El fin de una era

Adrián Bernárdez

SUPLEMENTOS

Aficionados del Real Oviedo en la grada del Tartiere, 1965. Muséu del Pueblu d'Asturies.
Aficionados del Real Oviedo en la grada del Tartiere, 1965. Muséu del Pueblu d'Asturies. José Vélez

El fallecimiento de Carlos Tartiere, el 31 de julio de 1950, marca el principio de un nuevo Real Oviedo

03 abr 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

La principal fuente de la que bebían los éxitos del Real Oviedo primigenio llegaba a su fin. El fallecimiento del presidente marcó un antes y un después en la idiosincrasia del club de la capital del Principado.

Ya en los últimos años de vida de Carlos Tartiere, el Real Oviedo había vuelto a la Segunda División tras no ser capaz de encontrar sustitutos para los grandes baluartes de la década pasada, y parecía que ese esplendor tardaría en regresar.

Para entender la posición que ocupaba Carlos Tartiere, no solo como presidente, sino como emblema, recordemos una anécdota sobre la renovación de «Herrerita». En el proceso de renovación del propio «Herrerita», este cuenta que, tras acudir al chalet que la familia Tartiere tenía en la calle Uría, el presidente le consultó qué quería para renovar. El delantero contestó: «Lo que pongas va a misa», y ahí se dio por zanjada la negociación.

Por eso, el golpe en Oviedo fue a todos los niveles, no solo deportivo. Venían tiempos oscuros.

Una cabeza inestable

Solo en el tramo de 20 años —cinco menos que lo que duró la presidencia de Carlos Tartiere— se sucedieron hasta ocho nombres diferentes, siendo Francisco Silvela López quien más tiempo ocupó el cargo.

La división de honor fue una pompa de jabón durante aquellos años. Se recuperó en la temporada 1951/52 para volver a perderse en 1953/54 y recuperarse cuatro temporadas después. Multitud de entrenadores y jugadores vagaron por las filas del Real Oviedo. El salvavidas de aquella época nació en Bilbao y llegaba desde el Logroñés bajo el nombre de Julio Marigil Merino.

Con el segundo ascenso en la década de los cincuenta se reabrieron los debates entre el club y el ayuntamiento sobre un tema siempre en disputa: el Carlos Tartiere, rebautizado como estadio el 22 de julio de 1958.

Primero fue la construcción del Stadium Buenavista en 1927; luego, la compra de este por parte del ayuntamiento, iniciativa del presidente del Real Oviedo entre 1952 y 1954, José Díaz Sánchez; y en 1959 la ampliación del Stadium Municipal Carlos Tartiere. Esta vez la ampliación fue promovida por Francisco Silvela López.

Tras cinco años en Primera División, donde por momentos recordó al mejor Real Oviedo volviendo a pelear con los grandes, cerró la década de los sesenta en Segunda División. No obstante, los cinco años en la división de plata no fueron en vano: le dieron al Real Oviedo tiempo para reconfigurarse y recordar qué quería ser.

Habían pasado años en los que la cantera de Vetusta estaba denostada, sobre todo por los locales, pero esta no había dejado de generar jugadores. Hortensio Fernández Extravís, Tensi, llegó al primer equipo en 1966 y no se iría hasta trece temporadas después como el jugador que más veces vistió la camiseta azul, con 399 participaciones; actualmente es el tercero.

Unir Gijón y Oviedo en un equipo

La década se cerró con la sombra de una nueva fusión. Así como el Real Oviedo nació de la unión del Real Club Deportivo Ovetense y el Real Stadium, se buscaba una entre el Real Oviedo y el Real Sporting de Gijón. No terminó de fructificar, pero si recurrimos a las declaraciones de la época de uno de los expresidentes del Real Oviedo entenderemos los porqués de esta iniciativa.

«La idea la considero interesantísima y me parece viable. Si bien será preciso aunar criterios, resolver obstáculos y trabajar mucho hasta lograr el objetivo. Se trata de un asunto de enorme trascendencia para la provincia y, para alcanzar la meta que se persigue, es necesario afrontarlo con decisión, con ímpetu y con mucha fuerza». José Díaz Sánchez.

La falta de fútbol y de dinero de la Primera División llevó a las altas esferas a sopesar la idea de unir a dos grandes rivales en un mismo club. En Gijón su estancia en Segunda División estaba a punto de comenzar; para el Real Oviedo apenas comenzaba una montaña rusa deportiva que lo llevaría a la Segunda División B por primera vez en su historia.