Los críticos creían que la creación respondía a un símbolo del consumismo La obsesión del mítico creador del arte pop, Andy Warhol, con las latas de sopa Campbell no respondía a su visión del consumismo, sino a un tierno recuerdo: el de su madre, que usaba el famoso caldo de tomate como sustento familiar diario. Tras la exposición de la serigrafía «32 latas de sopa» en 1962 en Nueva York, que catapultó a la fama a Warhol (1929-1987), críticos y académicos se han preguntado qué movió al artista a reproducir la lata más de cien veces.
PEDRO ALONSO