«Las decisiones sobre la gestión de la conservación en Asturias se basan en ocurrencias»

El biólogo Alfredo Ojanguren, de la asociación Geotrupes, recuerda que en la región existen especies «con las que ni sueñan en Europa occidental porque se extinguieron hace muchos años» y que cada vez están más amenazadas por una «sobreexplotación» incompatible con su pervivencia

Alfredo Ojanguren
Alfredo Ojanguren

La asociación Geotrupes se formaba en 2009 con un objetivo: conseguir que en Asturias se tuvieran en cuenta y se utilizasen criterios científicos en todo lo que tuviera que ver con la conservación, la gestión y el manejo de las especies y de la biodiversidad en general. Alfredo Ojanguren, que en esta entrevista repasa la situación de la fauna silvestre en Asturias, es profesor de Zoología en la Facultad de Biología de la Universidad de Oviedo y uno de los biólogos que forman parte de Geotrupes.  «Hay dos maneras de que se tenga en cuenta el criterio científico y estamos trabajando en las dos», explica este biólogo asturiano, que hasta el año pasado había sido profesor en la Universidad de St Andrews de Escocia y, con anterioridad, en la Universidad de Texas, en Estados Unidos. «Una de ellas es que los científicos estén presentes en los órganos de decisión y otra es que las administraciones manejen información científica, a la que hoy en día es cada vez más fácil acceder», añade. La razón de ser de esta asociación no solo parece de sentido común, sino que el hecho de que el criterio científico se tenga en cuenta, en principio, se presupone en cualquier acción que vaya encaminada a conservar la biodiversidad de cualquier territorio.

-¿Se tiene en cuenta el criterio científico en las decisiones que se toman al respecto de la conservación de la biodiversidad en Asturias?

-Más bien nos parece que, en Asturias, ese tipo de decisiones históricamente se toman en base a ocurrencias. A cosas que se le ocurren a alguien: a un pescador, a un ganadero, a un cazador o a uno que se autocalifica de experto porque sabe mucho de monte. Veíamos que esto era un problema y surgió hacer la asociación para tratar de tener y presentar esa voz en Asturias. Nos parecía que hacía falta porque existe una ciencia que se llama biología de la conservación, a la que también se le llama ciencia de la conservación, que trata de eso y que incluye sociología, economía o ciencias políticas aparte de zoología, biología y ecología. Todo es una ciencia y las universidades tienen departamentos sobre ciencia de la conservación. Y creemos que en mucha medida se ignora, como si el que te va a operar de apendicitis no supiera de patología ni la tuviera en cuenta.

-¿Qué radiografía se podría hacer de la situación de la fauna silvestre en Asturias?

-No se puede comparar con la del Serengeti, pero tiene una particularidad respecto de zonas próximas y comparables como pueden ser Galicia, Cantabria o incluso Escocia. En Asturias se conservaron especies que en el resto de Europa occidental hace ya muchos años que desaparecieron. Y eso es una consecuencia de que, durante muchos siglos, Asturias no tenía capacidad de explotación. Si se tenía que cortar un bosque con un hacha y bajar la madera en una mula, no tenías muchas posibilidades de explotación. Asturias fue un sitio pobre, en el que el desarrollo económico y social que había en otros lugares no se daba, y eso nos ha permitido llegar al siglo XXI con muchas especies que ni sueñan con tener en otros sitios porque ya se extinguieron hace mucho tiempo. Y es una oportunidad. O debería serlo. Si nos comparamos con nosotros mismos hace diez, 15, 20, 30 o los que años que sean, vamos para abajo muy rápido. Y lo hacemos porque el nivel de cómo se están explotando esas especies y sus ecosistemas está siendo insostenible. En la foto fija, estamos mucho mejor que regiones comparables pero lo estamos perdiendo.

-¿Por qué?

