Hay puestos de control en los principales cruces de la urbe y los monasterios continúan cercados por soldados para impedir que los monjes salgan de su reclusión forzada.
Decenas de miles de personas encararon a las fuerzas del orden en Rangún y sólo se dispersaron después de que la policía disparara al aire y persiguiera a golpes a los manifestantes.
Unos 200 monjes budistas y varios miles de civiles marcharon por las calles en un abierto desafío a la prohibición de manifestaciones impuesta por la Junta Militar de Birmania.
Reforzará las sanciones económicas a los líderes del régimen y a sus patrocinadores financieros, y ampliará la prohibición de visa a quienes son responsables de violaciones a los derechos humanos.
Con la revuelta de los cuencos vacíos buscan mejoras económicas, pero también una disculpa del Gobierno por cargar contra este colectivo en una protesta