NI UN DÍA SIN COLUMNAS DE PRENSA
No podemos desdeñar en modo alguno la pugnacidad de quienes defienden unas ideas determinadas. Lo crean o no, los comprendemos muy bien, al menos desde el punto de vista personal. Pero como no es cosa de perdernos en las brumas de las nostalgias individuales, nos limitaremos a señalar que la consecuencia con unos principios propios no debe empañar la relativa objetividad ante los hechos tal como se producen. Culpar a este periódico, o a cualquier otro, del desarrollo de los acontecimientos, no vamos a caer en la vulgaridad de que equivale a matar al mensajero, pero sí a rogar que se apunte bien. Los preconceptos nunca son buenos consejeros, «vengan de donde vengan», como se decía cuando no se podía hablar con mayor claridad.
ARTURO LEZCANO