Las previsiones apuntaban a un impulso rápido de la actividad pospandemia, y en este otoño nos estamos encontrando un escenario diferente al esperado: la demanda acumulada sale en tromba sin que la oferta sea capaz de abastecerla en un mundo muy condicionado por la situación de China, que ya optó por volcarse hacia su mercado interno antes del covid, en la época de Trump, lo que ha disparado su deuda al 300 % del PIB; a esto se suma una crisis energética que no solo es cosa del gigante asiático
Julio G. Sequeiros Tizón