PATRIMONIO MARÍTIMO». El leonés Marcos Suero es el patrón del galeón Punta Pragueira, que, construido a mediados del siglo XX, hace travesías a motor y a vela por el litoral coruñés desde el pasado julio. Turistas madrileños, catalanes, vascos y asturianos han subido a bordo.
«ME QUEDÉ PRENDADO DEL PATRIMONIO MARÍTIMO». El leonés Marcos Suero es el patrón del galeón Punta Pragueira, que, construido a mediados del siglo XX, hace travesías a motor y a vela por el litoral coruñés desde el pasado julio. Turistas madrileños, catalanes, vascos y asturianos han subido a bordo. María Salgado

Viento en calma, ni una nube en el horizonte y el sol de agosto ya cae en picado sobre el puerto cuando el reloj aún no marca las once de la mañana. «Dependiendo del estado de la mar y de quienes vayan a bordo, navego mar adentro o no salgo del espigón. Hay visitantes procedentes del interior peninsular que no saben nadar o que nunca se habían subido a un barco, así que intento que el galeón no escore para que no se asusten. La vivencia debe ser agradable, además de enseñarles y de mantener el patrimonio marítimo», apunta el patrón, precavido, justo antes de recibir a Manuela, Marisa y Fernando, tres turistas madrileños de origen asturiano. «Vamos a hacer una travesía siguiendo la muralla. No se conoce bien una ciudad hasta que se ve desde el mar», les anuncia Suero, que, tras darles la bienvenida y acomodarlos en la cubierta, suelta amarras.

Los galeones, construidos por carpinteros de ribeira con roble o pino del país, son naves de trabajo con poco calado y muy manejables, que se usaban desde finales del siglo XV para transportar por las rías gallegas pescado, redes y materiales de construcción como madera, tejas y barro. «Se acercaban a los pesqueros, cargaban sus capturas para que ellos pudieran seguir faenando, y las llevaban hasta una playa, donde varaban y las mujeres vendían la mercancía», explica el capitán, que enfila el Punta Pragueira hacia el Castillo de San Antón. «Antes era un islote y los guardas tenían que coger un bote para ir a tierra a por víveres. La muralla continúa después del parque de San Carlos y en aquella curva estaba la antigua playa de O Parrote», indica mientras se aleja de un colosal crucero de pasajeros con pabellón noruego y arriba a la Marina Real. «Podéis ver la Autoridad Portuaria, Correos, el Teatro Colón, las magníficas galerías de las antiguas casas de marineros que tenían barcas amarradas a sus muros, y los pesqueros de bajura, que ahora están en plena campaña del pulpo», añade.

DESDE EL CASTILLO DE SAN ANTÓN HASTA MERA El galeón parte del dique de abrigo, navega hacia la Marina Real y la lonja, y pone rumbo a los faros de Mera. Las reservas pueden hacerse a través de Google Business.
DESDE EL CASTILLO DE SAN ANTÓN HASTA MERA El galeón parte del dique de abrigo, navega hacia la Marina Real y la lonja, y pone rumbo a los faros de Mera. Las reservas pueden hacerse a través de Google Business. María Salgado

La proa corta el agua con suavidad y avanza a solo unos pocos metros del paseo marítimo y su habitual ajetreo matutino. «El puerto coruñés es magnífico porque tiene una zona de cruceros y otras para descargar cereal, gas, petróleo y pescado fresco. Vamos a ir hacia aquella nave que acoge exposiciones de fotografía, y que tiene una luz impresionante, y vamos a izar allí las velas», anuncia el leonés, que reconoce que aunque no es guía turístico, le encanta improvisar y entrelazar anécdotas. Dejándose llevar por su espíritu docente y aprovechando el silencio del motor, muestra a los pasajeros la línea de flotación de un barco, que separa la obra viva de la obra muerta.

Un puente de hierro a América

«Cuando salgamos a la ría vamos a ver la ciudad entera. Delante del edificio del Banco Pastor, que en su momento fue el más alto de España, estaba el primer puente de hierro que se construyó para que los emigrantes subieran a los trasatlánticos que viajaban a América», relata Suero, que se prepara para virar, e informa a la tripulación de que la vela mayor va a pasar de babor a estribor.

La tripulación izando la vela mayor del galeón.
La tripulación izando la vela mayor del galeón. María Salgado

Con su perfil barrigudo y su popa de rabo de galo, el galeón discurre sigilosamente hacia las diez naves de la lonja. «En las tres primeras, se vende sardina y bocarte, los pescados más delicados, que se capturan con el arte del cerco. Esta red con la que se rodean los bancos cuenta con un cabo, llamado jareta, del que se tira una vez sitiados para subirlos a cubierta. Los peces pelágicos, en cambio, se capturan con el arte del arrastre, que va levantando el fondo como si fuera un arado», apunta, navegando a todo trapo hacia los dos faros de Mera que los barcos deben enfilar para llevar el rumbo correcto si quieren entrar en el puerto. «Una vez atraviesan esa señal verde, avanzan hacia Santa Cristina, donde hay dos torretas, y los recoge el práctico, que sube a bordo para asesorar al capitán, pero no coge el timón. Luego vienen los remolcadores, que son los que terminan la operación para atracar el mercante en el muelle correspondiente».

Las velas se hinchan y desde el Punta Pragueira puede verse ya la torre de Hércules, el único faro romano del mundo todavía en funcionamiento. Galeones como este se quedaron obsoletos en los años sesenta y si siguen surcando las rías es gracias a las asociaciones culturales de defensa del patrimonio marítimo gallego.