Negación, duelo y aceptación de un parado de larga duración

Marco Alonso López

TU VOZ

El relato en primera persona de un asturiano de 57 años, con cinco de desempleo a sus espaldas, que compara su experiencia con la muerte de un ser querido

14 jun 2018 . Actualizado a las 22:58 h.

Hace unos años, no muchos según el calendario pero demasiados para el ánimo, estaba enfrascado (entre otras obligaciones) en seleccionar las cestas de Navidad para clientes y trabajadores de la empresa de construcción donde trabajaba. Tenía un buen cargo, jefe de Administración, un buen salario -28.000 euros al año-, mi vida trascurría con absoluta normalidad y nunca, nunca, ni en la más remota de mis pesadillas, podría haberme imaginado que tan solo unos años más tarde llevaría ya cinco años en el paro, que en el camino perdería mi hogar, que debería regresar a casa de mi madre junto con mi mujer para poder compartir gastos de subsistencia y que todos mis ingresos se reducirían a 430 euros al mes.

Tengo ya 57 años, los cumplo este mes, y mi única expectativa real pasa por jubilarme (forzosamente) a los 61 años y seis meses, allá por Mayo de 2022. Y aunque antes esta idea podría parecerme una locura, ahora lo ansío, porque aunque lo que pueda corresponderme (un 75% de mi pensión real) sea muy poco y casi irrisorio con lo que hubiera podido ser, (calculo que me quedaran 840 € al mes) siempre será mucho mejor que lo que ahora percibo y con lo que hoy malvivo.

Mi primer mes en el paro coincidió con las Navidades del año 2012. Fueron tristes, pero las celebramos todavía con buen ánimo, tenía «buenos contactos», «un montón de ideas» y posibles «puertas a las que llamar». Supongo que a todos los que nos ha sucedido algo así, a una edad avanzada para el mundo laboral, siempre soñamos con que «vamos a salir», nunca creemos que tú vas a ser... ese al que le toca quedarse en el camino. Nunca crees que tú vas a perder, nunca te ves así, pero siempre sabes que a alguien le tiene que tocar.