Cuando la sangre llega al río
Con el paso de los años, los altercados que se sucedían en los derbis de antaño se han quedado en meras anécdotas esporádicas El pasar del tiempo ha traído la mesura a las aficiones. Las batallas campales se han convertido en cuentos que cuenta el abuelo, de cuando se liaron a golpes por aquel penalti inexistente o por el descuento excesivo de un colegiado. Pero el derbi sigue llevando la adrenalina en su ADN; y un buen puñado de gente. Continúa como el partido que todos los jugadores quieren disputar y el gol del triunfo que los delanteros ansían marcar. La cosa se ha calmado, pero algunas veces se hincha la vena guerrera de los contendientes y las amenazas verbales se convierten en auténticas realidades. Es entonces cuando la sangre llega al río.
G. V.