Cruz, de dos años, había sido utilizado desde cachorro como perro de pelea. Tras su rescate era visitado en una protectora de San Bernardino, California, por una mujer que se acercó a él hablándole de forma suave y cariñosa. Cruz se mostró esquivo al principio, depués comenzó a mover la cola y, al final, acaba reaccionando con ternura a una caricia de la mujer. La primera que recibía de un ser humano después de una vida de maltrato. Ahora ha sido adoptado por una familia.