Un cofre sin cerradura
Las costas gallegas esconden restos arqueológicos e incluso tesoros que están a mano de saqueadores y especuladores La Administración prefiere que sea el mar el vigilante de sus riquezas: restos arqueológicos y tesoros, que acabaron depositados en las profundidades a raíz de una batalla, un naufragio o simplemente un descuido en la carga. Y la costa gallega está llena de pecios conocidos y de otros muchos que se desconocen y permanecen escondidos bajo capas de lodo, arena o algas que un día, por avatares del destino, se asoman como queriendo despertar de un largo sueño. Y es entonces cuando arriban a las aguas saqueadores y especuladores, provistos de los medios más modernos, para arrancar de las profundidades unos bienes que son públicos. Algunos acaban en las estanterías de caprichosos hacendados, otros los recuperan nostálgicos marineros.