Sudores y kilómetros megalómenos
Alumnos del Conservatorio de Carballo acuden semanalmente desde localidades distantes como Camariñas, Cee o Zas Es un miércoles cualquiera. A sus trece años, y en Camelle, Tania Pose se dirige sobre las ocho y media de la mañana a su instituto. Este no es más que el inicio de su jornada. A las siete de la tade recorrerá los cincuenta kilómetros que separan su pueblo de Carballo, donde acude al Conservatorio para estudiar guitarra y piano. De este centro saldrá a las diez menos cuarto de la noche. Conduciendo el automóvil, su madre, que esperará tres horas hasta que ella termine sus clases. La historia de Tania y su madre es también la historia de otros alumnos y sus progenitores que recorren largas distancias para llevar sus hijos hasta el Conservatorio.
REDACCIÓN