La sociedad compostelana se volcó en el último adiós al periodista Diego Bernal Estuvo todo el mundo. El funeral y el entierro de Diego Bernal, fallecido el pasado lunes, congregaron en San Francisco, primero, y en Boisaca, después, a muchos amigos que el célebre periodista santiagués fue coleccionando durante sus sesenta años de vida. Y tan compostelano fue el adiós que ni siquiera la lluvia quiso dejar de despedir a quien tan bien retrató con su pluma el paisaje y el paisanaje de la capital de Galicia. Fue especialmente emotiva la homilía de un viejo colega de Diego, el padre Isorna, que lo recordó como un hombre de corazón «bo e xeneroso» y supo resumir en pocas palabras la esencia de toda una vida.