¿Se puede lograr que «ser de letras» no esté reñido con ser competente en matemáticas?

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Alumnos de primero del colegio de Lugo de Llanera trabajan con los materiales de geometría elaborados por el maestros Carlos Gil
Alumnos de primero del colegio de Lugo de Llanera trabajan con los materiales de geometría elaborados por el maestros Carlos Gil

El profesor de Didáctica Matemática, Luis Rodríguez, defiende la adopción de nuevos métodos pedagógicos como el conocido «método Singapur»

27 jun 2018 . Actualizado a las 05:00 h.

En España es tristemente frecuente encontrarse personas cultivadas que, cuando se les plantea una pregunta con un mínimo contenido matemática, responden con un «yo soy de letras», sin que ello produzca rubor. Sin embargo, y posiblemente con razón, se denigraría a quien públicamente admitiera no haber leído El Quijote. Este hecho anecdótico refleja, a mi juicio, lo mucho que nos queda por avanzar en la alfabetización matemática en España.

La noción de competencia matemática ha sido definida por la comunidad científica en torno a los conocimientos, las destrezas y las habilidades matemáticas que cualquier persona debería poseer. Esta idea se ha incluido como una de las competencias básicas o claves en las distintas reformas curriculares españolas de las últimas décadas. La pregunta es: ¿Qué matemáticas debe saber una persona al finalizar la educación obligatoria? La respuesta no es trivial dado que, por un lado, las matemáticas deben ser propedéuticas para continuar una formación científica durante el Bachillerato o la Universidad pero, por otro, hay determinadas matemáticas que una persona que no siga este itinerario vital posiblemente no utilice nunca a lo largo de su vida. Partimos, por lo tanto, de una disyunción respecto a qué enseñar y qué aprender. Durante muchos años se impuso en el sistema educativo la visión instrumental que pretendía capacitar al alumnado para poder seguir formándose matemáticamente, pero en las últimas décadas ha ganado peso en el currículo la visión de las matemáticas en el contexto de la vida cotidiana de las personas que no las usan en su profesión.

Las pruebas internacionales

Las conocidas pruebas PISA definen la competencia matemática como la capacidad de formular, emplear e interpretar las matemáticas en diferentes contextos. Algunos de estos contextos, para aquellas personas que alcancen una mayor especialización, son los contextos puramente científicos. Sin embargo, para la inmensa mayoría de las personas estos contextos serán los de su vida cotidiana: comprender la factura de la luz, realizar la declaración de la renta, decidir una apuesta deportiva, calcular cuántos botes de pintura se necesitan para pintar una habitación, interpretar una gráfica en la prensa, decidir entre varias ofertas de compañías telefónicas, incluso elegir los miembros de un equipo en un videojuego sobre fútbol. Todas estas tareas involucran las matemáticas de modo no trivial, y partir de ellas se deduce que la consideración de las matemáticas orbita alrededor de la resolución de problemas. En otras palabras: saber matemáticas es saber resolver problemas que involucran matemáticas. Evidentemente, para poder resolverlos hay que conocer y manejar conceptos, ideas, nociones y propiedades matemáticas, pero si se conocen estos conceptos y no se saben aplicar en la resolución de un problema cotidiano, no podemos decir que estemos matemáticamente alfabetizados. Quizá, por eso, si es que nos hemos preocupado de enseñar y aprender matemáticas sin ocuparnos de saber por qué y para qué se usan, nos sigamos encontrando con los «yo soy de letras».