-Cada especie tiene sus particularidades y sus amenazas diferentes de conservación. En mi opinión, parte del problema es la sobreexplotación. No tanto de especies, aunque en algunos casos como el salmón sea así, como de los ecosistemas en los que viven y de los que dependen, y al revés, porque los ecosistemas también dependen de esas especies. En los últimos años existe una tendencia a sobreexplotar el turismo, a sobreexplotar la ganadería, que no es compatible con la conservación de algunas especies. Hay especies que tienen unas necesidades de hábitat o ecológicas que, desde luego, no son compatibles con 300 tíos corriendo por el monte en la época de cría a 200 metros de donde se están reproduciendo los urogallos o con unos helicópteros volando por encima de una reserva natural. Ése es el principal problema ahora mismo. En Asturias deberíamos plantearnos seriamente si queremos conservar todas esas especies, o algunas de las que son más incompatibles con determinado tipo de desarrollo que se está promoviendo, o, si por el contrario, no estamos dispuestos a aceptar ciertas restricciones que son necesarias para su conservación. Tenemos que ser honestos y asumir que, si lo que queremos es que haya autopistas, trenes de alta velocidad, estaciones de esquí, turismo de montaña o ganadería extensiva, no es compatible con la conservación. Si necesitamos o queremos este tipo de desarrollo económico y social, tendremos que despedir a las especies que no se adapten y hay unas cuantas, como los urogallos, los lobos y los osos, que no son compatibles en absoluto. 

-No obstante, el avistamiento de especies amenazadas como los osos está siendo un reclamo turístico que, en más de una ocasión, ha acabado siendo un acoso a los animales en toda regla.

-Es un buen ejemplo de la sobreexplotación. En la biología de la conservación existe un concepto en cierto modo perverso que es el valor económico de la rareza que se puede aplicar al tema de los osos y de otras especies. Cuando estamos explotando algo llega un momento que pasa a ser tan raro y difícil de conseguir que nadie intenta explotarlo, pero aparece el valor económico de la rareza. Todo el mundo está dispuesto a pagar más por ver osos. Y pasa lo mismo con las angulas o con los salmones. ¿Por qué se pagan las barbaridades que se pagan por un kilo de angulas? Porque están al borde de la extinción y así se recoge en todos los organismos internacionales, pero en Asturias seguimos pescando los juveniles. Cada vez quedan menos y, pese a que según la leyenda antes se les daban a las pitas, ahora pagas una barbaridad y ésa es la paradoja: el valor no reside en si están o no están ricas, si saben a pescado o a ajo y guindilla, sino en que son una rareza. Parte de lo que está pasando en Asturias es que la rareza tiene un valor económico más alto y es la puntilla para muchas especies porque incrementa la presión sobre ellas. Que haya quien esté dispuesto a pagar por subir al monte para ver osos con prismáticos, dicho así, no tiene por qué suponer un problema, pero sí cuando los avistamientos están descontrolados y, aunque ahora parece que habrá medidas de control, nosotros somos bastante escépticos sobre quién las está elaborando. Los osos se están habituando a los humanos y eso es muy peligroso para los osos y para los humanos. Se están viendo cosas muy dantescas como un oso cruzando una carretera perseguido por unos turistas que van a hacerle una foto al mismo tiempo que el Gobierno del Principado hace aparcamientos y miradores para que la gente los vaya a ver. 

-En todo caso, se habla de lograr un turismo osero responsable. 

-Y se puede hacer bien. De hecho es uno de los servicios ecosistémicos que aparece en cualquier libro de texto. Los ecosistemas proporcionan una serie de servicios a los humanos y uno de ellos es el turismo asociado a ecosistemas bien conservados y a la naturaleza. Pero una cosa es explotar ese servicio y otra es sobreexplotarlo. No tenemos nada en contra de la observación de la fauna, pero en cómo se está haciendo tenemos casi todo. 

-¿Qué tipo de turismo de naturaleza necesitaría Asturias entonces?

-No puedo diseñar un plan, pero está claro que tendría que estar basado en conocimientos científicos, no de un paisano que sabe mucho de osos porque anda mucho el monte. Y desde luego no se puede dar prioridad al rendimiento económico. Algo fundamental en este tipo de cuestiones son las medidas de protección del territorio. Para proteger esas especies y esos ecosistemas tenemos una serie de medidas de protección como son los parques naturales, un parque nacional, una reserva integral como es Muniellos y todo eso tiene una legislación asociada, pero si luego resulta que la propia Administración hace trampas con la interpretación de las normas para regular el turismo y deja que a las zonas restringidas solo entren las empresas… Si es una zona restringida será por algo. Si la Administración ha legislado para restringirla será por algo aunque luego permitas el acceso porque es bueno para la dinamización económica, etcétera, etcétera. Al final, en la balanza solo pesan los beneficios económicos, que obviamente son una parte y tienen que estar ahí, pero no pueden ser lo único que se considere. Por ello, falta un análisis de qué es y qué no es compatible y qué estamos dispuestos a dar y a comprometer a cambio. El turismo de naturaleza, sin duda, se puede hacer pero el cuento de la gallina de los huevos de oro está pasando con demasiadas cosas en Asturias y la observación de osos es una de ellas. Vas a pedirle más de lo que te puede dar y te la vas a acabar cargando. En muchos aspectos eso es lo que está pasando con la fauna y con la conservación en Asturias.

