La cita a ciegas de dos asturianos que volverán a verse para «tumbarse a sidras»

El ovetense Ramiro y Francina, que vive en Gijón, se conocieron en First Dates y tienen claro que quieren volver a verse

El ovetense Ramiro, en First Dates
El ovetense Ramiro, en First Dates

Redacción

Francina tiene 40 años y es natural de Melilla, pero vive y trabaja en Gijón. Ramiro, por su parte, es de Oviedo. Ambos comparten edad, y parece que el programa de Carlos Sobera ha servido para descubrir que no es lo único que tienen en común. Si algo se podía prever de esa cita, es que dos personas que van desde Asturias compartirían su pasión por «tumbarse a sidras». Ramiro es fotógrafo de productos y Francina es cajera. Cuando el ovetense le contó que no se dedica a fotografiar personas, Francina se arrancó a decirle: «Mejor, no te dan guerra». El asturiano no tardó en disipar los miedos que le llevaron al programa. «Tenía miedo de que me pusieran a una persona que conociera, pero desde que Francina me sonrió, me quede más tranquilo». Y es que Ramiro tenía claro que quería una asturiana, y a pesar de que Francina es de Melilla, a él le vale «porque vive en Asturias»

Francina, originaria de Melilla pero vecina de Gijón, en First Dates
Francina, originaria de Melilla pero vecina de Gijón, en First Dates

Francina y Ramiro tuvieron una cita que a ambos «se les hizo corta». Estuvieron hablando de motos, en lo que ambos coincidían. Ella tuvo una Vespino cuando era más joven y él se denomina motero. «Ramiro ya tiene ganada a mi hija porque tiene un casco y le va a encantar que él tenga moto». Aunque ella no tenía todas consigo cuando descubrió que era asturiano. «Los asturianos son muy raros, muy especiales. Diferentes a los del sur», que dice no ser ni mejor ni peor dicha característica pero que, personalmente, «no me gustan los asturianos, aunque Ramiro es la excepción que confirma la regla porque él sí me gusta»

Ella le contó que tocaba el piano, y a él le gustó que fuera «una mujer culturalmente inquieta». También tuvieron tiempo en la cita de hablar de sus preferencias en las parejas, en lo que ambos coincidieron en la fidelidad, la sinceridad y «que sea un amigo, un compañero». En la fidelidad salió el tema de si en el pasad habían sido infieles, y Ramiro le confesó que, en su juventud, sí lo había sido. Pero ni siquiera eso truncó la cita. Francina valoró su sinceridad y todo quedó en una mera anécdota. 

Ella fue con muchas ganas de enamorarse y parece que él cumplió las expectativas. En el momento de la decisión final, en la que ambos volvieron a coincidir en un rotundo «sí». «Tendré que invitarla a una cena, que ella ha invitado hoy», dijo él, y ella le rebatió: «Yo solo quiero segunda cita para verlo tumbao a sidras». Parece que Francina ha cambiado de opinión respecto a los asturianos, y es que no hay nada que unas buenas sidras no puedan cambiar.

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