Un grupo de monjes tibetanos aprovechó la entrada de un primer grupo de periodistas extranjeros en Lhasa para protestar por la falta de libertad religiosa.
Las autoridades chinas apuntaron además que la ola de violencia provocó más de 300 incendios, que afectaron a numerosas viviendas y a 214 tiendas, y dejó 56 vehículos destrozados.