-Una especie que hay quien ya ha dado prácticamente por perdida es el urogallo, aunque se han puesto en marcha nuevas acciones como potenciar la cría en cautividad y la eliminación de predadores en las zonas en las que se cree que sigue habiendo población. 

-El problema es que sigue sin saberse cuál es el problema y así es difícil que lo puedas resolver. Las cifras de población que se están aportando son números un poco tirados al aire, aunque ahora parece que se va a hacer un censo genético, o mejor dicho una estimación de la población. Y es importante saber cuántos quedan pero hay que hacer más cosas porque ese censo lo puedes hacer dentro de dos años, y serán menos, y dentro de otros dos años, y ya no quedará ninguno. Por eso el problema sigue siendo que no sabemos las causas del declive del urogallo y así va a ser muy difícil recuperar la especie. Además, en los últimos años se ha gastado una cantidad salvaje de dinero en la recuperación del urogallo. Solo el programa Life eran seis millones de euros. Lo nunca visto en un programa de conservación…

-… Que acabó siendo un fracaso.

-Fue un fracaso reconocido por los propios gestores del programa. Les expresamos nuestra opinión al inicio y al final del proyecto cuando se presentaron resultados y a todo aquel que nos quiso escuchar: no había ciencia en ese programa. No había una revisión básica de lo que se había publicado sobre el tema, no había científicos y desde luego los que estaban trabajando en el programa no se tomaron la molestia de leer lo que existe sobre el urogallo o sobre su gestión en otras zonas. Se tomaron otras cosas y opiniones basadas en ocurrencias y se gastaron seis millones de euros. A mí me parece escandaloso. Y ahora que eso no ha funcionado se les han ocurrido otras dos cosas, algunas son las mismas y otras parecidas. Una es potenciar la cría en cautividad, que prácticamente no funciona en ninguna especie y que consiste en ir a los nidos, robarles los huevos, con lo que ya estás impidiendo la reproducción natural, y llevarlos a un centro de cría a ver si aparece la suerte que hasta ahora no se ha tenido. No sabemos cuántos son los urogallos que sobrevivían en el campo, pero sí que en los centros de cría lo hicieron muy pocos y que, de esos pocos que soltaron cuando llegaron a un cierto tamaño, todos se murieron. Entonces, seguir con algo que de momento no funciona y que no ha funcionado con urogallos en ningún sitio es hacer por hacer. Y, en cuanto al tema de los predadores, que han anunciado a bombo y platillo, es una de las cuestiones en las que tenemos un cierto diálogo con las administraciones con el ánimo de convencerles de que no tiene ninguna base ecológica. Todo se basa en un articulo de algo similar que se hizo en los Pirineos, en donde se murieron el 23% de los urogallos que capturaron para llevar a cabo el programa. Nos han asegurado que aquí no se va a tocar a los urogallos y que solo están eliminando predadores. 

-¿Y qué supone eliminar predadores en un ecosistema?

-Los ecosistemas son complejos y con muchas relaciones entre especies. Si eliminas predadores no sabes lo que va a pasar, pero puedes mirar lo que te dicen los libros de texto que va a pasar. Esos predadores, que tal vez coman un urogallo de vez en cuando aunque muchos no puede ser porque no hay tantos, comen otras muchas especies que, de pronto, no se las va a comer nadie. Y vas a producir un desequilibrio en el ecosistema que no sabes por dónde te va a salir y de eso hay muchos ejemplos. Otro problema es que, en algunas especies, eliminar predadores paradójicamente aumenta el nivel de depredación. Cuando se eliminan predadores territoriales, que son los dueños de un territorio, los individuos que no tienen territorio tratan de establecerse en esa zona. Y de tener uno pasas de repente a tener cuatro. Hay muchos ejemplos de cómo la eliminación de predadores aumenta la depredación en un territorio. Este tipo de cuestiones, que son de libro de texto de Ecología, pues no se paran a pensarlas… Estos dos programas van adelante y ya se están eliminando predadores, aunque aún no se han marcado urogallos para medir el efecto de esta medida que es lo que hicieron en los Pirineos. Estamos preocupados con todo esto, nos han escuchado y seguiremos atentos porque podría haber un potencial ahí para darle la puntilla a la especie. 

