Y el fuego purificó el meigallo
Los barbanzanos cumplieron el ritual de saltar la hoguera de San Juan en una fiesta en la que el churrasco se impuso sobre las sardinas Si hubo meigas, debieron volar bien sujetas a la escoba. La nortada que se levantó a última hora del viernes avivó las cacharelas barbanzanas, que comenzaron a arder por toda la comarca mucho antes de que se ocultase el sol. Y es que el estómago no pudo contener los jugos gástricos en una jornada atípica en la que el día saca demasiada ventaja en el pulso que se echa con la noche. Así, churrasco y sardinas -más «tallada» que pescado-, «cayeron» en las parrillas a esa hora indefinida que es el «entre lusco e fusco». Al pasar de hoja en el calendario, los barbanzanos cumplieron con la tradición de saltar siete veces la hoguera.
E.A.