Charangas, comparsas, carrozas y grupos llenaron de color y sonido en la primera gran juerga colectiva del Carnaval mariñano Foz se rebeló ayer a golpe de careta y ensalada de música contra un cielo gris que amenazaba con lluvia. Charangas, carrozas, comparsas, grupos y disfraces individuales reunieron a unas dos mil personas, que sacaron a flote la ironía acumulada durante todo el año. El sistema, de lo más variado: caras pintadas, pestañas interminables, gritos y canciones. Todo estaba permitido, sin límite de edad ni de decibelios, desde los disfraces que jugaban con la estética más depurada, hasta los que aprovechaban los materiales más sencillos. De la fiesta no se escaparon ni los animales: cabras y perros se unieron al jolgorio callejero.
EVA OROSA