-Si hay una especie controvertida en Asturias, controles de población incluidos, es el lobo.

-Los lobos como gran predador son una parte fundamental de un ecosistema. Si eliminamos eso, el ecosistema cambia. No vamos a decir que se descontrola, pero cambia. Es una especie fundamental. El problema no es solo que la gestión, con cierto nivel de amenazas según en qué zonas, no sea científica, sino que se basa en ruido. En el ruido que hacen determinados colectivos y que ni siquiera es el colectivo entero, sino una parte. De hecho, cuando miras las estadísticas de las ganaderías que están afectadas son muy pocos los que concentran muchos daños. Entonces la cuestión es que las decisiones de matar tantos o cuantos lobos son números al tuntún. Este año vamos a matar 45, ¿con qué criterio? ¿Y qué 45? Porque en una manada no es lo mismo matar a un individuo que a otro. ¿Y cómo lo vamos a hacer? Lo paradójico de todo el asunto es que te piden que mates más lobos, tú les das 45 y entonces te dicen que 45 es una miseria. Es una carrera sin final, como si fuera una película de chantajes.

-Y tampoco parece que esté solucionando nada.

-Hasta hace muy poco una cosa era lo que decían que iban a matar y otra lo que mataban y, de pronto, las estadísticas dicen que un porcentaje muy alto se muere en carretera. No es fácil matar a un lobo a no ser que utilices veneno o barbaridades de ese estilo. Es relativamente difícil. Hacer una batida como las que se hacen para los jabalíes no suele funcionar y ese tipo de controles no son selectivos, no se cargan a tal individuo que podría ser el conflictivo. Estas decisiones responden a ruido y, así, en los concejos donde más ruido haya, independiente de que haya más daños de lobo o no, es donde se reacciona y se decide matar lobos a ver si calla esta gente, a ver si les das lo que piden… Las compensaciones por daños, desde luego, tienen que ser rápidas y justas. No puedes estar racaneando a un señor cuya forma de vida depende de eso. Eso está clarísimo y ahí estamos todos de acuerdo. Quizá deberíamos tratar de trabajar más en la prevención de esos daños, invirtiendo dinero en conseguir esa compatibilización. Los presupuestos del Principado, en comparación con las compensaciones por daños, destinan cantidades ínfimas a prevenir esos daños.

-Otra especie que ahora se está intentando recuperar en Asturias es el quebrantahuesos, aunque algunos ejemplares llegaron a aparecer envenenados. 

-En Asturias hubo quebrantahuesos y se extinguieron. ¿Han cambiado las condiciones? Posiblemente parte de los que se extinguieron fueron por los venenos. ¿Sigue habiendo venenos? Seguro que muchos menos que antes. Lo que pasa con la recuperación del quebrantahuesos en los Picos de Europa es lo que los británicos llaman conservación de Action Man, que es ese personaje que sabe hacer de todo, viste pantalones con bolsillos, tiene muchos músculos y es como un héroe guerrillero. Ese tipo de conservación de hacer cosas, de gastar dinero, de vamos a hacer una fundación y entonces vamos a crear unos modelos de plastilina, los ponemos en una roca y luego robamos pollos de los nidos en los Pirineos, que es lo que están haciendo, para criarlos aquí a ver si se quedan. Sin analizar si realmente hay un hábitat para esa especie concreta en los Picos de Europa. ¿Es que queda bonito o es que hay un rol en ese ecosistema que queremos reemplazar? No lo sé, pero tampoco aparece en el argumentario de los que promueven este tipo de conservación. Los quebrantahuesos tienen una capacidad de dispersión salvaje. Son animales muy grandes que vuelan distancias muy grandes, con lo cual, en realidad, a los Picos de Europa están llegando todo el tiempo. Si los juveniles dispersantes, que son los que no encuentran territorio, lo buscan y están llegando aquí hace ya muchos años y no se están asentando quizá es que no se dan las condiciones. No tiene demasiado sentido, entonces, que nos estemos gastando dinero, esfuerzo y publicidad en recuperarlos.

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