El acceso seguirá tapiado, como lo dejó Fernando de Casas Novoa, pero desde el interior del templo puede apreciarse su arco y los sillares con los que lo cegaron
Podría tratarse de la cara de la Asunción que corona el tabernáculo del altar mayor. La intervención ha devuelto el esplendor a los trazos dibujados hace 250 años