El conjunto celeste y el Zaragoza reeditan en Sevilla la final de 1994 Juanfran y Gustavo López, en el once inicial del equipo de Víctor Fernández Isla de la Cartuja. Nueve en punto de la noche. Cuarenta y cinco mil almas en el estadio olímpico. Veintidós futbolistas de corto sobre un césped que se cuece a más de treinta y cinco grados de temperatura. Dos ciudades, Vigo y Zaragoza, entregadas y paralizadas...
Cuando esta noche grite aflautado el silbato del colegiado José María García Aranda, el rugido de las aficiones atronará en el cielo de Sevilla. Si alguien ponía en duda que exista la pasión en el fútbol, esta noche tiene una buena ocasión para despejar cualquier duda.