Los retos de las estudiantes también están fuera de la Universidad

La reflexión de la presidenta del Consejo de Estudiantes de la Universidad de Oviedo sobre la conexión entre las aulas y la realidad externa a ellas


Entender que como estudiantes universitarias ocupamos una situación aventajada con respecto a otros grupos sociales en Asturies, supone también considerar que nuestra realidad difiere en gran medida de la del resto de asturianas y asturianos y que, en consecuencia, los retos y problemáticas a las que nos enfrentamos son distintas. Nada más lejos de la realidad.

La Universidad no es un ente ajeno ni distanciado de los conflictos políticos, económicos y sociales que afectan al conjunto de la población y, por tanto, como estudiantes nos vemos igualmente golpeadas por el paro, el machismo, la precariedad, la emigración, la desigualdad, los recortes de derechos y libertades o el desmantelamiento del sistema público. 

Las universidades públicas deberían ser espacios desde los que se superasen todos estos males que nos atacan como sociedad, sin embargo, en la mayoría de los casos se convierten en lugares que los perpetúan y reproducen.

Uno de esos males a los que hacemos referencia es el machismo, que se articula de manera análoga en todos los ámbitos y sectores sociales. La Universidad no es una excepción. Por ejemplo, en la Universidá d'Uviéu, el 55% del estudiantado son mujeres y el número de tituladas universitarias es del 61%. Paradójicamente, pese a que numéricamente somos más mujeres las que accedemos y concluimos la Educación Superior, a medida que ascendemos hacia los puestos de poder no se observa la misma representación femenina: sólo el 25% de las catedráticas de la Universidad d'Uviéu son mujeres, y de los 64 Honoris Causa concedidos entre los años 2008 y 2012 solamente 2 fueron mujeres. La situación es idéntica en los equipos decanales, donde las mujeres representan el 21%. Además, nunca ha habido una rectora y, pese a que el equipo rectoral actual es paritario, el resto de cifras evidencian el techo de cristal existente y las dificultades que nos encontramos también en la Universidad. 

En una comunidad autónoma con más del 45% de paro juvenil como es Asturies, las egresadas universitarias estamos abocadas a la precariedad e inseguridad laboral, al igual que el resto de la gente joven asturiana. Pero también somos víctimas de la precariedad antes de terminar los estudios, ya que debido a los recortes en becas y al aumento de las tasas de matrícula, muchas estudiantes compatibilizan la carrera con trabajos temporales e inestables. Las condiciones laborales dentro de la propia Universidad tampoco ofrecen horizontes laborales demasiado prometedores: la situación del personal docente investigador es el claro ejemplo de esta realidad. 

Asimismo, ante estas perspectivas laborales tan poco halagüeñas, cada vez más asturianas y asturianos se ven obligados a la emigración forzosa, hacia países del Norte de Europa en muchos casos, o hacia otros lugares del Estado, en otros. 

A nivel universitario, esta situación se ha visto agravada en los últimos años, a consecuencia de la ofensiva neoliberal que ha sufrido la educación pública, con políticas que han ido ahondando cada vez más en la mercantilización y precarización de la Universidad. Desde la creación del Espacio Europeo de Educación Superior y la implantación del Plan Bolonia, hasta el reciente intento de aplicar el Decreto 3+2, pasando por la Ley Wert, el Tasazo de 2012 y la Estrategia Universidad 2015, entre otras medidas, desde los gobiernos estatales y la Unión Europea se ha venido atacando el modelo público de Universidad, lo que ha provocado un descenso en la calidad de la formación (por mucho que en su momento se empeñasen en hablar de excelencia) y, sobre todo, una drástica y dramática reducción de las posibilidades de acceso de las clases trabajadoras a la Educación Superior. 

Todos estos son los retos a los que las estudiantes universitarias debemos plantar cara día a día: exactamente los mismos a los que se enfrenta el conjunto de la sociedad asturiana.

Pese a que las problemáticas son las mismas, sí debemos entender que como integrantes de la comunidad universitaria es nuestra responsabilidad (y un reto añadido), conseguir que nuestro rol no se limite a lo puramente académico, o acabaremos formando parte y perpetuando el sistema de desigualdades que impera tanto en la Universidad como en la sociedad asturiana. 

En la Universidá d'Uviéu, colectivos como les Asamblees Abiertes d'Estudiantes o el Frente Feminista UniOvi ya han demostrado que la autoorganización, el asamblearismo y el apoyo mutuo son las fórmulas mediante las cuales las estudiantes podemos oponer resistencia a los ataques diarios que sufrimos. Debemos trabajar de manera colectiva en la construcción de formas alternativas de conocimiento que fomenten el espíritu crítico, así como en la generación de espacios de lucha que sirvan para revertir la lógica neoliberal dominante.

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