Tras varias ediciones en las que la cercanía geográfica o la simpatía política ha ejercido más peso en los «televotantes», el festival cambia el sistema.
Fueron pocas horas, apenas una docena, pero inolvidables. La espita de la gloria no se abrió a ritmo de vals, sino con el «lo, lo, lo, lo». Las banderas autonómicas se fundieron en una y el Prater vienés, ahora llamado Ernst Happel, fue la capital de la ilusión española
Todos los barrios periféricos de la ciudad y la mayor parte de las parroquias de la zona rural festejaron ayer por la noche la jornada dedicada al fuego