Rusia cumple sus planes y consigue descender la estación espacial sobre una zona deshabitada en medio del Pacífico Sur El éxito en la destrucción de la «Mir» dejó un en Rusia un regusto agridulce. La tristeza por el adiós a un símbolo del esplendor espacial soviético contrastó con la recuperación del prestigio perdido debido a las constantes averías de la estación. La «Mir» triplicó su esperanza de vida inicial de cinco años, hasta que la fragilidad de la ecomonía rusa aconsejó unir esfuerzos con otros países en la Estación Espacial Internacional. Una nueva era comienza con una operación espacial resuelta con más precisión de lo previsto. Ningún fragmento cayó en tierra firme, ni sobre los barcos que faenaban en el Pacífico Sur.
FRANCISCO DOMÉNECH