La abogacía fue para Liaño Flores un vehículo deportivo que conducía con singular destreza para disfrute intelectual y emocional. Para jubilarse había que apearse y, para él, no era lo apetecible
Conocido en todo el municipio, falleció esta semana y fue inhumado por su hijo y yerno, herederos de su puesto en el cementerio. La suya fue una vida de simpatías y amistades ensombrecida por el rali de Carral, donde perdió a su nieto y a la pareja de este, embarazada de 9 meses