El acusado declaró por videoconferencia desde una cárcel de Portugal y alega que aceptó el puesto de administrador para cobrarse una deuda de 52.000 euros y que «en mi vida oí hablar de las bateas»
El alto tribunal reconoce que la mujer desconocía que el acusado estaba casado, pero sostiene que «no hay prueba que muestre la forma y el dispositivo desde el que se hicieron las transferencias»
La vista judicial se celebró a oscuras y dirimía el asalto a un matrimonio mayor en su piso por tres atracadores a los que horas antes habían invitado a cervezas en un bar del barrio. «Temimos por nuestra vida», contó la mujer.