El poblado de Poio y la localidad boliviana son mercados paralelos en la venta de cocaína A primera vista podría ser como «Historia de dos ciudades», dos vidas paralelas, dos gemelas siamesas unidas por el mismo cordón umbilical que las alimenta y envenena: la droga. Una la produce y la otra la distribuye. Por esta fraternidad comparten también la misma herencia genética fruto de unas relaciones desnaturalizadas: chabolismo, delincuencia, analfabetismo. Una es la hermana mala y la otra..., digamos que es rebelde «porque el mundo la ha hecho así». Juntas son un tándem terrible, un problema enquistado socialmente y que no tiene visos de solución a corto plazo. Difícil es de esgrimir el bisturí que las separe.
RAMÓN CAPOTILLO